El conflicto educativo viene en ascenso y atraviesa al país. Esta semana estuvo atravesada por asambleas y actividades en casi todas las provincias

Larisa Pérez Abogada @Larisaperez_

Javier Nuet @javier_nuet
Sábado 25 de agosto de 2018
El conflicto educativo que viene en ascenso abre un nuevo panorama, que viene acompañado de algunas preguntas. El movimiento de mujeres por el derecho al aborto, que sin dudas ganó las calles y se plantó frente a iglesias y dinosaurios, ¿fue la previa a movilizaciones que se propongan tirar abajo los planes de ajuste y represión que implementan Cambiemos y los gobernadores?
Esta semana mostró algunos síntomas y ejemplos, donde lo central fue el reclamo contra el recorte a las universidades y la paritaria de miseria ofrecida a los docentes, de un 10,8%. Frente a esto, los docentes desarrollan un paro nacional con jornadas de clases públicas y asambleas, a las que se sumaron los estudiantes.
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Si ya los grandes medios de comunicación oficialistas tiraban cortinas de humo para tapar las malas noticias económicas, esta semana se comprobó el cerco mediático para los que se atreven a responder el ajuste en curso. Las movilizaciones masivas y la organización de docentes y estudiantes a lo largo y ancho del mapa argentino dan cuenta de un nuevo momento. Nada de eso se refleja en los medios.
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Córdoba quedó al frente, mostrando la marcha más multitudinaria de la semana, y no sólo ganando masividad y tomando facultades sino también enfrentando la represión del Decano de la Facultad de Derecho y del gobernador Schiaretti del PJ, que utilizaron a la policía para desalojar e intentar frenar la organización que se cuela en el núcleo donde gobierna la derecha católica más rancia
También se destacó Rosario. Ahí, miles de estudiantes y docentes de las distintas facultades de la UNR se concentraron en la Plaza San Martín y se movilizaron hasta la sede de Rectorado. El acto cerró en la sede de gobierno provincial.
En algunas facultades de la UBA también se expresó el descontento. En Filosofía y Letras se conformó una comisión de base de los estudiantes del Ciclo Básico Común, después de cortar la calle el martes a la mañana. Ese mismo día, por la tarde, se hizo un abrazo a la facultad convocado por los gremios docentes. Y el jueves, el Centro de Estudiantes (CEFyL) llamó a una asamblea en la que los estudiantes votaron una serie de medidas como la participación en la marcha nacional del 30 de agosto y declaraciones como, por ejemplo, la exigencia de un Aumento del presupuesto universitario a costa del no pago de la deuda pública.
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La sorpresa, sin embargo, estuvo en Medicina. Ahí los propios estudiantes -más de 500- organizaron la asamblea, a pesar del boicot de la conducción del Centro de Estudiantes (CECIM) en manos de Nuevo Espacio, agrupación ligada a Cambiemos en la ciudad. Además le hicieron pasar un momento incómodo al presidente del centro cuando quiso dar explicaciones y se terminó teniendo que ir abucheado.
Pero estos son solo algunos de los ejemplos. También hubo movilizaciones y actividades en Jujuy, Mendoza, San Luis, Salta, La Pampa, Mar del Plata, Neuquén, Bahía Blanca y varias universidades de la Provincia de Buenos Aires, como la UNGS y la UNSAM.
Para terminar la semana, ayer hubo una jornada durante todo el día con clases públicas en Plaza de Mayo. Los estudiantes presentes, viendo la necesidad de pensar cómo romper el cerco mediático, votaron en una asamblea espontánea hacer un corte en pleno Obelisco.
Mientras ocurría la jornada de clases públicas frente a la Casa Rosada, la nueva respuesta por parte del Gobierno Nacional fue la línea de contra-argumentos bajada por funcionarios en tweets, placas y redes sociales para justificar la oferta salarial de hambre para los docentes.
Sin embargo, no es creíble que el aumento salarial en el país le haya ganando a la inflación en los últimos años, o que el presupuesto destinado a la educación pública sea cada vez mayor.
La mayoría de la población vive en carne propia el ajuste en sus condiciones de vida, con los tarifazos o directamente los despidos. Incluso ven con sus propios ojos el estado de la educación pública, como por ejemplo en la Provincia de Buenos Aires donde siguen movilizados luego del estallido de la garrafa de gas en Moreno.
El movimiento está ganando las calles y va en ascenso. No fue suficiente con querer borrarlo de las portadas de los principales diarios. Logró colarse, ampliarse y fortalecerse. Todas las maniobras de Cambiemos, en alianza con los gobernadores, serán en función de frenar lo que asoma para evitar que se profundice un conflicto que puede ser el anticipo de nuevas respuestas de los trabajadores y de la juventud a sus planes de descargar el costo de la crisis económica sobre sus hombros.
La comunidad educativa tiene planteado un desafío enorme. A diferencia de la última vez que se movilizó en magnitud, hace dos años, esta vez lo hace en un momento mucho más difícil para el gobierno. Atraviesa la crisis económica más importante de los últimos años y además viene cayendo en su imagen positiva desde el robo a los jubilados del diciembre pasado, porque está implementando un ajuste al servicio del capital financiero internacional contra millones de trabajadores y estudiantes. Eso sumado a la resistencia que empiezan a surgir en sectores en lucha como los heroicos obreros del Astillero Río Santiago, o la enorme fuerza que mostraron las mujeres el último 8A.
Esta vez, el gobierno tendrá que decidir si rompe el mandato del FMI y cede a la fuerza que desplieguen docentes y estudiantes en las calles y en los lugares de estudio, o si se decide a mantenerse en su plan de darles migajas para poner contenta a Cristine Lagarde.
En tal caso, solo la coordinación democrática, desde abajo, podrá derrotar ese plan. Hay una apuesta que hacer, y no hay tiempo que perder. Si en todo el país surgen comisiones de base, asambleas que unan a las distintas facultades y claustros; si el gran descontento y las ganas de salir a enfrentar al gobierno que se viene expresando se transforman en organización; entonces vamos a estar en condiciones de decir que podemos, definitivamente, derrotar sus planes.