El parque industrial, ubicado enfrente de Siderar en la localidad de San Nicolás, aloja a decenas de empresas que amasan fortunas a costa de una enorme precarización laboral.
Miércoles 26 de junio de 2019 10:41
Son decenas las empresas que se encuentran dentro del predio del parque industrial Comirsa entre acerías, frigoríficos, agroquímicas, petroquímicas, metalúrgicas y biodiesel. El conflicto desatado en Bio Ramallo desnuda el nivel de explotación que sufren los miles de trabajadores que operan en el parque, con salarios que apenas alcanzan los 20000 y en muchos casos sin francos y con jornadas a destajo.
Las empresas concentradas en este verdadero campo de explotación, ubicado frente a Siderar (Industria del Acero de Techint), actúan con verdadera impunidad: no solamente pagan salarios de miseria, sino que no se hacen cargo del transporte, los refrigerios ni la ropa de trabajo. Además, una gran cantidad de trabajadores está en negro. Se trata del nicho empresarial más importante del norte de la provincia de Buenos Aires, un verdadero ghetto de acumulación de riqueza empresarial a costa de la precarización obrera. Los BMW, Audi, 4x4 y hasta helicópteros de los patrones ilustran claramente el nivel de explotación que manejan.
Dentro del predio se encuentran empresas como Loberaz, Prochem Bio, Metalvos, Loma Negra, Air Liquide, Petrolera Degab; metalúrgicas como Sidercrom (que depende de Siderar); pequeños talleres que proveen trabajos de estructuras, con jornadas de 9 a 12 horas, y también el frigorífico Mark, en el que trabajan 250 empleados que faenan 66 mil pollos al día y que en 2018 enfrentaron un lock out patronal.
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Como señalamos anteriormente, el conflicto en la planta de biodiesel – para el cual el Estado provincial tira toda la carne al asador, poniendo a disposición a las fuerzas especiales de la Policía de la provincia – es el punto cúlmine de una serie de atropellos sufridos a diario por los trabajadores por parte del empresario bahiense Juan Carlos Bojanich, propietario del bingo y de casinos de Bahía Blanca, que amasa una ganancia de 17 mil millones anuales (según el registro de 2017).
Este empresario tomó la iniciativa de imponer el cambio de afiliación sindical de los 30 trabajadores de una de sus distribuidoras, ubicadas dentro del parque, hoy bajo el convenio de aceiteros. Esta decisión responde claramente a la contradicción entre el nivel salarial “preferencial” de los aceiteros y el de petroleros, que es el convenio que proponen. Los aceiteros vienen hace años peleando por un salario igual a la canasta familiar, mientras que otros gremios se limitaron a firmar acuerdos a la baja, sobre todo la UOM de Caló. Esto hace que haya una enorme desproporción salarial entre los diferentes sectores de trabajadores.
Así, esta “iniciativa” por parte de la patronal de Bio no es, ni más ni menos, que un intento de empezar a aplicar la reforma laboral que el gobierno de Macri aun no pudo aplicar hasta el final. En ese sentido, este conflicto puede ser testigo. O los empresarios logran aplicar, con la ayuda del el ajuste a través de la reforma laboral, o este conflicto puede ser el puntapié para empezar a unificar a todos los sectores explotados, especialmente dentro de este polo industrial.
Este miércoles los trabajadores de Bio Ramallo convocan a los sindicatos y organizaciones sociales a participar de una asamblea a las 18h en la puerta de la fábrica.