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Red Internacional
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OPINIÓN. China impone a la Junta asesina de Myanmar más mano dura contra los manifestantes

Después de que varias fábricas chinas fueran atacadas durante el fin de semana, Beijing advirtió que podría considerar "acciones más drásticas" para defender sus intereses

Martes 16 de marzo de 2021 18:44

Durante el fin de semana, en acontecimientos que aun son poco claros fueron quemadas y saqueadas fábricas de propiedad china en Yangon, la principal ciudad de Myanmar. Un recuento realizado el pasado lunes mostró que 32 empresas financiadas por ese país fueron afectadas. Según la embajada china las pérdidas totales ascendieron a casi 240 millones de yuanes (37 millones de dólares).

La diplomacia china pidió entonces a la Junta que restableciera el orden. En pocas horas, los generales se vieron obligados a hacerlo: los soldados mataron a decenas de manifestantes y se declaró la ley marcial en Hlaing Tha Yar y otros distritos de Yangon.

Los disturbios contra China añaden una nueva dimensión internacional a la crisis política de Myanmar. Los manifestantes están furiosos no sólo con los gobernantes militares sino también, y cada vez más, con el apoyo apenas velado de China a la Junta. Su referencia inicial al golpe como un "asunto interno" es motivo de parodia después de los dramáticos acontecimientos de este fin de semana. Así en las redes sociales podía verse comentarios del tipo: "Así que esto ya no es un ’asunto interno [sic]’. China ahora utiliza palabras fuertes cuando sus intereses se ven amenazados". El tweet pertenece a un empresario de Myanmar.

Según el sitio Nikkei Asia: "Los jóvenes de este país ya están rechazando los juegos para celulares más conocidos desarrollados por empresas de China continental". "El boicot probablemente afectará a otros productos, como los teléfonos móviles, pero no será fácil para el público en general boicotear todo lo que venga de China, especialmente los bienes y productos básicos normales y baratos". A su vez, los activistas prodemocráticos también sospechan que los expertos chinos en ciberseguridad están ayudando a la Junta a desarrollar una tecnología de censura de Internet similar a las existentes en el gigante asiático.

Una gran prueba para Beijing

Los intereses de China en Myanmar son claros: buscan quedarse con una parte de sus recursos naturales y vías fluviales. Beijing quiere que los generales vuelvan a poner en marcha los planes de una controvertida presa hidroeléctrica para generar electricidad para China, que la población local teme que dañe el medio ambiente y obligue a miles de personas a reubicarse. Asimismo, la burocracia del PCCh está ávida de los metales de tierras raras de Myanmar, insumos necesarios para industrias claves como la energía y el transporte. China también necesita que Myanmar siga construyendo un gasoducto que conecte la provincia china de Yunnan con el puerto de aguas profundas de Kyaukpyu, en el estado de Rakhine, para acceder al océano Índico, donde China compite por la supremacía marítima con India.

Por todo esto, el gobierno chino, en su primera expresión directa de preocupación por la situación instó a Myanmar a tomar medidas para "evitar resueltamente que se repitan estos incidentes." En una declaración urgente el domingo, el portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores chino evitó mencionar las víctimas civiles y dijo que su país estaba "muy preocupado por el impacto en la seguridad de las instituciones y el personal chinos". Especialmente, Beijing se había alarmado por las amenazas de los activistas prodemocráticos a los dos oleoductos y gasoductos respaldados por China que atraviesan casi 800 km de Myanmar. Funcionarios de primer rango del Ministerio de Asuntos Exteriores celebraron una reunión virtual de emergencia con funcionarios del Ministerio del Interior y del Ministerio de Asuntos Exteriores de Myanmar para presionar al régimen militar para que garantice la seguridad de los oleoductos.

¿Hacia una intervención directa?

La burocracia del PCCh está fuertemente preocupada por la inestabilidad en su frontera y frustrada por el fracaso de los generales en poner fin a los disturbios posteriores al golpe. Es que en medio de la creciente reacción pública en Myanmar, será más difícil para el gobierno de Xi Jinping impulsar proyectos estratégicos en el marco de la Iniciativa del Cinturón y la Ruta de la Seda que conecta a Myanmar y China. Además, la seguridad de esos proyectos está cada vez más en entredicho.

Por el momento, al igual que en Hong Kong, espera que se restablezca el orden tras la sangrienta represión sostenida por parte de la junta. Pero si el creciente sentimiento antichino se vuelve más violento, China podría sentirse obligada a hacer algo un poco más radical. Tras los acontecimientos del fin de semana el medio de comunicación estatal chino CGTN advirtió que el país "no permitirá que sus intereses se vean expuestos a más agresiones", añadiendo que "si las autoridades no pueden cumplir, y el caos sigue extendiéndose, China podría verse obligada a tomar medidas más drásticas para proteger sus intereses".

Sin embargo, una intervención militar directa sería una ruptura con la cacareada política china de no injerencia en los asuntos políticos internos de otros países, dándole un tiro de gracia a la imagen que intenta proyectar Beijing de una superpotencia asiática poderosa pero benévola, la principal razón de ser de su diplomacia de la vacuna COVID. También pesa que la última vez que el país desplegó fuerzas de combate en el extranjero fue en 1978, cuando China perdió una breve guerra con Vietnam. Un mal recuerdo que no alienta.

A medida que los acontecimientos en Myanmar se radicalizan y envenenan, China está en un aprieto cada vez más grande sobre cómo responder. A seguir.


Juan Chingo

Integrante del Comité de Redacción de Révolution Permanente (Francia) y de la Revista Estrategia Internacional. Autor de múltiples artículos y ensayos sobre problemas de economía internacional, geopolítica y luchas sociales desde la teoría marxista. Es coautor junto con Emmanuel Barot del ensayo La clase obrera en Francia: mitos y realidades. Por una cartografía objetiva y subjetiva de las fuerzas proletarias contemporáneas (2014) y autor del libro Gilets jaunes. Le soulèvement (Communard e.s, 2019).