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Red Internacional
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Racismo institucional. Cinco agentes de la "exclusión social" de los "manteros"

El colectivo de los conocidos como “manteros”, vendedores ambulantes callejeros, forma parte de unos de los sectores más explotados y oprimidos de nuestra sociedad. Rastreemos cuales son los principales agentes que condenan a este sector a una compleja situación de exclusión.

Marc Ferrer Barcelona

Viernes 20 de noviembre de 2015

Foto: EFE

Los vemos en casi todas las grandes ciudades, y junto a otros colectivos, como las mujeres en situación de prostitución, los chatarreros, los vendedores de cerveza... están en el punto de mira de los ayuntamientos de uno u otro signo político. Ellos son los grandes excluidos de las “marcas” de ciudad, como la “marca Barcelona” a la que tanto molesta su modo de ganarse la vida.

Los “manteros” cumplen todos los indicadores de la llamada “exclusión social”, un concepto utilizado en el sector social y en numerosos estudios sobre desarrollo, pobreza y desigualdad. Trabajan en negro, sin cotizaciones, con graves problemas para acceder a la asistencia sanitaria completa, muchos padecen condiciones de infra-vivienda y de pobreza, la mayoría están enajenados de los más elementales derechos políticos, sufren un racismo institucional y social muy fuerte...

Cualquier profesional del sector social podría hacer un diagnóstico descriptivo de esta situación. Sin embargo sería algo superficial. Conviene que nos preguntemos ¿Cuáles son los principales agentes de esta exclusión? No sólo con un fin analítico, sino sobre todo político. Para acabar con estas “bolsas” de “exclusión social”, o en términos marxistas con estas condiciones de ultra-explotación y opresión racial, el combate pasa a ser contra las instituciones y poderes que los producen.

Tomo el ejemplo de los “manteros” no por casualidad, sino porque lamentablemente están de rabiosa actualidad desde este verano. El nuevo Ayuntamiento de ‘Barcelona en Comú’ optó por mantener la tradicional campaña estival contra el “top manta”, en Salou la intervención de los Mossos d´Esquadra acabó con la muerte de uno de ellos y después de estos hechos la política de mano dura en Barcelona no ha hecho más que incrementarse, con redadas y detenciones concentradas en septiembre y los pasados días. Pero además, me parece oportuno porque este colectivo ha decidido responder, organizarse y resistir a estos agentes de exclusión. Los hemos visto manifestarse en las calles del centro y recientemente formaron un sindicato de vendedores ambulantes para defender sus derechos. Aun así, sobra decir que estos cinco agentes de exclusión operan contra otros muchos colectivos.

1-Las política de extranjería del Estado central y la UE.

La política de la UE respecto a la inmigración cada vez es más dura y represiva. La UE y sus gobiernos han construido la Europa Fortaleza, segregando por origen a sus habitantes. Los “ilegales” pasan a ser “no ciudadanos” y eso permite que se les pueda privar de toda una serie de derechos.

Esta segregación se realiza vulnerando los más básicos derechos humanos. Existe más de un “muro de la vergüenza”, y no hay que mirar a Hungría para escandalizarse. El Estado español fue pionero en construir el suyo en sus enclaves coloniales de Ceuta y Melilla. Miles de subsaharianos, de los cuales pertenecen al colectivo de “manteros”, se juegan la vida para cruzar la frontera o el estrecho, y sufren la represión impune de las fuerzas policiales de Marruecos y del Estado español. Miles, cerca de 30.000 ya se han dejado la vida en el Mediterraneo, el nuevo Mare Mortum.

La Ley de Extranjería es la pieza clave de este agente. Solo reconoce algunos derechos fundamentales, como el de residencia o asistencia sanitaria, a aquellas personas con contrato laboral. Alguien que tenga un trabajo no reconocido, como los “manteros”, los pierde. Pero tener trabajo tampoco es una garantía, ya que existen un sin fin de trabas que cronifican el estado de estas personas y su limitación o exclusión de derechos como la sanidad, el derecho a voto, las prestaciones por desempleo y ayudas sociales, la baja de maternidad, pensiones...

2-Los cuerpos policiales.

Si quedan en condición de “ilegal”, los “manteros”, como tantos miles de inmigrantes, se enfrentan al aparato represivo del Estado que pasan a ser una amenaza constante. Deben enfrentar identificaciones y redadas racistas, y corren el riesgo de que en alguna de ellas puedan ser detenidos y encerrados en verdaderas cárceles como los CIES por una falta administrativa como no tener la documentación en regla.

Pero la represión no acaba aquí, agentes como los Mossos d’Esquadra o la Guàrdia Urbana de Barcelona persiguen su práctica laboral, incautan su material que forma parte de su sustento de vida e imponen muchas veces multas impagables.

Se puede decir que los manteros, como otros colectivos de inmigrantes, viven en un continuo estado de excepción que aún los excluye más.

3-La patronal y la burocracia sindical.

Vender en la calle y ser perseguido por la policía no es el proyecto profesional deseado por ningún “mantero”. ¿Qué es lo que los condena a ganarse la vida de esta manera? La patronal sabe aprovechar las ventajas que le ofrece la Ley de Extranjería y la labor de los cuerpos policiales. Ambos agentes convierten a estos “no ciudadanos” en trabajadores de segunda, mucho más fáciles de ser ultra-explotados y “desechados” cuando no hagan falta.

Antes de la crisis económica muchos de ellos tenían empleo, incluso en blanco, en aquellos sectores que absorbieron una gran cantidad de mano de obra barata, como la construcción. Con la recesión fueron estos sectores los primeros en caer. El casi millón de trabajadores que perdió su empleo a comienzos de 2009 lo constituían los sectores más explotados de la clase obrera. En la calle y con el circuito de exclusión de extranjería de fondo, muchos se han visto obligados a dedicarse al trabajo negro, como es el caso de los “manteros”.

En este ámbito no solo la patronal ha jugado como agente de exclusión social. También la burocracia sindical tiene una gran responsabilidad por negarse a defender a estos trabajadores. No lo hizo cuando eran trabajadores en la economía formal y eran ultra-explotados. Tampoco cuando los echaron por miles entre 2008 y 2009. Menos ahora cuando son perseguidos por ganarse la vida.

4-La casta política y los grandes medios de comunicación.

Toda esta situación necesita de un discurso racista que la legitime. Los grandes medios de prensa, aparte de nunca contar con el punto de vista de los oprimidos, alimentan la criminalización de colectivos como los “manteros” con argumentos o bulos de “competencia desleal”, pertenecer a mafias organizadas o que ganan verdaderas fortunas.

Le siguen de cerca los discursos de los principales dirigentes políticos de los grandes partidos del Régimen. No solo son los responsables de las políticas de extranjería, sino que son los principales creadores del discurso anti-inmigrante y la política de miedo al extranjero. Esto es algo que estamos viendo cómo crece aún más en estos días. En diversos países de Europa ganan terreno discursos racistas y xenófobos alimentados por los últimos acontecimientos. Desde el gobierno de Hungría o Polonia, pasando por un Hollande lepenizado, por la Alemania de Merkel y el surgimiento de PEGIDA, por la Grecia gobernada por la izquierda reformista en alianza con un partido xenófobo como ANEL, hasta el Estado español donde el PP está intentando conformar un pacto de Estado sobre esta cuestión.

5-Un agente “inesperado”, la llamada “nueva política”.

En los últimos meses, y generando un amplia desilusión y enfado entre muchos de quienes les vieron como una herramienta de cambio social, se está sumando a esta caterva de agentes de exclusión la nueva izquierda reformista desde los ayuntamientos. Poco o nada ha cambiado la labor de las nuevas corporaciones respecto a la persecución llevada adelante por las policías locales, que muchas veces actúan como el último eslabón de esta cadena de agentes.

Ya en la elaboración de sus programas electorales estaba poco presente la problemática de la inmigración, más allá de declaraciones de apoyo a movimientos contra el CIE. Pero es que hasta algunas medidas elementales que sí incluyeron, como la no criminalización de la venta ambulante, están siendo incumplidas, como vemos con el equipo de Barcelona en Comú. Hoy por hoy en esta ciudad son el equipo de Ada Colau, y su responsable de seguridad Amadeu Recasens, los que están llevando adelante una brutal campaña de persecución al “top manta”.

De hecho las cifras dadas por el mismo Recasens hablan por sí solas. La campaña de verano bajo Barcelona en Comú dejó un saldo de 108 detenciones y 230.000 productos confiscados, cifras muy parecidas a la campaña del verano de 2014 llevada adelante por CiU: 122 detenciones y 266.000 objetos requisados.