Mientras en Chile las calles sacuden toda la estructura política del país, poniendo entre la espada y la pared a Piñera, la derecha boliviana lleva adelante un golpe de Estado de la mano de la policía en su país. Procesos turbulentos se respiran por Latinoamérica, y la derecha profundiza sus medidas autoritarias y represivas.
Martes 12 de noviembre de 2019
Durante la tarde de este domingo, después de semanas de tensiones, se terminó por consumar un golpe de Estado contra la presidencia de Bolivia, el cual la derecha lo planeó, la Policía lo comenzó, la OEA lo legalizó y el Ejército lo coronó.
Es así que la Organización de Estados Americanos (OEA) -avalando completamente el golpe de Estado- en la madrugada de este domingo emitió un comunicado donde justificaba el llamado a nuevas elecciones y señalaba las “irregularidades” en el proceso electoral del 20/10. En definitiva, otorgándole una supuesta legalidad al golpe, además de entregarle mayores argumentos a los golpistas que, con cruz en mano, militarizaron y abrieron fuego contra las y los manifestantes.
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En este sentido, cabe destacar que el comunicado golpista de la OEA tiene un eco en Chile, en donde desde la Cancillería de Chile avalaron las acciones de la OEA con un escueto y ambiguo comunicado. Sin embargo, la complicidad de Piñera va más allá del silencio, y es que los métodos dictatoriales son un punto de encuentro entre la derecha boliviana y la chilena.
Con un Estado de Excepción a cuestas, con violaciones sistemáticas a los DD.HH y más de 200 personas con daños oculares producto de la brutal acción de Carabineros, Piñera demuestra en los hechos su complicidad con el golpe de Estado. Es más, son los mismos métodos que comparte la derecha internacional, y que el mismo Donald Trump llama a fortalecer, amenazando al pueblo venezolano y nicaragüense: “estos eventos envían una fuerte señal a los ilegítimos regímenes en Venezuela y Nicaragua de que la democracia y la voluntad del pueblo siempre prevalecerán”.
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Este fenómeno confirma una gran verdad: Que no puede haber ninguna confianza en la policía que nos reprime día a día ni en este régimen podrido capitalista y neoliberal. En este sentido, la lucha del pueblo chileno debe avanzar con mayor fuerza a una huelga general hasta que caiga Piñera, y derribar todo su régimen con la fuerza organizada y movilizada de un pueblo que se rehusa a volver a dormir, y levantar sobre las cenizas de éste régimen una Asamblea Constituyente libre y soberana, que ponga como prioridad la necesidades del pueblo pobre, trabajador, migrante y a las comunidades originarias. Esta es la mayor muestra de solidaridad que podemos demostrar hacia el pueblo boliviano: La victoria.
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