Es la tercera vez que Barros presenta su renuncia. Bergoglio no la aceptó antes, esta vez, un informe la recomienda y también a otros religiosos ¿Reparación o lavado de imagen?.
Lunes 9 de abril de 2018
Luego de que el obispo Barros figurara junto al Papa en su visita a Chile, las repercusiones mediáticas dejaron en evidencia una crisis de la iglesia católica que aún no alcanza su clímax.
A raíz de esto, Francisco Bergoglio, 12 días después nombró a Charles Scicluna -arzobispo de Malta y “promotor de justicia” de la Congregación para la Doctrina de la Fe- enviado especial del Vaticano para investigar las denuncias contra Barros.
Más de 20 testimonios recibieron, entre ellos de James Hamilton y José Andrés Murillo. Así, el 20 de marzo, Scicluna, ya había entregado a Francisco su informe sobre la situación del obispo de Osorno, donde también había documentación de denuncias contra otros sacerdotes.
Según el medio La Tercera, el documento constaría de varios tomos y nombraría a los cardenales Ricardo Ezzati y Francisco Javier Errázuriz por encubrimiento de abusos cometidos por sacerdotes. Incluso plantean como posible que, a partir del documento, el Papa revalúe la continuidad de Errázuriz en la comisión para reformar la curia.
Las conclusiones del informe sugerirían la renuncia de Horacio Valenzuela y Tomislav Koljatic, nombres que se repitieron en los testimonios. También el de Andrés Arteaga, a quien el parkinson mantiene alejado de sus labores.
Ya está en el escritorio del Papa Francisco el informe de Scicluna y, por tercera vez, la renuncia de Barros. La decisión está en manos de Bergoglio, que tiene pendiendo de un hilo al círculo más íntimo de Karadima.
Incluso si Bergoglio tomara en cuenta las recomendaciones de Scicluna y sacara del clero a todos los salpicados en el escándalo, la impunidad con que se abordó los casos de pedofilia y la posición conservadora respecto a debates nacionales como el derecho al aborto o la Ley de Identidad de Género, con comparaciones irritantes con “perros y gatos”, dejan en evidencia que las medidas reparatorias no son más que un lavado de cara a una institución que envalentona a los sectores más conservadores del país.
El movimiento de mujeres, estudiantil y de la diversidad sexual comienzan a movilizarse lo que podría tensionar no solo la agenda valórica del país, sino un régimen que ha sostenido a curas pedófilos que condenan a mujeres pobres a abortos riesgosos y clandestinos y a la diversidad sexual a la marginación.