Sábado 23 de febrero de 2019 10:34
Este sábado es el día elegido por el golpismo para poner en marcha una verdadera operación “Caballo de Troya”. Bajo la pantalla del ingreso de la “ayuda humanitaria”, el autoproclamado presidente interino Juan Guaidó, dirigido desde Washington y con el apoyo de la derecha continental nucleada en el “Grupo Lima”, busca forzar el quiebre de las Fuerzas Armadas venezolanas e imponer la salida golpista.
Te puede interesar 23F: “día D” del imperialismo y la derecha en su ofensiva golpista sobre Venezuela
Te puede interesar 23F: “día D” del imperialismo y la derecha en su ofensiva golpista sobre Venezuela
La intentona golpista fue anunciada por el opositor Juan Guaidó, presidente de la Asamblea Nacional (parlamento venezolano) hace exactamente un mes, el 23 de enero, cuando se autoproclamó presidente encargado de Venezuela ante sus seguidores, en el marco de una jornada de movilizaciones de ambos sectores en todo el país.
Tras ser inmediatamente reconocido por Donald Trump, Mauricio Macri y el brasileño Jair Bolsonaro, Guaidó comenzó una frenética búsqueda quebrar y ganarse el reconocimiento de un sector de las Fuerzas Armadas venezolanas (FANB), ofreciendo una amplia amnistía a todos los que se pasaran de bando.
Sin embargo, la zanahoria tuvo un efecto casi nulo. El único que saltó el cerco fue el embajador en Estados Unidos, una deserción previsible y que no causó conmoción en el conjunto de la institución. Al contrario, la cúpula de las FANB reiteró su apoyo a Nicolás Maduro.
La Unión Europea retrasó una semana el reconocimiento de Guaidó mientras le exigía el inmediato llamado a elecciones presidenciales. Finalmente Macron, Merkel e incluso Pedro Sánchez se sumaron a la avanzada imperialista. Como cascada, finalmente unos 50 países terminaron reconociendo la autoridad de Juan Guaidó.
Por su parte, Maduro obtuvo el reconocimiento de Rusia y China y Bolivia.
Si bien Uruguay y México no se alinearon directamente con Estados Unidos, propusieron una política de diálogo que en última instancia no cuestionaba el injerencismo golpista.
El Vaticano por su parte se definió por hacer pública una carta que jugaba a favor de Guaidó.
Además de la presión de la "comunidad internacional", Guaidó buscó presionar sobre las FANB desde las calles, y convocó a una movilización nacional para el 30 de enero.
El carácter imperialista de la intentona golpista se fue haciendo cada vez más descarado. Trump nombró como emisario "para restaurar la democracia en Venezuela" a Elliott Abrams, un hombre que estuvo tras los golpes en Nicaragua y contra Chávez, y que ni bien asumió se puso a reunir recursos financieros para que Guaidó pueda actuar como mandatario interino.
El 28 de enero, el gobierno estadounidense impuso una serie de sanciones a la petrolera venezolana PDVSA, bloqueando bienes y activos bajo su jurisdicción y prohibiendo transacciones comerciales de ciudadanos y empresas estadounidenses.
Estas medidas abiertamente injerencistas no solo implicaron un atropello a la soberanía venezolana, sino que significarían un mayor ahogo económico y un empeoramiento de las condiciones de vida del pueblo venezolano. Para completar, el asesor de seguridad de Estados Unidos, John Bolton, filtró a la prensa la amenazante anotación "5.000 tropas a Colombia", país que se perfilaba para jugar un rol clave en la avanzada imperialista.
Con algunos recursos gestionados por Trump, Guaidó empezó a actuar su autoridad en el exterior, designando representantes ante algunos países que le dieron su reconocimiento. Pero el tiempo corre a favor del gobierno de Maduro, y la ruptura de esa suerte de "empate estratégico" a favor de la salida golpista depende de si logra o no quebrar a las FANB.
La maniobra de la "ayuda humanitaria" nació el 29 de enero, cuando el enviado comercial de Guaidó en Washington, Carlos Vecchio, se la solicitó al vicepresidente Pence. El carácter demagógico del pedido se hacía patente, casi como un oximorón, cuando el samaritano en cuestión había impuesto hacía apenas horas unas medidas de ahogo económico que iban en detrimento directo de las condiciones humanitarias de la población.
Llegó el 30 de enero, el día de manifestaciones en todo el país convocadas por Guaidó para presionar a las FANB. Sin embargo, las movilizaciones fueron deslucidas y no tuvieron el efecto deseado.
El 31 de enero, Guaidó presentó en sociedad su plan económico: el "Plan País", un conjunto de medidas neoliberales ya aplicadas en varios países de la región y que se podría sintetizarse en ajuste, endeudamiento y privatizaciones. Estas políticas, que ya han fracasado en el pasado y que ahora vuelven a hacerlo en Argentina, por ejemplo, han significado un aumento exponencial de la pobreza y la miseria, y el brutal empeoramiento de las condiciones de vida del conjunto del pueblo trabajador.
El proyecto económico presentado es prueba fehaciente de la utilización demagógica que hace el golpismo de la desesperante situación social que vive el pueblo venezolano.
Luego de un impasse, llegó el 13 de febrero, Día de la Juventud en Venezuela, con movilizaciones chavistas y golpistas. Guaidó congregó a sus seguidores bajo la consigna Venezuela le habla a la Fuerza Armada. "Anunciamos entonces que el 23 de febrero será el día para que ingrese la ayuda humanitaria, así que desde hoy acompañaremos a todos los sectores: transportistas, enfermeras" que deben introducir y distribuir la ayuda, dijo Guaidó al término de la manifestación en Caracas.
"Tendremos que ir en caravanas, en protestas, en movilización, en acompañamiento", dijo y apuntó que "la ayuda humanitaria va a entrar sí o sí". Insistiendo en “ordenar” a la Fuerza Armada para que “permita el ingreso de este apoyo”. Dirigiéndose a los militares manifestó que "tendrán algunos días para ponerse del lado de la Constitución y de la humanidad para permitir el ingreso y el acceso".
Así se puso en marcha la operación "ayuda humanitaria", un verdadero Caballo de Troya, un pretexto para intentar una provocación que le permita quebrar desde afuera la unidad de las FANB.