La gobernadora anunció ayer un fortalecimiento del aparato represivo en 190 puntos de la provincia de Buenos Aires, lo que incluye el despliegue de 800 agentes de Infantería y Caballería en las calles.

Carla Lacorte Integrante del CeProDH | Dirigente del PTS
Jueves 1ro de junio de 2017
Todo el despliegue anunciado ayer por María Eugenia Vidal tiene un objetivo claro: reprimir y vigilar a los trabajadores y a la juventud. Es conocido en todos los barrios pobres el rol de la policía persiguiendo a los jóvenes, y hasta los vimos entrar armados a colegios secundarios durante las últimas semanas, mientras sigue muriendo un pibe cada 28 horas a manos de alguna fuerza represiva. Más que un “plan integral de seguridad”, como quieren venderlo la gobernadora y el ministro Ritondo, se trata de un verdadero plan de refuerzo del aparato represivo provincial, con efectivos de Infantería y Caballería portando armas largas en las calles.
Pero este “plan” de Vidal no tiene mucho de novedoso: ya el gobierno anterior de Daniel Scioli, de la mano del gobierno nacional de Cristina Fernández de Kirchner, había implementado planes similares durante su gestión. Lejos de disminuir el delito, estos operativos tuvieron como consecuencia el incremento de la cantidad de chicos asesinados por las fuerzas represivas y el aumento del gran delito, como el narcotráfico y la trata, del que estas fuerzas son partícipes y garantes. Hace dos semanas, por ejemplo, se supo que varios comisarios de distintas localidades de la zona sur estaban involucrados en una importante red de trata. Más efectivos significan más peligro para las y los jóvenes y más control estatal sobre las calles ante posibles protestas de trabajadores o vecinos.
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Cambiemos invierte en mejoras para 51 comisarías bonaerenses y abre 200 oficinas policiales, mientras los hospitales y las escuelas públicas se caen a pedazos y pagan una miseria a los docentes y los trabajadores de la salud con el argumento de que no hay plata. Es evidente que sí hay, pero la utilizan para la represión: más de 1.000 nuevos patrulleros y motos están siendo entregados en la provincia.
Un aspecto muy grave de lo anunciado es lo que planean hacer con la Unidad Táctica de Operaciones Inmediatas (UTOI) dejando librado el accionar policial al control del Ministerio de Seguridad; se trata un verdadero pase libre al accionar represivo en una provincia donde la policía es reconocida por las torturas en comisarías, casos de gatillo fácil y participación en grandes delitos. Se viene la ‘represión exprés’ en toda la provincia y en especial en los barrios más pobres del conurbano bonarense: van a vigilar cada movimiento de quienes transitan con 20 torres de monitoreo y llenar los barrios de patrulleros y uniformados.
“La necesidad de vivir en paz es lo que no nos deja dormir” dijo Vidal en la presentación en La Plata. Debería preguntarse cómo puede dormir tranquila la mayor parte del pueblo trabajador bonaerense con sus condiciones de vida empeorando día a día, con salarios que no cubren la canasta básica familiar y con más tarifazos en puerta. No es casual que este operativo se implemente cuando los gobiernos nacional y provincial están profundizando los ataques.

Carla Lacorte
Carla Lacorte nació el 4 de enero de 1971 en la Ciudad de Buenos Aires. Su padre Miguel Angel murió fusilado en el Estadio Nacional de Chile en septiembre de 1973 tras ser detenido mientras resistía el golpe de Pinochet en el Cordón Industrial de Vicuña Mackenna. Junto a su madre, que escapaba de la represión del Proceso, se radicó en Quilmes. A la salida de la dictadura tuvo una activa participación en el centro de estudiantes del Colegio Nacional de esa ciudad. Integra el Centro de Profesionales por los Derechos Humanos y milita en el PTS desde el año 2000. Estudiaba Ciencias (…)