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Coronavirus. Con récord de contagios en el Estado español el Gobierno lanza un plan inútil y coercitivo

Sacar a los militares a las calles para hacer rastreos de casos o la reutilización de mascarillas al aire libre, son algunas de las medidas que está discutiendo el Gobierno de Pedro Sánchez para hacer frente a la sexta ola provocada por la variante Ómicron.

Miércoles 22 de diciembre de 2021 15:12

A 48 horas de la nochebuena y en medio de un colapso de la atención primaria en muchas provincias del Estado español el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha propuesto utilizar a las Fuerzas Armadas para reforzar el rastreo de casos, contratar a personal de la salud jubilados para reforzar la atención primaria e imponer el uso de mascarillas en el espacio público.

En algunas provincias el colapso de la atención primaria es ya un hecho, debido al progresivo desmantelamiento del servicio y despido de trabajadores de la salud y porque la variante Ómicron está provocando brotes dentro del personal sanitario. Otro problema al que se enfrenta el sistema de salud es la inexistencia o colapso (dependiendo de la provincia) del sistema de rastreo, que en comunidades como la de Madrid, es prácticamente inexistente.

Se está dando una “autogestión” del rastreo, donde son los propios pacientes los que se autodiagnostican con las escasas pruebas de antígenos y contactan con las personas que han podido ser contagiadas. Una situación insostenible que está poniendo en jaque la situación sanitaria a 48 horas del comienzo de las Navidades.

Precisamente esta semana, la presidenta de la Comunidad de Madrid, ha acusado a los trabajadores y trabajadoras de la salud de boicotear la sanidad, pese a que en su propia comunidad se ha estado despidiendo a todos los que tenían un “contrato COVID” vía mensaje de texto y se ha desmantelando el sistema público de salud hasta dejarlo en una situación peor que la previa a la pandemia. Un desmantelamiento apuntalado por el Gobierno central que sigue poniendo el foco de mira en las restricciones.

Sánchez ha propuesto la utilización de mascarillas al aire libre, cuando la evidencia apunta a que gran parte del contagio se produce en interiores. Esta medida choca con todas aquellas que no se están tomando, como las relativas a la seguridad en el trabajo, los colegios y en el transporte público. Una disminución de las ratios en educación, haciendo que las aulas sean más seguras, con más personal y el aumento de trabajadores y unidades en los servicios de transporte público serían medidas mucho más eficaces que la obligación de las mascarillas al aire libre, que ya son obligatorias cuando no puede respetarse la distancia de seguridad, por lo que la medida aporta poca seguridad extra.

Sánchez propone también poner a disposición de la sanidad pública los hospitales militares para aumentar un ritmo de vacunación que ya es altísimo (contamos con un 90% de población vacunada y el ritmo de las terceras dosis y vacunas infantiles va en aumento), pero no dice nada de los recursos de la sanidad privada, que ni siquiera en el Estado de Alarma se pusieron a disposición de paliar la emergencia sanitaria. Muestra así como se trata de un Gobierno que privilegia los intereses privados.

Como medida para fortalecer la atención primaria se propone utilizar personal de la salud jubilado, pese a que el virus afecta más a personas mayores y existe un desempleo juvenil en nuestro país de más del 35%. Con 8000 trabajadores sanitarios despedidos que podrían volver a su actividad, parece un despropósito poner en riesgo a la población jubilada para reforzar la atención primaria.

Aunque estamos en el peor momento de la pandemia en cuanto a número de contagios, superando hoy todos los récords precedentes, el Gobierno garantiza que los beneficios de las grandes empresas se vean afectados mínimamente. Por eso, los vacunados que sean contacto estrecho no tendrán que hacer cuarentena, para evitar que se produzcan bajas masivas que afecten a los beneficios empresariales. Una medida incongruente con el aumento de restricciones que podría estar preparándose para después de las fiestas y con las que ya se han propuesto desde algunas autonomías:

La propia existencia de la variante Ómicron es el fruto de una enorme irresponsabilidad política e inhumanidad por parte de los países imperialistas y ricos, que han acaparado dosis como para vacunar varias veces a su población mientras hay países en el Sur que apenas han vacunado a un 10% de su población.

Otro gran problema es el de las patentes, que habría que haber liberado de manera urgente cuando aparecieron las primeras vacunas. Una muestra de cómo el capitalismo es un sistema tan irracional que ni siquiera es capaz de tomar las medidas que evitan que sus centros financieros se vean afectados por nuevas variantes evitables del virus.