Inicia la temporada de lluvias y nuevos peligros se ciernen sobre los capitalinos. A la contaminación ambiental y las crisis del transporte y del agua, se suman ahora el riesgo demasiado real de inundaciones, deslaves, accidentes viales y en el metro. Todos son consecuencia de las lluvias.

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3
Miércoles 11 de mayo de 2016
Según encuestas, la población atribuye las inundaciones en la Ciudad de México a distintos factores. Entre ellos, el cambio climático, basura en las calles, no desazolvar o dar mantenimiento al drenaje o al incremento de lluvias.
Por su parte, Miguel Ángel Mancera, jefe de gobierno de la capital, enfoca una de las principales responsabilidades del problema a "la basura que los ciudadanos arrojamos en las calles y tapas del alcantarillado". Cifras oficiales señalan que en la ciudad producimos 13,000 toneladas de desechos, 15% se va directo a las calles, y esto provoca la obstrucción de más de 830,000 coladeras pluviales que forman parte de la red del drenaje.
Sin embargo, el problema de la basura en primer lugar tiene que ver con que es deficiente el sistema de recolección y administración de los residuos domiciliarios. Está colapsado, como otros servicios urbanos. Y en la ciudad no existe provisión suficiente de cestos para tirar residuos mientras nos trasladamos. Ni en el centro histórico ni en colonias populosas ni en colonias alejadas.
Mancera habla mucho pero conoce poco de los problemas de la ciudad: no recorre sus calles a pie como la mayoría de quienes la habitan o trabajan en esta urbe.
Lo cierto es que la ciudad vive con la paradoja de padecer crisis recurrentes en el suministro de agua mientras está expuesta, al mismo tiempo a los riesgos de las inundaciones.
Inundaciones: un problema de larga data
Desde la época del imperio mexica, Tenochtitlán vivía con el riesgo de las inundaciones. Para prevenir esto, construyeron en 1449 el Albarradón de Nezahualcóyotl.
En la época del virreinato, la ciudad sufrió el embate de grandes inundaciones. En 1604 hubo una que duró varios meses. Y fue entonces cuando se decidió construir el Tajo de Nochistongo, para llevar el agua excedente al río Tula. Las obras iniciaron en 1607 y duraron…casi dos siglos. En el medio, ocurrió otra inundación catastrófica entre 1629-1635, que cobró la vida de 30,000 personas.
En el México independiente, entre 1866 y 1900 se construyó un canal que empezaba en el lago de Texcoco y finalizaba con el túnel de Tequixquiac. Fue segunda salida artificial para el drenaje del valle de México. Pero en 1925, con el crecimiento de la ciudad, de nuevo el sistema fue insuficiente. Se dieron nuevas inundaciones. En 1950 hubo una que llenó de lodo y agua dos terceras partes de la capital, según diarios de la época.
Se construyeron plantas de bombeo de los colectores principales al Gran Canal y el segundo túnel de Tequixquiac, que se terminó en 1954. Se realizó el entubamiento de ríos, como el Churubusco. Entre 1967 y 1975 se edificó el Sistema de Drenaje Profundo, adonde se canalizan los escurrimientos pluviales. Pero no da abasto.
Factores de riesgos hoy
La falta de planificación urbana, la reducción de áreas verdes con suelo capaz de absorber el agua de las precipitaciones, los megaproyectos, el incremento de lluvias son algunos de los factores que empeoran las inundaciones.
La tala indiscriminada de 18,900 árboles desde 2012 hasta ahora, autorizada por el gobierno de la ciudad, empeora la situación. A solicitud de emprendimientos privados (constructoras), se talaron más de 7,500 árboles.
Apenas esta semana se hizo público el avance de megaproyectos de torres en la delegación Cuajimalpa, en la zona de la barranca La Malinche, repudiado por los vecinos por las graves afectaciones ambientales que provoca. Entre ellas, la eliminación de flora que hasta ahora ha mantenido firme la barranca, y con su desaparición el peligro de deslave con las lluvias es inminente.
Asimismo, el desarrollo inmobiliario en la exclusiva zona Santa Fe ha creado el riesgo de deslaves: en octubre del año pasado se derrumbó un cerro y con éste, lujosas construcciones.
Recordemos también que durante la temporada de lluvias sufrimos la reducción de velocidad del metro. El agua escurre también al sistema de transporte colectivo de la Ciudad de México. En túneles y en vías superficiales. Y el riesgo de accidentes, en el marco del deficiente estado de los trenes –por ejemplo, del sistema de freno de las unidades– es muy real. Como sucedió en la estación de metro Oceanía en mayo de 2015.
Cuando inician las lluvias, se registran encharcamientos en distintos puntos de la ciudad. Según un estudio de Protección Civil, están en riesgo de inundación 45 colonias. Once de ellas en la demarcación Gustavo Madero, 10 en Iztapalapa, 6 en Venustiano Carranza, 4 en Tlalpan, 3 en Miguel Hidalgo, 2 en Azcapotzalco, y 2 en Xochimilco. Mientras tanto, en las demarcaciones Álvaro Obregón, Benito Juárez, Coyoacán, Cuauhtémoc, Iztacalco, Magdalena Contreras y Tláhuac, hay una colonia en riesgo en cada una.
Un plan de obras públicas para prevenir inundaciones
Consultado a este respecto, señaló Sergio Abraham Méndez Moissen, candidato de la fórmula 5, Plataforma Anticapitalista “Urge el diseño de un plan de obras públicas prevenga el riesgo de inundaciones. Es necesario ampliar y dar mantenimiento al Sistema de Drenaje Profundo, así como reforzar las represas. Pero este plan debe quedar en manos de los trabajadores del Sistema de Cuenca de Valle de México y los vecinos de las demarcaciones, que conocen mejor que cualquier alto funcionario, cuáles son sus verdaderas necesidades. Y debe contar con el asesoramiento de científicos y profesionistas que no tengan ningún lazo con las grandes empresas y los partidos a su servicio.
A su vez, es necesario desarrollar un plan de viviendas sociales para reubicar a las familias que residen en zonas de riesgo. Y estas viviendas deben cubrir sus necesidades, de acuerdo con la cantidad de miembros que tengan, y contar con pleno acceso a los servicios públicos.
Asimismo, hay que detener de inmediato los megaproyectos y la deforestación de la ciudad, que avasallan la tierra, el agua y los derechos de los pueblos originarios y afectan gravemente el medio ambiente. Estos emprendimientos sólo benefician a las grandes constructoras que hacen negocios con el gobierno capitalino.”
Con información de Protección civil, Milenio, Reforma, El Universal y de la Revista Digital Universitaria (UNAM).