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Red Internacional
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Elecciones EE.UU.. Contra Trump ¿la salida para los latinos es votar a los demócratas?

Según datos del Pew Center, alrededor de 27.3 millones de latinos serán elegibles para votar en el 2016, una cifra superior a los 19.5 millones del 2008.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Miércoles 30 de marzo de 2016

La diatriba xenófoba del millonario, en la que jura y perjura que construirá un muro que pagará México no cesa. Nadie olvida tampoco las ofensivas declaraciones al lanzar su precandidatura por el partido republicano, cuando afirmó que los mexicanos eran “violadores”, “traficantes de drogas” y “criminales”.

Lo cierto es que la grotesca verborrea del magnate de la industria inmobiliaria y hotelera ha impulsado a gran parte de la comunidad latina a registrarse para participar en la elección del nuevo presidente de la mayor potencia mundial el próximo noviembre.

Ben Monterroso, director ejecutivo de la organización defensora de migrantes Mi Familia Vota, declaró a Univision Noticias que “Del 18 de enero al 25 de marzo hemos registrado a 11,750 ciudadanos para votar. Y hemos visto a más jóvenes, más gente haciéndose voluntarios para ayudarnos en esta campaña”.

Son quienes tienen residencia los que reúnen los requisitos exigidos por las instituciones electorales estadounidenses.

De los residentes permanentes que pueden naturalizarse estadounidenses 3.4 millones residen en California y la mayoría son mexicanos. Otros 1.7 millones habitan en Nueva York, 1.3 millones viven en Texas, al igual que 1.3 millones de residentes legales permanentes en Florida.

De acuerdo con el Consejo Nacional de La Raza (NCLR, por su sigla en inglés), la organización hispana más importante en Estados Unidos, dice que en ese país hay unos 28 millones de ciudadanos de origen latino y que unos 12 millones no se han registrado para votar este año.

¿Se pueden frenar los ataques a los migrantes con el voto?

Los republicanos Donald Trump y Ted Cruz proponer deportar a los 11 millones de migrantes indocumentados junto con un paquete de medidas antiinmigrantes que incluye profundizar la política de cárcel y deportación desplegada por las dos administraciones de Barack Obama, demócrata.

Rocío Sáenz, vicepresidenta del Sindicato Internacional de Empleados y Servicios (SEIU, por su sigla en inglés), declaró a Univision noticias “En nuestras manos está decidir quién será el sucesor de Obama y el futuro de la reforma migratoria.”

¿Ah, sí? Barack Obama había prometido a la comunidad latina una reforma migratoria que nunca llegó. Sus defensores alegan “es que los republicanos se lo impidieron, porque dominan en las cámaras”.

En 2014 Obama impulsó las acciones ejecutivas migratorias, DACA y DAPA -que dejarían en suspenso 5 millones de deportaciones-, frenadas por 26 gobernadores republicanos y que están siendo revisadas por la Corte Suprema de Justicia estadounidense.

Y en paralelo a esto, a lo largo de sus dos administraciones se transformó en el “deportador en jefe”, con más de dos millones de personas deportadas -más deportaciones que las que realizó Bush-, lo que trae como consecuencia separación de familias y pérdida de trabajo. Y esto se sumó la apertura de los centros de detención para migrantes, operados por empresas privadas en muchos casos, como explicamos acá.

Ahora Hillary Clinton y Bernie Sanders también tienen una canasta de promesas para los migrantes, que incluyen dar alivio migratorio a los 11 millones de personas que no tienen residencia legal en el vecino del norte.

¿Se les puede creer? Veamos. En 2003, cuando fungía como senadora por el partido demócrata la señora Clinton afirmó estar en contra de los migrantes. En una entrevista radiofónica en la estación WABC “Está claro que tenemos que tomar algunas decisiones difíciles como país, y una de ellas debe ser dar con un mejor sistema de entradas y de salidas, por lo que si vamos a dejar que la gente entre para hacer el trabajo que de otro modo no se haría, tendríamos que tener un sistema que siga el paso de estas personas”. Léase: vigilancia sobre migrantes.

¿Y qué hay de Bernie Sanders? Dicen quienes apoyan a Hillary Clinton que en 2007 votó en contra de una reforma migratoria, pero los permisos de trabajo contemplados en la misma incluían condiciones más leoninas que las del Programa Bracero. Le reprochan también no haber participado de las manifestaciones por los derechos de los migrantes.

Pero más allá de eso, lo cierto es ante la política de criminalización y persecución de los migrantes llevada a cabo por Obama, sólo han hecho tibias declaraciones sin mayores consecuencias. Los latinos que residen en Estados Unidos siguen temiendo las deportaciones, y las duras condiciones de vida que enfrentan son aprovechadas por los empresarios que los contratan por salarios muy bajos y precarias condiciones laborales.

Ni Hillary Clinton ni Bernie Sanders ponen en cuestión el status quo en el cual los migrantes indocumentados, mantenidos en la ilegalidad por Obama, constituyen la mano de obra más precarizada de Estados Unidos. Ni cuestionan el carácter antidemocrático del sistema electoral estadounidense, que no sólo impone innumerables restricciones a la participación de las organizaciones obreras y de izquierda en las elecciones, sino que hasta diluyen la expresión del voto popular a través del voto indirecto. Y así, por el complejo sistema de los superdelegados, puede resultar candidato quien no haya obtenido la mayoría de los votos, así como puede ser electo presidente alguien que no haya tenido la mayor cantidad de votos, como explicamos acá.

Ni el partido demócrata ni el partido republicano tienen nada que ofrecer a los migrantes. La conquista de plenos derechos sociales, políticos y sindicales para los migrantes en Estados Unidos no vendrá de estos partidos. Sólo se podrán lograr conjugando la fuerza de los migrantes con la de los trabajadores que pelean por la suba de salario mínimo a 15 dólares la hora, la comunidad afroamericana que enfrenta la violencia policial. Creando lazos con la clase trabajadora anglosajona que también sufre los abusos de las grandes empresas y de la juventud. Ése es el desafío.

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