Desde el 19 de agosto a la fecha, la moneda mexicana ha perdido más de un cuarto de su valor frente al dólar, esta situación afecta directa e indirectamente las condiciones de vida de las masas trabajadoras del campo y la ciudad.
Miércoles 26 de agosto de 2015
El mundo atraviesa una enorme crisis económica y financiera que estalló en el año 2008, expresando enormes contradicciones en el desarrollo propio del sistema capitalista. Así, hemos visto cómo los gobiernos en el mundo aprueban multimillonarios rescates a la banca y a grandes empresas mientras recorta gastos en salud o educación y golpea el salario de las masas laboriosas.
Pese a estos rescates e intentos de los gobiernos por mantener cierta estabilidad en sus economías, la crisis golpea; sea con problemas de financiamiento en países periféricos de la eurozona como Grecia, con muy bajas tasas de crecimiento en los países centrales o disminuyendo el precio de las materias primas del que dependen las economías periféricas.
China, país que venía funcionando como un pulmón del mundo en tiempos de crisis, operando como contratendencia, ha disminuido su expectativa de crecimiento de forma importante y ha devaluado su moneda. Esto trae consigo una fuerte inestabilidad en el mercado accionario y presiona a la economía estadounidense.
La posibilidad de que la Reserva Federal de Estados Unidos inicie un proceso de elevación de su tasa de interés (después de una década de haberla mantenido en niveles cercanos a cero) a partir de septiembre (producto contradictoriamente de cierta recuperación de la economía norteamericana que se expresa en la disminución de su tasa de desempleo, por ejemplo) ha generado una revaluación importante de su moneda que genera distintos efectos negativos tanto para la economía del imperialismo como los países que dependen fuertemente del funcionamiento de su economía. Este es el caso de México.
Los fuertes efectos sobre la economía mexicana
El dólar está rondando ya los 17.5 pesos a la venta en las ventanillas, una cifra histórica. No obstante esta enorme devaluación, el gobierno mexicano en voz del propio presidente ha calificado cínicamente como positiva esta situación argumentando que un dólar más fuerte y un peso devaluado puede traducirse en mayor turismo (como si se pudiera potenciar el turismo en un país con decenas de muertos diarios en todo el país).
Aún más preocupantes son las declaraciones del gobernador del Banco de México Agustín Carstens, quien ha dicho en distintas entrevistas que no hay nada de qué preocuparse pues el alza del dólar no tendrá ningún efecto negativo en la economía nacional.
En particular Carstens hace énfasis en las “oportunas” medidas que ha tomado el Banco de México para “controlar” la devaluación, subastando ya miles de millones de las reservas del país, argumentando que “para eso son” y negando la posibilidad de que la devaluación se pueda traducir en inflación.
Pero no solo esto, el gobernador del Banco de México ha dejado ver una posibilidad que debiera alertar a la población trabajadora: ha dicho que de “cualquier forma” tenemos como país una línea de crédito flexible con el Fondo Monetario Internacional de más de 70 mil millones.
En momentos donde el pueblo griego está sintiendo recortes y ajustes que afectan directamente sus condiciones de vida como condición para seguir recibiendo financiamiento de la banca alemana y del Banco Central Europeo, la posibilidad de que, en tiempos de crisis mundial, México aumente sustancialmente su deuda (que de por sí aumenta enormemente con la devaluación pues está valuada en dólares) es algo que sin duda debiera encender los focos rojos en la clase trabajadora que es la que, al final, paga los costos de estas medidas.
El gobierno mexicano busca tranquilizar a los inversionistas hablando de estabilidad macroeconómica mientras engaña al pueblo trabajador diciendo que no hay ningún problema por el cual preocuparse, pero sí que hay razones por las cuales el alza del dólar es muy negativa para la economía nacional.
¿Cómo nos afecta el alza del dólar?
En primer lugar porque las importaciones (en dólares) se vuelven mucho más caras. En un país donde se importa mucho más de lo que se exporta y de hecho, se exporta a partir de un alto componente importado en la manufactura, es claro que la devaluación del peso tenderá a aumentar los costos de las empresas que operan en el país.
Estos costos aumentados se traducirán necesariamente en aumentos de precios en distintos bienes (aunque Carstens insista en que este tema está controlado) lo que puede generar una espiral inflacionaria (como ha sucedido en otros momentos y en múltiples países) que disminuirá la capacidad de compra de las mayorías.
En un contexto de tendencia decreciente de los precios del crudo, y para un país altamente dependiente de las exportaciones del mismo, los ingresos federales disminuyen, lo que descarga el gobierno sobre las trabajadoras y los trabajadores con recortes al gasto público, en particular en temas muy sensibles como salud o educación.
A esta realidad habría que sumarle el bajo crecimiento proyectado para este año para la economía mexicana, cuya expectativa ha sido modificada ya en cuatro ocasiones por el gobierno. Actualmente se encuentra en un raquítico rango de entre 1.7 y 2.5 por ciento, mucho más bajo que al principio del año cuando dada la velocidad con la que se aprobaban las reformas estructurales el discurso del gobierno era mucho más alentador. La economía nacional se encuentra claramente estancada.
Una salida al servicio de los trabajadores y al pueblo
Ante esta realidad, lejos del discurso tranquilizador del gobierno mexicano que ahora plantea la posibilidad de aumentar la tasa de interés en el país para contrarrestar la posible alza de ésta en Estados Unidos (lo cual traería consigo contradicciones aún mayores vinculadas al crédito y afectaría fuertemente el funcionamiento de la economía nacional), lo que es una realidad es que la economía mexicana atada al funcionamiento del gigante del norte enfrenta fuertes problemas, que todo apunta a que se agravarán próximamente.
Para lograr acabar con esta especulación que beneficia a los grandes bancos y monopolios trasnacionales mientras afecta las condiciones de vida de millones, hay que nacionalizar la banca y establecer el control del mercado cambiario, poniéndola a funcionar bajo el control de sus trabajadores y al servicio de las necesidades de las mayorías.
Junto a ello, para frenar el ataque al salario, hay que imponer un control de precios, supervisado por las organizaciones obreras y populares, y que toda empresa y cadena de autoservicio que aumente los precios sea expropiada.
La crisis económica no la generan los trabajadores que día a día salen de sus casas a buscar llevar algo de comer a sus casas. Por eso, la crisis no tiene por qué ser pagada por los trabajadores, debe ser pagada por quienes la han generado, es decir, por los grandes capitalistas.