En estos días, cuando los partidos de la Nueva Mayoría y Chile Vamos, se hunden en un proceso de deterioro irresistible y el Partido Comunista, integrante de la primera, declina su rol histórico como fuerza dirigente de la clase trabajadora y los sectores populares, se abre un espacio nuevo, que el Frente Amplio busca copar.

Juan Valenzuela Profesor de filosofía. PTR.
Viernes 24 de febrero de 2017
El nuevo conglomerado, según informó El Desconcierto, proyecta sacar nada menos que “entre 20 y 30 diputados en los comicios parlamentarios, es decir, una cuarta parte de los representantes de la Cámara.”
Es indudable que, si ese pronóstico se realizara, el Frente Amplio daría un salto en su influjo en la vida política nacional. ¿Cuántas cosas podrían realizarse con esa cantidad de parlamentarios? ¿No se multiplicarían las posibilidades políticas? Seguramente, serían muchas más que solamente con Boric y Jackson ocupando escaños. De allí que, para este conglomerado, iniciar una reflexión acerca de un posible gobierno suyo hacia el 2021, comience a hacerse necesario. Aunque todavía se trate de pronósticos o hipótesis.
El modelo portugués
En un artículo de recientemente publicado en El Desconcierto, titulado sugerentemente ¿Puede el Frente Amplio articular en Chile un gobierno de izquierdas a la portuguesa?, la periodista Meritxell Freixas desarrolla una reflexión en ese sentido. Según la autora, la experiencia gubernamental lusa debe ser considerada por el conglomerado. “El éxito que por ahora demuestra la experiencia portuguesa -escribe- invita inevitablemente a pensar en las posibilidades de extrapolarse a la realidad chilena, salvando las distancias de contexto y trayectoria de los partidos implicados en ambos escenarios, y las diferencias entre la sociedad chilena y la portuguesa.”
Recordemos que, en Portugal, desde noviembre de 2015, el Gobierno es ejercido por Antonio Costa, miembro del Partido Socialista. Su llegada al poder fue posible gracias a una alianza inédita del PS con el Bloco de Esquerda, el Partido Comunista y Los Verdes. Esa combinación de fuerzas es la que posibilitó el desplazamiento del conservador Partido Socialdemócrata y el ex primer ministro Pedro Passos Coelho -que administraban los ajustes exigidos por los poderes europeos- del Gobierno.
¿Por qué razones le parece una experiencia que merece ser rescatada? Freixas contrasta la experiencia portuguesa con las dificultades y fracasos de la izquierda en otros países europeos. Sintetiza un balance de la gestión de Costa. Se trata, en sus palabras, de “efectos visibles”. “En poco más de un año -escribe- la administración de Costa, con el aval de sus socios, impulsó algunas reformas sociales que aliviaron considerablemente la asfixia en que vivían los portugueses y portuguesas. Entre las más relevantes destacan el retorno a las jornadas laborales de 35 horas semanales para los funcionarios públicos, la creación de un impuesto patrimonial para viviendas de lujo de más de 500 mil euros (unos 340 millones de pesos), la suspensión de las subvenciones del Estado a los colegios privados, el fin de la privatización del transporte público y el aumento del salario mínimo.
La puesta en marcha de estas medidas ya ha empezado a dar resultados visibles. Según El País, pese al aumento del gasto público –por la eliminación de recortes en salarios públicos–, en 2016, por primera vez en más de 40 años –el déficit bajó del tres por ciento, el mínimo exigido por la Comisión Europea–, el paro se redujo a casi un 11 por ciento, un punto menos que en 2015; y el crecimiento económico se hizo realidad, a pesar de la escandalosa deuda pública, que rodea el 133 por ciento del PIB.”
Freixas escribe: "El éxito que por ahora demuestra la experiencia portuguesa invita inevitablemente a pensar en las posibilidades de extrapolarse a la realidad chilena, salvando las distancias de contexto y trayectoria de los partidos implicados en ambos escenarios, y las diferencias entre la sociedad chilena y la portuguesa."
El límite de gestionar el capitalismo
Como señala la autora, esas medidas han aliviado la asfixia. Sin embargo, para continuar con su metáfora, podríamos agregar que una cosa es aliviar la asfixia y otra distinta recuperar plenamente la capacidad respiratoria. Y todo indica que hay una enfermedad que impide tal cometido: la situación de la economía.
En un reciente informe elaborado en Bruselas, http://europa.eu/rapid/press-releas...la Comisión Europea celebra la reducción del déficit, pero incluye al país en la categoría de los que presentan “desequilibrios excesivos”, debido a su elevada deuda (130% del PIB) y a los activos tóxicos “fuera de control” que abundan en la banca. Entre los 27 miembros de la CE, habría 12 países con “problemas”, seis con “desequilibrios económicos” y seis con “desequilibrios excesivos”, en donde están Portugal, Italia, Francia, Chipre, Croacia y Bulgaria. En resumidas cuentas, la situación de la economía en Portugal presenta tales desequilibrios, que los márgenes para desplegar una política de reformas y concesiones a las masas, permanecen reducidos.
De allí que el curso de la política del PS en el Gobierno, contraste con un panorama derechizado. Gianni Pittella, líder de los “partidos socialistas” europeos -según informó El País-, lo dejó claro. Para él, la experiencia de Portugal "no es un modelo que se pueda exportar mecánicamente a todos los países europeos". Con esto, el dirigente político burgués pretende marcar los límites que necesariamente le impone a una política de reformas la situación de la economía.
Pero no es sólo él quien marca los límites. También lo hacen los mismos empresarios lusos. El aumento del sueldo mínimo del gobierno “socialista”, de 530 euros a 557 (18.000 pesos chilenos más), genero molestia en la burguesía local.
¿Cuál fue la solución que encontró Costa? Compensar al empresariado reduciendo los impuestos en un 1,25%, lo que iba a implicar una pérdida de 40 millones de euros destinados a la Tasa Social Única. De ese modo, la precarización de los distintos planes de seguridad social era concebida como la dádiva necesaria para que la burguesía tolerara el aumento salarial. Fue la oposición de sus aliados de izquierda -el Bloco de Esquerda y el PC-, del PSD y la derecha -en un afán demagógico- quienes se opusieron a esta medida que iba directamente en beneficio de los más ricos del país.
Otro hecho interesante que muestra cómo los empresarios le ponen límites a este gobierno de izquierda y el imposible juego de “equilibrista” que éste intenta hacer para preservar su posición, es lo acontecido el año pasado con el entonces presidente del principal banco estatal portugués, la Caixa Geral de Depósitos (CGD), António Domingues. Este hombre, puesto en su cargo por el ministro de Finanzas Mário Centeno, es un ejemplo típico del alto ejecutivo del mundo privado que se pasa al sector público para continuar beneficiando sus bolsillos privados. Antes de dirigir la CGD, era vicepresidente de una importante institución bancaria privada, el BPI, rol que mantuvo cuando negoció en Bruselas, con la Comisión Europea, la recapitalización de la CGD. Consiguió que los ingresos allí obtenidos, no fuesen considerados “ayuda estatal” lo que hoy posibilita una supervisión directa de la Comisión Europea sobre la CGD -la “asfixia” mencionada por Freixas. Este hombre -previsor en cuanto a sus ingresos-, cuando fue nominado para presidir la CGD, negoció con el gobierno de Costa, una serie de condiciones, tales como que sus ingresos no tuvieran un tope -a diferencia de cualquier funcionario público- y que no fueran publicados, manteniendo una polémica en la que se vio involucrado incluso el Tribunal Constitucional. Hace un tiempo se hizo público que su sueldo era dos veces mayor que el del presidente anterior de la CGD, de 423.000 euros, lo que junto a otras dietas y remuneraciones le hacían un sueldo similar al que ya tenía en el mundo privado. Cuando esto se hizo público, cuando el propio gobierno se vio imposibilitado de seguir defendiendo lo indefendible, este ejecutivo dimitió. Como vemos, es alto el precio que estuvo dispuesto a pagar el gobierno de izquierda para contar con un técnico de su talla, que pese a todo, los despreció.
Estos hechos revelan que la intención de gestionar el Estado existente y las relaciones de propiedad existentes, a través “gobierno de izquierda” que “alivie la asfixia”, sólo conduce a un juego de equilibrios insostenible en el tiempo. Los capitalistas buscarán por todos los medios hacer primar sus intereses. Si ceden en un punto, buscarán obtener otra cosa a cambio, como los empresarios portugueses que buscaron ganar una rebaja de impuestos y afectar los planes sociales a cambio de aumentar en $18.000 el sueldo mínimo. El problema de fondo es que cualquier gobierno -aun de izquierda- en los marcos del Estado capitalista y la propiedad privada, termina actuando en última instancia como una junta que administra los intereses de los empresarios.
Por supuesto, sería un error ver en Portugal el espejo del futuro de Chile. Pero conviene tener en cuenta la experiencia para clarificar las fuentes de las que busca alimentarse la política del Frente Amplio.
Por esta razón, quienes militamos en el Partido de Trabajadores Revolucionarios, contraponemos a este tipo de “modelos” que surgen en el debate político de esta nueva fuerza, la perspectiva de un gobierno de trabajadores. Para nosotros, no se trata de gestionar el capitalismo con una perspectiva de izquierda, sino de terminar con él. Desacralizar el principio de la propiedad privada es una condición para ello. En Portugal, por ejemplo, habría que partir por nacionalizar la banca bajo control del pueblo trabajador. Por eso nos declaramos anticapitalistas y no buscaremos jugar al equilibrista entre fuerzas sociales opuestas.
Actuando en los estrechos marcos que imponen las formas estatales existentes, no es posible dar ese combate contra el capitalismo que en Portugal o Chile nos condena a la miseria. Sólo la más amplia democracia directa de los explotados y oprimidos, a través de organismos de autodeterminación, permitirá dar una pelea así. Construir un partido revolucionario internacional de la clase trabajadora, es forjar una herramienta imprescindible en este camino.

Juan Valenzuela
Santiago de Chile