Con la próxima asunción de Piñera al gobierno, los empresarios aumentan sus exigencias, así como siguen aumentando sus ganancias, mientras los trabajadores continúan con sueldos y pensiones de hambre y altamente endeudados. La reciente reunión del presidente electo con los empresarios augura tiempos aún peores.
Jueves 18 de enero de 2018

La economía está en alza. Incluso hablan de un 2018 de "bolsillos llenos". Según el último Indicador Mensual de Actividad Económica (Imacec) de noviembre, la economía creció 3,2% (en octubre fue de 2,9%), en el mejor crecimiento desde agosto de 2016. Y se espera un crecimiento del PIB sobre 3% para este año.
¿Quién gana cuando crece la economía? Los empresarios. Un solo ejemplo: la ganancia de los bancos aumentó 14,83% entre enero y noviembre de 2017 (3.290 millones de dólares). ¿Las causas? Más ganancias por intereses, alza en las comisiones y aumento en los préstamos.
Los préstamos. Entre estos, están los que agobian a las familias trabajadoras. Un reciente informe da a conocer que por cada 100 mil pesos, se destinan 70 mil sólo a pagar deudas. ¿Las causas? Los sueldos de hambre, las pensiones de hambre.
No es una “denuncia”, es un hecho. Recientemente se produjo el aumento del nuevo salario mínimo. Alcanzó apenas a 276.000 pesos. El economista de la Fundación SOL Marcos Kremmerman los desglosa: "Al descontar las cotizaciones para previsión, salud y seguro de cesantía, este monto alcanza sólo para ir y volver al trabajo, 1 kilo de pan al día, y con lo que sobra, un arriendo básico de $150.000. En Chile, los mínimos sociales no tienen ninguna relación con el costo de la vida".
Aunque las condiciones de vida y de trabajo son una pesada carga para los trabajadores, Piñera se preocupa de seguir favoreciendo a los empresarios.
En su programa de Gobierno anunció que retrotraerá las más que moderadas reformas laborales de Bachelet (que debilitó el derecho a huelga con, por ejemplo, los “servicios mínimos”). Por ejemplo, que regulará los “grupos negociadores” con el fin de debilitar a los sindicatos.
Además, habrá mano dura: ahora los empresarios forestales piden decretar el “estado de excepción” en La Araucanía: restringir el derecho a la libertad de movimiento y reunión.
Pero no es todo. Lo que busca más de fondo es generar un clima que favorezca los negocios empresariales. Mientras da la espalda a los trabajadores, se reunió con los empresarios de la Confederación de la Producción y el Comercio (CPC) que preside su ex ministro de Relaciones Exteriores Alfredo Moreno. Entre compadres se entienden.
Para la reunión el próximo presidente-empresario declaró que espera "iniciar una nueva era de la colaboración público-privada". Los empresarios optimistas con un Gobierno que los favorezca sin contrapeso alguno prometieron acelerar inversiones alcanzando 53 mil millones de dólares. Dicen que quieren “producir un shock de inversión”. Para hacerlo piden: retroexcavadora al revés para la reforma tributaria, facilidades para liberar los permisos de inversión, por ejemplo en el tema de las restricciones medioambientales. Un tema que ronda es el del aumento de la productividad, que como sabemos es trabajar más por la misma plata, o sea, aumentar la explotación.
No es todo. Hay tres sectores clave en la mira: Los funcionarios públicos. Una de las pretensiones del nuevo gobierno derechista es una nueva reforma del Estado. Aunque ya es precario (lo del 80% de planta, 20% externo a honorarios o contrata, no se cumple, y más bien es al revés la relación), puede ser peor, incluyendo despidos, que por ahora se adelanta como terminar con “los operadores políticos”. Los profesores: ya la alcaldesa derechista de Providencia Evelyn Matthei se mostró dispuesta a despedir profesores, por considerar que son un gasto elevado. También, los trabajadores de la salud: la crisis del sistema de salud, para la derecha se resuelve con concesiones hospitalarias y la mayor degradación de las condiciones laborales de los trabajadores del sector.
Además, buscará derrotar la demanda por NO+AFP que movilizó a cientos de miles el año recién pasado.
¿Confluirán todos estos sectores? Los trabajadores tienen la fuerza social necesaria para enfrentar al Gobierno y los empresarios y convocar a una amplia unidad detrás de sus fuerzas a los estudiantes y las mujeres que luchan por sus derechos. Demás, la sindicalización ha venido aumentando (llegó al 20,6%: superando el promedio de los países OCDE de 16,7%). Aunque las huelgas vienen disminuyendo. En parte por las trabas impuestas por las leyes de los empresarios. En parte por la subordinación de las dirigencias a los Gobiernos y los empresarios. La división y dispersión en varias Centrales (y se viene otra, de Arturo Martínez), en Federaciones, en sindicatos bases aislados, no ayuda a poner en movimiento la enorme fuerza social de la clase trabajadora. Pero los “tiempos peores” que anuncia Piñera, con crecimiento económico, podrían empujar a una mayor resistencia que fortalezca una política de unidad de los trabajadores que deberán sacarse de encima a las dirigencias cupulares, burocráticas, que los dividen y entregan las demandas y las luchas en acuerdos, compromisos y negociaciones que solo favorecen a los empresarios y sus gobiernos.