Aunque medios como Globo intenten hacerlo, no hay cómo esconder los grandes problemas sociales, económicos y políticos del país. La “fiesta Olímpica”, una imagen de país en el que ya nadie cree.

Leandro Lanfredi Trabajador petrolero | Rio de Janeiro
Sábado 6 de agosto de 2016
“Si hoy existe un país que necesita levantarse con un espectáculo, aunque sea como ejercicio de relaciones públicas, este país es Brasil”, así comienza el New York Times su artículo de tapa. La TV Globo analizó con mil y un comentaristas políticos, internacionales, deportivos cómo Brasil necesitaba una ceremonia como la realizada para mejorar el “clima del país” o que las personas aprendan a “respetar la opinión del otro”, como afirmaba el relator del evento Galvão Bueno. Un retrato de un país dividido, un gobierno golpista sin legitimidad que primero fue ocultado cuando se realizaba el anuncio de las autoridades presentes y luego, cuando finalmente apareció, fue silbado ruidosamente.
Aunque medios como Globo intenten hacerlo en sus editoriales, no hay cómo esconder los grandes problemas sociales, económicos y políticos del país. La “fiesta Olímpica” intenta servir al golpista Temer, y a tantos otros que invirtieron pesado, para construir una imagen de país en el que ya nadie cree. El descontento de las Olimpíadas es tal que el mismo Temer durante la mañana del viernes divulgó en todos los medios una carta explicando que ellas serían una oportunidad para mostrar la alegría del país, lograr la unión, intentando establecer un discurso que no logra tener éxito en esconder la crisis.
La ceremonia de apertura buscó mostrar un Brasil mestizo. Un Brasil como patria de todos: de los negros (aunque monstruosamente muertos por la policía más asesina del mundo) y la rubia Gisele Bundchen, “garota” de Ipanema en la ceremonia. Um país lleno de negros, rigurosa y cuidadosamente elegidos para hablar de un “país de todos”.
En Internet, en todo el mundo y facebook convocan a la gente a declarar lo que sienten con los Juegos. Todo un marketing que para que billones sientan “que pertenecen” al trending topic mundial. ¿Vas a quedarte fuera? ¿Pero quiénes son los que están dentro del espectáculo elitizado?
Juegos de inmigrantes y refugiados, en medio de la construcción de más muros
Desde el punto de vista internacional la ceremonia también buscó dar cuenta de dos aspectos débiles, entre otros, del capitalismo internacional. El centro de la ceremonia fue sobre el “medio ambiente”, justo en el país del mega desastre ambiental realizado por una empresa privatizada, Samarco, que liquidó kilómetros del medio ambiente. Otro centro del evento, muy destacado por los medios internacionales, fue el cuidado al mostrar a los inmigrantes, los refugiados. Sistemáticamente presos en el Norte de África, en Turquía, perseguidos en Alemania por el movimiento Pegida, atacados por parte de aquellos que defendieron el Brexit en Gran Bretaña, perseguidos en todos los países bajo el “paraguas de la amenaza del terrorismo”, que por ejemplo ayuuda al gobierno francés a aprobar ataques al movimiento obrero con los decretos de “emergencia”. Un lindo show que no esconde esta situación mundial. Al contrario, busca mostrar que la ceremonia sería un ideal de lo que el mundo podría ser, pero no lo es gracias al capitalismo.
Fiesta en medio de la crisis social, económica y política de Brasil
Volviendo a Brasil, Temer se escondió el mismo día que salieron a la luz encuestas que muestran cómo la mayoría no quiere a Dilma de vuelta, pero tampoco lo quieren gobernando. Dilma declaró que si volviera a su cargo, cuestión altamente improbable, llamaría a un plebiscito sobre nuevas elecciones, hecho que fue rápidamente negado por el presidente del PT. Esta división en el partido expresa diferencias en la forma de aceptar el golpe institucional. Mientas tanto en Twitter, Dilma reclamaba por no estar en la apertura y Temer en su discurso insistía en la unión del país. Tal como en su pose de asunción, su discurso de unión y paz no parece estar a tono con el país. No porque se den actos masivos. Incluso sin ellos, existe un amplio descontento.
El mismo día de la apertura de las Olimpíadas, algunos miles salieron a las calles de Río a protestar contra el gobierno golpista, también en San Pablo contra las Olimpíadas, manifestación que fue reprimida y hubo decenas de presos.
La fiesta de la “paz” no esconde los múltiples elementos de crisis política, económica y social del país. Algunos miles silbaron a Temer, algunos miles fueron a las calles, algunos pocos, pero en muchas ciudades desarrollaron un nuevo deporte olímpico, intentar apagar la antorcha, mientras el sentimiento de crisis social y política crece y esta crisis muestran que las Olimpíadas no resolverán la crisis del país.
Aun está por verse cuánto del descontento en el país se convertirá en actos importantes. Posiblemente eso no ocurra. Pero el descontento se siente en todos lados. Temer aunque silbado en la apertura, tal vez pueda dormir relativamente en calma. Pero mañana no se sabe. Ningún show de Anitta, Caetano o Gil resolverá la contradicción de una promesa de futuro que ya no existe. La falencia de las Olimpíadas. Un proyecto que no se desarrolla como la elite nacional querría que fuese, un factor para su hegemonía, sino que agrega elementos en la crisis orgánica de la clase dominante del país.