Con una fuerza de millones de mujeres, jóvenes, trabajadoras y trabajadores, podríamos derrotar las reformas precarizadoras de Piñera y sus ataques. Podríamos ir por nuestro propio programa para enfrentar a los capitalistas y sectores conservadores que sostienen el machismo y criminalizan a la juventud, con el control preventivo de identidad a menores de edad.
Jueves 4 de abril de 2019
¡Con nuestra fuerza y junto a los trabajadores y juventud podemos cambiar todo!
El reciente 8M cientos de miles nos movilizamos en las calles. En todo Chile nos expresamos como parte de un movimiento que además es internacional: el movimiento de mujeres, con multitudinarias marchas en Argentina, el Estado Español o en la Francia de los chalecos amarillos.
Marchamos mujeres, jóvenes, estudiantes de liceos y universidades, mapuche, inmigrantes, hastiadas del trato violento y machista, de trabajos precarios y salarios de hambre. Mujeres trabajadoras también nos hicimos parte. El paro del sector público en Valparaíso y del Colegio de Profesores en Antofagasta, y las innumerables iniciativas anónimas que tuvimos entre compañeras de trabajo para asistir a las marchas en las más de 70 ciudades; son una muestra de un movimiento que crece.
Junto a nuestros reclamos frente a la violencia de género o por el derecho al aborto, la demanda de desmilitarización de la Araucanía o ciertos debates como la relación entre patriarcado y capitalismo, se tornaron preocupantes para derechistas y sectores empresariales.
La idea de que puede generarse nuestro despertar como mujeres trabajadoras les espanta; les molestó la palabra “huelga”, se imaginaron que eso podía fomentar la idea de paralizar los centros laborales. Saben que hemos acumulado rabia: los peores trabajos son para nosotras, por el mismo trabajo ganamos un 25% menos de sueldo en promedio; tenemos doble jornada laboral, pues las tareas domésticas y de cuidado recaen mayoritariamente en nosotras. El acoso sexual y laboral es una realidad, desde jefaturas y a veces entre pares. A los empresarios les conviene este sistema de violencia contra nosotras.
Aunque gobiernos y empresarios quieran un movimiento de mujeres dócil, en nosotras se ha incubado una rabia que difícilmente podrán contener y que puede ser una gran fuerza que haga temblar a empresarios, sus partidos y gobiernos.
Enfrentar y derrotar los ataques y reformas de la derecha
Con una fuerza de millones de mujeres, jóvenes, trabajadoras y trabajadores, podríamos derrotar las reformas precarizadoras de Piñera y sus ataques. Podríamos ir por nuestro propio programa para enfrentar a los capitalistas y sectores conservadores que sostienen el machismo y criminalizan a la juventud, con el control preventivo de identidad a menores de edad.
El gobierno de Piñera y los políticos derechistas históricamente han sido enemigos del movimiento de mujeres, defensores del conservadurismo y aliados de la Iglesia. Ahora hablan de “feminismo”, pero están a favor de los salarios y pensiones de hambre que en su gran mayoría vivimos las mujeres. Se presentan contrarios a la violencia de género, pero sus propuestas solo fortalecen los mecanismos punitivos estatales y su violenta policía: es su gran panacea para resolver un problema que en realidad es mucho más profundo.
Pero su hipocresía se evidenció en el minuto mismo en que Piñera decidió invitar a Jair Bolsonaro a Chile, el más misógino de los presidentes latinoamericanos y adorador de la dictadura de Pinochet, a la cumbre del Prosur. Su hipocresía se ve también en el hecho de que pretenden flexibilizar el trabajo de mujeres y jóvenes, como con el tele-trabajo.
Y además, en su alianza con el misógino Donald Trump para dar un golpe de Estado en Venezuela, para un nuevo saqueo imperialista en América Latina. De la mano del imperialismo y la derecha sólo vendrá más saqueo, explotación y precarización para los derechos de las mujeres y la clase trabajadora.
En la otra vereda, los partidos de la ex Nueva Mayoría juegan a mostrase como “oposición”, pero eligen a un conservador DC anti-derecho al aborto como presidente de la Cámara de Diputados. Mientras hablan de “unidad de la oposición” dejan pasar y negocian las reformas y ataques de Piñera, mientras en los sindicatos la pasividad y el diálogo social.
El Frente Amplio, que planteó un programa que defiende algunos de nuestros derechos, sigue a la cola de la vieja Concertación, con pactos que sólo traerán nuevas desilusiones y engaños. No será así como enfrentaremos a la derecha y conquistaremos nuestras demandas, sino con la unidad en las calles de toda la clase trabajadora con nosotras al frente, junto a las y los estudiantes, mapuche y otros sectores.
¡Nuestra fuerza podría revolucionar los sindicatos y unir a la clase trabajadora!
Somos una enorme fuerza. Pero quienes dirigen las grandes centrales o asociaciones sindicales como la CUT o el Colegio de Profesores, no ponen estos problemas en el centro de sus preocupaciones, transformándolos en organismos vacíos. Adhieren de palabra a las movilizaciones, pero ni siquiera impulsaron asambleas para preparar la jornada en los lugares de trabajo. Esto en contraste con lo que ocurrió en el Colegio de Profesores comunal de Antofagasta que hizo asambleas, paralizó e impulsó acciones de movilización en la calle.
La enorme fuerza del movimiento de mujeres en las calles no deja indiferente a nadie, y nos interpela a que las mujeres trabajadoras nos pongamos a la cabeza de la pelea de organizarnos en nuestros lugares de trabajo, recuperando los sindicatos vaciados y burocráticos, que sólo se preocupan de negociar con los empresarios demandas salariales o bonos, y no tomar el conjunto de los reclamos de la clase trabajadora, tanto mujeres, varones, de planta, subcontratados, honorarios, chilenos e inmigrantes. Y en los lugares que no hay organización sindical y la dictadura de los jefes no tiene freno, ponernos a la cabeza de organizarnos, buscando lazos y coordinación con estudiantes, pobladores y trabajadores de otros sectores.
A las conducciones burocráticas del Partido Comunista y el Frente Amplio no les interesa que nos organicemos desde las bases y no creen posible que las mujeres trabajadoras nos pongamos al frente de luchar contra quienes precarizan el trabajo. Para derrotar a quienes nos explotan, precarizan y oprimen, nuestra fuerza junto a los trabajadores y estudiantes puede remover todo.
Luchemos por:
¿Cuáles son las demandas por las cuáles tenemos que pelear las mujeres trabajadoras, en unidad con las jóvenes estudiantes y nuestros compañeros trabajadores? ¿Y de qué manera tenemos que pelear por esas demandas?
Tenemos que enfrentar la precarización del trabajo a la que nos someten a las mujeres. A igual trabajo igual salario. Salas cuna y jardines infantiles gratuitos a cargo de los empresarios en los lugares de trabajo para madres y padres. No al teletrabajo que individualiza. Plenos derechos laborales para quienes trabajan con aplicaciones (Uber, Rappi, etc.). Prohibición por ley de los despidos. Sueldo mínimo de $450.000. A igual trabajo igual salario. Sistema previsional de reparto y solidario, con pensiones nunca inferiores al 80% del sueldo a la hora de jubilar. Jornada laboral de seis horas al día, cinco días a la semana.
Formemos comisiones de mujeres en los lugares de trabajo para elaborar nuestras demandas como trabajadoras. En esos espacios podremos organizarnos tanto contra la violencia machista y contra jefes acosadores, construir protocolos para abordar el acoso, con independencia de jefaturas; como prepararnos para luchar contra la reforma laboral, la reforma tributaria y a la reforma previsional del gobierno. Las comisiones de mujeres pueden significar también un espacio que nos permita encontrarnos con otras colegas de trabajo, articularnos con otras mujeres incluso de otros lugares a los nuestros; un espacio donde podamos fortalecernos para dar una pelea por conquistar nuestras demandas más sentidas.
Hay que luchar por el aborto legal y gratuito, garantizado por el Estado. Hoy en Chile el aborto es un problema de salud pública, estando o no de acuerdo con el aborto, esta es una realidad que existe, más de 120 mil mujeres al año toman la decisión de abortar, y principalmente mujeres pobres, jóvenes de sectores más vulnerables se ven expuestas a condiciones aberrantes e inseguras. Y es que la clandestinidad, al no ser el aborto una práctica legal, empuja a miles a graves riesgos e incluso la muerte. Ante esta realidad las “tres causales” solo cubren a una parte ínfima de abortos, es completamente insuficiente.
Por su parte, la despenalización, que el Frente Amplio impulsó el año pasado, sólo significa que no existirá riesgo de encarcelamiento, pero no que será un derecho garantizado por el Estado. De esa manera, las desigualdades sociales continuarán siendo determinantes a la hora de optar por abortar o no cuando se necesite. Sólo si el aborto es un derecho, podrán establecerse los canales concretos para que el Estado lo garantice, con seguridad, para todas las mujeres, sin que importe su proveniencia social.
No a la extensión del control preventivo de identidad. No a la criminalización de la juventud. Disolución de las Fuerzas Especiales que sólo sirven para reprimir manifestaciones, y por la desmilitarización ahora de la Araucanía.
Enfrentemos a los gobiernos de derecha y al imperialismo norteamericano que quiere barrer derechos en Latinoamérica. Por eso repudiamos la articulación a través de Prosur que quiere hacer Piñera con personajes como Bolsonaro o Mauricio Macri. Repudiamos la injerencia imperialista en Venezuela, pero no apoyamos políticamente a Maduro. ¡Mujeres al frente contra el imperialismo! ¡Fuera Trump de América Latina!
Para terminar con la opresión y la explotación, construyamos el feminismo socialista con Pan y Rosas
El Frente Amplio impulsa la propuesta de reconocer constitucionalmente el trabajo doméstico. Para Gael Yeomans, el Estado tiene que considerar lo doméstico a la hora de elaborar planes presupuestarios. Eso implicaría resolver problemas previsionales entre otras cuestiones. Las mujeres que realizan labores domésticas, con esta propuesta, aun así, no contarían con un salario y continuarían ajenas al ámbito laboral y público.
El trabajo doméstico es vital en la sociedad, en tanto las labores de cuidado; las tareas de cocina y aseo; las relaciones sexo-afectivas; contribuyen a la reproducción de la fuerza de trabajo de nosotras mismas las mujeres y nuestros compañeros y le ahorra millones a los capitalistas.
Sólo una sociedad en la cual las labores propias del trabajo doméstico sean socializadas- es decir, que pase de la esfera privada, donde las mujeres se ven obligadas a cumplir estas labores, a la esfera pública para que así sean funciones garantizadas por el conjunto de la sociedad-, una sociedad en la cual las relaciones afectivas sean libres de opresión y de cualquier dependencia material, superará el terreno en el que crece la actual situación de desventaja, violencia machista y precariedad laboral que tienen rostro de mujer. Una sociedad socialista, basada en la propiedad común de los medios de producción y la distribución de las riquezas según las necesidades de cada cual. Pero pelear por una sociedad así es imposible si no empezamos a enfrentar a los capitalistas hoy.
Las feministas socialistas de Pan y Rosas – estudiantes y mujeres trabajadoras- peleamos en común con nuestros compañeros varones contra la explotación y por un gobierno de trabajadoras y trabajadores para romper todas las cadenas que impiden una vida plena.