La colusión entre CMPC y SCA produjo otra conmoción a los dueños de Chile, los empresarios y sus partidos entre la derecha y la Nueva Mayoría, despertó fricciones entre sectores empresariales, alimentó el repudio popular, y presentó las respuestas posibles. Una, de los propios empresarios, de auto-reformas. Otra, de los defensores del régimen, con la aplicación de multas. Otra más, de sus socios de izquierda, las sanciones simbólicas. Una más, el boicot ciudadano. Por último, la respuesta que los trabajadores pueden proponer.
Nicolás Miranda Comité de Redacción
Miércoles 4 de noviembre de 2015
Colusión, saqueo, explotación
La explotación, es la que viven día a día los trabajadores, y es la fuente de las ganancias de estas empresas, como informamos en La Izquierda Diario aquí (http://www.laizquierdadiario.cl/Caso-colusion-no-les-basta-con-la-explotacion?id_rubrique=1201).
La colusión que se desarrolló por 10 años, afectó al pueblo trabajador, aumentando los precios de los productos de papeles tissue como servilletas, toallas de papel, pañuelos desechables y papel higiénico, que representan el tercer gasto de los hogares, y les permitieron aumentar sus ganancias.
El saqueo, es el que sufre el pueblo mapuche con estas verdaderas empresas de ocupación resguardada por la represión de sus policías. Es la marca de CMPC. Y de todas las empresas. El caso colusión, la sacó a la luz. Los empresarios encendieron las alarmas. Una vez más, y por su propia acción, se alimenta el temido “clima anti-empresarial” que denuncian con preocupación. Ante este escenario, ensayan distintas respuestas.
Cuatro distintas respuestas
La primera, la de los propios empresarios. Tras el hipócrita perdón de Eliodoro Matte, vienen las medidas prácticas. Cortan el hilo por lo más delgado, responsabilizando y despidiendo a uno de sus gerentes. Retiran la publicidad de la Teletón para tratar de pasar a un segundo plano. Sobre todo, los anuncios de auto-reformas, como el aumento de los controles internos de sus “gobiernos corporativos”. Con la intención de maquillarse, y sobre todo, de levantar una barrera para impedir que nadie se meta en sus negocios.
La segunda, de los defensores de las empresas y su régimen heredado de la dictadura. El Gobierno, y los partidos de la derecha y la Nueva Mayoría. Fundamentalmente, la aplicación de multas para demostrar que las instituciones funcionan, como los organismos de control y regulación, en este caso, la Fiscalía Nacional Económica, y otros como el Tribunal de la Libre Competencia, o el Consejo de Defensa del Estado. Con la intención de mostrar que se trata de un caso excepcional, una manzana podrida, y no de lo que marca define, caracteriza, a las empresas, todas.
La tercera, la de sus socios de izquierda, como el ala progresista de la Nueva Mayoría, el Partido Comunista y la Izquierda Ciudadana. Con sanciones simbólicas, como la creación de una comisión investigadora de Diputados, o la solicitud de retirar el subsidio del decreto-ley 701 que traspasa fondos estatales a estas empresas por concepto de reforestación.
La cuarta, el boicot ciudadano que resultó en góndolas de supermercados vacías de las marcas de la competencia sin comprar las de CMPC en señal de repudio. Una salida individual que no cambia las cosas, pero que expresa el profundo y espontáneo odio popular.
La cuarta, la respuesta que los trabajadores pueden proponer. Fabián Puelma, del Partido de Trabajadores Revolucionarios, explica que las auto-reformas de los empresarios, buscan salvar sus empresas y de la mano con las multas y sanciones simbólicas, esperan frenar una ola de cuestionamiento anti-empresarial, para dejar todo igual. Pero que los trabajadores pueden plantear que no siga todo igual. Que para terminar con la colusión, el saqueo y la explotación, hay que comenzar por nacionalizar bajo control de sus trabajadores, todas las empresas estratégicas y los recursos naturales.