Millones de mexicanos han padecido el azote de la pandemia. A continuación presentamos el testimonio de un joven trabajador frente a la COVID-19.
Domingo 31 de enero de 2021
Rodrigo S. tiene 19 años y por falta de empleo y dificultades económicas, él y su familia se fueron hace dos años a Querétaro. Hoy Rodrigo ha vuelto al Estado de México para retomar sus estudios de bachillerato de la mano de tener un trabajo, sin embargo, ante las consecuencias que ha traído la política criminal y la gestión deficiente de la pandemia, todo se ha complicado.
“Al principio sentí alegría de pensar que podría volver a la escuela, de que podría finalmente ahorrar y empezar a tener algo propio. Pero no; ya cuando me establecí, sentí que había llegado a Tierra de Nadie. Nada de lo que supuestamente teníamos mi familia y yo era algo seguro, la casa no es nuestra, los ahorros se nos acabaron luego luego por la pandemia y pues no, todo está caro ya. Luego ni a la escuela puedo ir porque como no tengo todavía dinero para comprar una computadora o un teléfono chido pues no, además ahorita como están las cosas mejor prefiero comprarme comida o guardar por si me enfermo que contratar internet.
“Ahora soy almacenista en el Zorro Abarrotero, pero creo que esta semana me van a correr porque soy sospechoso de COVID”
Llevo una semana trabajando No tengo contrato porque estoy a prueba tres meses. Luego de esos tres meses y dependiendo si hay vacantes seguras, me podrían contratar bien.
Y con la salud pues es que llevaba días sintiéndome un poco agripado y cuando me presenté a trabajar a finales de la semana pasada me dijeron que no podía pasar porque tenía un poco alta la temperatura. Y ya, o sea, solo me dijeron ´Ve al doctor´.
En mi trabajo han regresado como a 10 personas igual que a mi, desde hace una semana. Nos enviaron a cuarentena y la incapacidad la cobramos hasta dentro de dos meses, ¡Dos meses! ¿Y mientras qué se supone que haré para tener dinero?
Supongo que me voy a poner un puesto de chicles mientras tanto.
Así que fui a mi clínica familiar. Llegué a las 10:00 am y me atendieron hasta las 3:00 pm porque la fila para la prueba era enorme. Obviamente hay de todo en los hospitales: mujeres con niños que no pueden dejar en casa porque son madres solteras, ancianos no jubilados que tienen que trabajar y se contagiaron por salir, vendedores del tianguis que no pueden dejar de trabajar...
Y pues recuerdo que pensé: “Si no tengo COVID, de seguro aquí me voy a contagiar”.
Está mal…Me gustaría ver a AMLO atenderse en una clínica del IMSS.
Y no pude hacerme la prueba porque cuando por fin me tocó el turno me dijeron que ya no había. ¡Ya no había pruebas y solo me mandaron a mi casa con unas cajitas de medicina!
En la clínica a la que fui nos enviaron a guardar reposo y nos dijeron que no volviéramos, que las pruebas son escasas y que con el medicamento nos mejoraríamos si no, que fuéramos a otro hospital COVID”.
Hay alternativas para la juventud. Por la salud, la educación y el trabajo digno.
Lo que esta pandemia nos ha revelado es que no existen derechos básicos garantizados para la población, especialmente no para la población joven y trabajadora.
Como Rodrigo, hay cientos de jóvenes y adolescentes en el EdoMex que están en el desempleo o en trabajos precarios, como lo demuestran cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI, que hacia agosto de 2020 revelaron que esta entidad tiene un porcentaje de desempleo de 7.6% de su Población Económicamente Activa (PEA) y lo sitúa entre las 5 entidades con mayor desempleo a nivel nacional.
Por otro lado, es el EdoMex la segunda entidad en semáforo rojo con más casos activos de Coronavirus registrados, sólo por detrás de la CDMX, y cuenta con apenas 45 hospitales COVID repartidos entre 29 de los 125 municipios que lo conforman, para atender a una población de alrededor de 16,19 millones de habitantes.
Ante esta realidad en la que no tenemos garantizados derechos básicos como la salud, la educación y un trabajo digno con salario adecuado, las y los jóvenes tenemos que organizarnos para frenar la ofensiva de los patronales pues nos han demostrado que nuestras vidas no les importan, descargando la crisis en nuestros hombros para preservar y hasta aumentar sustancialmente sus ganancias.
A las patronales hay que sumarles el actuar del propio Estado, que sin importarle las terribles condiciones laborales a las que nos enfrentamos diariamente, la deserción escolar en aumento y los miles de muertos sin atención médica, no ha movido un dedo para poner en marcha un plan eficaz de salud que tenga como prioridad preservar las vidas del pueblo trabajador y pobre.
Necesitamos además una política que defienda el trabajo digno, que implemente medidas como la prohibición de los despidos, las rebajas de salario y el outsourcing, y en cambio garantice licencias por enfermedad con goce de sueldo al 100% o la repartición de las horas de trabajo entre quienes laboran hasta doce horas y quienes no tienen empleo, obviamente con un sueldo que alcance para comprar una canasta básica, para de este modo permitir verdaderamente que lxs jóvenes podamos trabajar y estudiar al mismo tiempo.
Por otro lado, está en nuestra mano exigir una política que ampare la educación gratuita, pública y de calidad para todxs, sin que nadie se quede afuera, para lo cual se necesita dotar de equipos óptimos e internet gratuito a estudiantes y profesores para poder llevar adelante las clases en línea.
Es posible arrancarle a este sistema un presente íntegro y un futuro esperanzador y justo, por eso te invitamos a que conozcas a la Agrupación Juvenil Anticapitalista, quienes hoy luchamos por registrar una candidatura independiente de las mujeres, los trabajadores y la juventud, con Flora Aco, trabajadora estatal y defensora de los derechos laborales.
¡Organicémonos para cambiarlo todo!