La captura del General Alzate y dos asistentes levantó polvareda en el escenario político colombiano, llevando al presidente Santos a suspender las reuniones en La Habana hasta tanto las FARC los liberen.
Sábado 22 de noviembre de 2014
Fotografía: AGENCIA EFE
Aunque el Ejército ha desplegado un vasto operativo en la región del hecho, las FARC y el gobierno están negociando la devolución del jefe militar, sus acompañantes y otros dos militares retenidos por la guerrilla y sería muy probable su pronta entrega y la reanudación de los diálogos Gobierno-FARC. El propio Santos declaró el jueves 20 de noviembre desde Popayán que "el procedimiento está en marcha" y "apenas aparezcan libres los secuestrados que están en manos de las FARC, voy a dar las instrucciones para que los negociadores regresen a La Habana".
En un proceso donde se trata de “hacer la guerra como si no hubiera negociaciones y negociar como si no hubiera guerra”, según dijera el propio Santos, se pueden presentar enfrentamientos y hechos sorpresivos como éste. Sin embargo, el presidente se apresuró a romper sus propias reglas suspendiendo las reuniones.
Son confusas las circunstancias en las cuales Alzate se convirtió en el militar de más alto rango apresado por la guerrilla y sin un disparo. El general, vestido de civil, y sus acompañantes bajaron de un bote en el pueblito de Las Mercedes, a orillas del río Atratao, en una zona selvática del Departamento del Chocó, cuando fueron interceptados por un grupo de guerrilleros.
Alzate es jefe de la Fuerza de Tareas Titán, creada a principios de año. El presidente Santos lo designó al cargo encomendándole: “Usted debe encargarse de que esta unidad militar se comporte como un titán en resultados”, en el combate a los Frentes 34 y 37 de las FARC y el frente nor-occidental del ELN que actúan en El Chocó y Arauca. Esto, como parte de la estrategia del Estado para aumentar el control territorial y presionar militarmente a la guerrilla pese a que ésta ha disminuido considerablemente su actividad en estos dos años de diálogo.
Los medios cargan las tintas sobre la captura del general, que estaba en funciones y en una zona de conflicto, tildada como reanudación de los secuestros (práctica abandonada por las FARC desde 2012). Pero ésta no parece haber sido una acción planificada por la alta dirección guerrillera, que se apresuró a confirmar si estaba en poder de sus fuerzas e iniciar gestiones para su entrega, con mediación de Cuba y Noruega (facilitadores de los diálogos en La Habana) y la Cruz Roja.
Prevalece la voluntad de reanudar las conversaciones lo antes posible, confirmada por fuentes oficiales y voceros de las FARC. Pablo Catatumbo declaró que “sea vista la entrega como un gesto de buena voluntad y de contribución de las FARC para que se desarrollen de una manera más tranquila las conversaciones de paz. Quisiéramos que se sacaran las lecciones necesarias de este impasse que hemos visto".

Eduardo Molina
Nació en Temperley en 1955. Militante del PTS e integrante de su Comisión Internacional, es columnista de la sección Internacional de La Izquierda Diario.