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Opinión. ¿Cómo se integra el salario de la clase trabajadora?

Uno de los problemas en México es desde hace tiempo, el salario, concretamente la insuficiencia de éste para que quien lo recibe pueda costearse los 121 artículos incluidos en la canasta básica alimentaria y no alimentaria para sí mismo y su familia.

Martes 3 de mayo de 2022

Según el artículo V de la Ley Federal del Trabajo, el salario es aquella remuneración que el patrón debe extender a sus trabajadores por su trabajo, sea este pago por unidad de tiempo, unidad de obra, precio alzado, comisión, etc.

Uno de los problemas en México es desde hace tiempo, el salario, concretamente la insuficiencia de éste para que quien lo recibe pueda costearse los 121 artículos incluidos en la canasta básica alimentaria y no alimentaria para sí mismo y su familia.

Como lo menciona Ariel Meza aquí, el precio de la canasta básica -alimentaria y no- para una familia de cuatro integrantes podria alcanzar hasta los $19,374.

Si tenemos en cuenta los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) en los que se muestra que la mayor parte de los mexicanos reciben un salario promedio de 7,380 pesos al mes y dentro de la población económicamente activa en México apenas el 6 por ciento de los trabajadores tienen un sueldo mayor a los 15 mil pesos, en estas condiciones al menos dos integrantes de cada familia deberían tener un trabajo con un sueldo que rebase el promedio para costear sus gastos básicos.

En este 2022, el salario mínimo vio un incremento del 22 por ciento aplicable desde el 1 de enero que lo hizo pasar de los 141 pesos a los 172 pesos, mientras que en la ZLFN aumentó de los 213 a los 260 pesos diarios. Aunque esto podría verse como una medida favorable para la población, la realidad es que las remuneraciones percibidas por las y los trabajadores, siguen sin alcanzar para mantener un hogar con todas las necesidades cubiertas (independientemente de que se perciba el salario mínimo o uno superior).

“Hay que apretarse el cinturón”

Dichos populares como “hay que apretarse el cinturón” o “estamos en tiempos de vacas flacas” son comunes de escuchar. El incremento de la inflación, el alza de los precios y los estragos ocasionados por dos años de pandemia -y crisis aún no subsanada- en detrimento del poder adquisitivo del grueso de la población hacen que cualquier “dinerito extra” sea un alivio para las familias trabajadoras.

De acuerdo con datos vertidos en El Financiero, recuperado de la ENOE 2021, El número de ocupados informales el año pasado fue 31.6 millones, lo que representó 55.8 por ciento de la población ocupada. Aunque hay un incremento importante de la población que hace del trabajo informal su fuente de ingresos, quienes dependemos de un sueldo y estamos subordinados a un contrato, vemos “dinero extra” en diversos adherentes a nuestro salario.

Para muchas y muchos, los bonos de puntualidad, asistencia, productividad o calidad se han vuelto imperdibles. Trabajadores de call center, maquiladoras, fábricas, transporte, restaurantes, servicios, telecomunicaciones y prácticamente todo tipo de empresas (incluso trabajadores estatales), aguardan la llegada de estos bonos para alcanzar a costearse la vida. Tan ansiados son estos adherentes, que las patronales deciden entregarlos a fin de mes -en muchos casos a mes vencido- para retener a sus trabajadores.

Estos adherentes al salario cumplen diferentes funciones: en primera instancia, se nos presentan como “apoyos” que nos brinda la patronal, cuando en realidad son tomados de las utilidades que se apropian los patrones pero los generamos las y los trabajadores.

En segundo plano, pero no menos importante, estas adiciones extrasalariales pretenden “esponjar” el dinero que al final recibe el trabajador; como los sueldos base son incipientes, se nos presenta una remuneración nutrida de bonificaciones para que parezca lo contrario.

Y lo más importante: al mismo tiempo que se mantiene el discurso de que “el salario no puede ser más alto” condicionan diferentes aspectos del trabajo como la asistencia, puntualidad, horas extra, productividad y de más, en pos de aumentar los ritmos del trabajo, haciéndolo más duradero, intenso y, por ende, mas absorbente para quienes lo desempeñamos.

Evidentemente, las mismas condiciones del trabajo -y la precariedad de la vida- dificultan su cumplimiento de manera ideal, por lo que se obstaculiza el alcance de las “metas” y por lo tanto, la obtención de los incentivos.

Ejemplo de ello: ¿Cómo llegaría puntual todos los días del mes una madre trabajadora que previo a su labor tiene que pasar a dejar a sus hijos a la escuela? ¿Cómo es posible cumplir con un ritmo de trabajo acelerado durante horas, para alguien fatigado que además de su trabajo, tiene que estudiar? ¿Cómo se alcanzan las metas de producción sin tener que hacer horas extras? O bien, ¿cómo quedarse a hacer horas extras si solo de camino al trabajo invertimos una hora o mas de nuestra vida?

Yendo más lejos: se nos niega incluso el derecho a enfermarnos y faltar al trabajo porque estas faltas que son “justificadas” aun asi pueden representar un porcentaje o la totalidad del bono que se puede descontar.

Si lo extrapolamos a esferas en las que se capitaliza mucho mas el tiempo del trabajador, podemos incluso hablar de aquellas patronales que dan “premios” a sus empleados por trabajar en días festivos oficiales, (independientemente de que los días feriados oficiales deben pagarse al triple si se laboran), renunciar a vacaciones o días de descanso.

En suma, es nuestro tiempo libre, para compartir con nuestras familias, parejas y amigos, parte de lo que nos restan los ritmos de trabajo.

Estos incentivos al no formar parte del sueldo, no cotizan para IMSS, INFONAVIT, FONACOT ni ahorro para el retiro. En otras palabras: además de ser un dinero que “esponja” la remuneración del trabajo, no presenta ninguna continuidad o beneficio por fuera de lo inmediato para el trabajador.

Si el salario fuera una cerveza, los bonos y adherentes serían como la espuma: esponjosos y volátiles.

Quienes escribimos en La Izquierda Diario y colaboramos en la producción de “ContraFrecuencia: Un podcast con ideas para cambiar el mundo”, consideramos que hay que pelear por la integración del salario: es decir, en vías de obtener una remuneración digna y suficiente, los incentivos y bonos extrasalariales podrían integrarse completamente y generar un mayor sueldo para las y los trabajadores. Si bien, esta integración no garantiza en sí misma un salario suficiente, es una medida con la que buscamos impedir que la patronal siga maniobrando con los bonos para condicionarnos y perpetuar sus abusos.

Además de ello, el aporte completo de las contribuciones por parte de los patrones a los servicios de seguridad social permitirían mejorar las finanzas de las instituciones de les trabajadores, tener mejores pensiones en su retiro e incluso acceder a mejores viviendas a través de mejores préstamos. Transporte, salud, vivienda, agua potable, luz, ahorros y muchas otras cosas serían menos difíciles de alcanzar si las adherentes al salario se unificaran a él y empezaran también a cotizar.

No obstante, hay que continuar la necesaria lucha por un aumento salarial inmediato que alcance para sustentar el precio de todos los artículos esenciales para vivir, incluidos en la canasta básica alimentaria y no alimentaria. Este aumento salarial debe ser ajustado de acuerdo a la inflación en todo momento para que se mantenga a la altura de cubrir el costo de la vida.

Para conocer mas sobre este y otros temas puedes seguirnos en redes sociales como “ContraFrecuencia Podcast” y escuchar nuestro programa piloto que se estrenará el día 29 de abril en Spotify y YouTube