A dos años y tres meses de la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa, la demanda de ¡vivos se los llevaron, vivos los queremos! se mantiene vigente, en el tenaz reclamo de sus padres, madres, compañeros y quienes seguimos exigiendo su presentación con vida, nacional e internacionalmente.
Lunes 26 de diciembre de 2016
Más allá de la “verdad histórica” con la que el gobierno federal desde hace meses quiso cerrar el caso, aún no sabemos nada sobre el paradero de nuestros compañeros, mientras que los principales responsables políticos de su desaparición siguen impunes.
¡Fue el Estado!
Es evidente la complicidad de las diferentes instituciones del Estado para evitar que se conozca la verdad. Ahora se sabe públicamente que quien encabezó las investigaciones del caso, como jefe de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, Tomás Zerón de Lucio, manipuló evidencias para sustentar la versión oficial, por lo que luego de verse obligado a renunciar al cargo…¡fue nombrado Secretario Técnico del Consejo de Seguridad Nacional!
Por su parte, el general Alejandro Saavedra Hernández -ex comandante de la 35ª Zona Militar, donde se encuentra el 27º Batallón de Infantería con sede en Iguala-, quien estuvo al tanto de los hechos desde el primer momento, fue promovido a inspector y contralor general del Ejército.
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El Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI) de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), al que apelaron los padres y madres de los 43 para que “coadyuvara” con las investigaciones, se topó con la tajante negativa de las autoridades federales a permitirle interrogar libremente a los soldados que presenciaron los acontecimientos e indagar en los cuarteles.
Es clara la intención oficial de proteger al Ejército, cuyo accionar en labores de “seguridad interna” se disponen a legalizar los partidos patronales. No para combatir efectivamente al narco, con el que las fuerzas armadas están coludidas al igual que muchos funcionarios, como demostraron los hechos de Iguala, sino para fortalecer a esta institución represora y reaccionaria con el fin de evitar por la fuerza que nuevos movimientos sociales desestabilicen al descompuesto régimen político y sus planes contra los trabajadores y el pueblo.
¡Ni perdón, ni olvido!
Ante tanta cerrazón y cinismo, los padres y madres de los 43 decidieron recientemente no continuar con las “mesas de diálogo” que sostenían con la PGR, para seguir con su lucha apelando a otras instancias.
El pasado 20 de diciembre, desde Guerrero iniciaron la caravana “+43 por la Memoria y la Esperanza” rumbo a la Ciudad de México, diferentes estados para hacer escuchar su reclamo de justicia. En el camino, cosecharon el apoyo y la solidaridad de diversas organizaciones sociales y del pueblo en general.
Aunque no con la masividad y fuerza de sus inicios, el reclamo por los 43 sigue resonando en las movilizaciones de diversos sectores, como los migrantes, las mujeres, los estudiantes politécnicos y demás. También en otros países.
Es que la desaparición de nuestros compañeros puso de manifiesto el avanzado grado de descomposición del régimen político mexicano, que además de estar involucrado en la desaparición de estudiantes, mantiene la militarización del país con el pretexto de la "guerra contra el narco”, la cual ha provocado miles de ejecuciones y desapariciones; el feminicidio que se ha cobrado la vida de miles de mujeres; la insoportable pobreza de la mayoría de la población; el despojo de tierras y recursos naturales a las comunidades campesinas e indígenas; la precarización y súper explotación de millones de trabajadores por el avance de las reformas estructurales; todo en beneficio del imperialismo y los grandes empresarios.
Nada bueno podemos esperar de las instituciones y partidos de este régimen, que se preparan para negociar con Trump las nuevas condiciones de su subordinación al imperialismo yanqui, en perjuicio de los trabajadores y el pueblo.
¡La lucha es una sola!
Hace falta una política independiente y amplia para masificar nuevamente al movimiento por la presentación con vida de nuestros compañeros.
Ya se demostró que la investigación oficial no busca dar con la verdad ni con los culpables, sino encubrirlos. Es necesaria una comisión investigadora independiente, encabezada por los padres y madres de los 43 e integrada con académicos e investigadores; organismos de derechos humanos; representantes de organizaciones sociales, sindicales y políticas que se reivindican democráticas, nacionales e internacionales, dotada de plenos poderes mediante la movilización en las calles para llevar hasta el final las investigaciones, hasta dar con el paradero de nuestros compañeros y conocer la verdad.
Hay que exigir que se abran los cuarteles y archivos militares; que se permita interrogar a los soldados; que se castigue por su complicidad a Zerón, Saavedra y a todos los mandos militares y policiacos involucrados; así como a los responsables políticos de la desaparición de nuestros compañeros.
Para enfrentar la represión, la militarización, la anulación de nuestras libertades, los asesinatos de luchadores sociales, lograr la presentación con vida de los desaparecidos y la libertad de los presos políticos, es necesario que ningún movimiento quede aislado e impulsar la más amplia unidad de todos los que luchan: los trabajadores, los campesinos, las mujeres y la juventud.
Es momento de que los normalistas urbanos y rurales nos reunamos en un gran Encuentro Nacional de Estudiantes Normalistas, convocado por la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México (FECSM) y las organizaciones de normales urbanas, para acordar un plan de acción y un pliego petitorio unificado, que se proponga desarrollar la unidad obrero-estudiantil con los maestros en servicio y otros sectores de trabajadores para enfrentar la reforma educativa y las demás reformas estructurales.
La noche negra de Iguala estremeció a la juventud que en diversos países salió a manifestarse por los 43. Son parte de los mismos jóvenes que en Chile luchan por la educación pública; los que en Francia se unieron a los obreros contra la reforma laboral; o los que en el corazón del imperialismo, Estados Unidos, repudian el triunfo de Donald Trump y se solidarizan con los migrantes. El 20 de enero, los jóvenes y trabajadores a ambos lados de la frontera tenemos una cita para manifestarnos en clave antiimperialista e internacionalista contra Trump y todo lo que éste representa. Por los 43, el presente y el futuro de los jóvenes de México y el mundo.