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DOSSIER CONTRA-CULTURA. Contracultura y vanguardia: un debate de estrategias

Una reflexión sobre las luchas sociales en la región, sus alternativas político-ideológicas y el rol de la izquierda.

Raúl Godoy

Raúl Godoy Dirigente ceramista y diputado mandato cumplido del PTS-FIT | Neuquén

Miércoles 14 de junio de 2017 20:59

El concepto de contracultura de la protesta (CCP) tiene la virtud de captar en muchos de sus aspectos una realidad empírica verificable en la provincia de Neuquén (quizás extensible al Alto Valle): la existencia de un conjunto de prácticas combativas, asamblearias, democráticas y contestatarias que involucran un espectro de actores que van desde sectores de trabajadores estatales y docentes hasta obreros y obreras del Parque Industrial, pasando por el movimiento de mujeres, el pueblo mapuche y el movimiento estudiantil.

Si bien fenómenos de vanguardia surgen en muchas luchas o “movimientos” (como hoy el #NiUnaMenos), es un dato que en Neuquén se dio una cierta “permanencia” o continuidad de una vanguardia en el tiempo y entre distintas generaciones, que posiblemente haya vivido su momento de mayor apogeo entre 1997 y 2007, cruzada por el asesinato de Carlos Fuentealba y antes de que se desarrollara en Neuquén la influencia del kirchnerismo (más fuerte a partir de la “crisis del campo” en 2008) que impactó de lleno y dividió aguas en el mundo sindical y del activismo neuquino.

Generalmente, preferimos referirnos a la CCP como “vanguardia neuquina”. ¿Cuál sería la diferencia entre hablar de CCP o de vanguardia neuquina? Desde el punto de vista de la descripción de una realidad empírica, ninguna. Desde el punto de vista político y estratégico, nos parece que el término vanguardia indica con mayor claridad que la CCP no es una totalidad en sí misma y que su acción tiene ciertos límites. En este sentido, quienes la integran pueden estar “más avanzados” que las masas, pero también relativamente separados de ellas, en particular de los “centros de gravedad” del MPN: los barrios populares y los trabajadores petroleros.

Señalemos algunas cosas más sobre la CCP

En ella hay una convergencia de distintas tradiciones, de las cuales se pueden destacar dos grandes troncos: el de la izquierda clasista referenciado en el viejo MAS que dirigió la UOCRA durante los ’80, y protagonizó importantes luchas, aunque dentro de una orientación general electoralista por un lado y sindicalista por el otro. Esta vertiente dio lugar a una diáspora de militantes “sueltos” que fueron a nutrir las organizaciones sindicales o de desocupados (en su momento el MTD) en una militancia sin partido (y a veces “anti-partido”), muchos de los cuales fueron abandonando posteriormente las posiciones clasistas. La otra vertiente es la de la Iglesia referenciada en Jaime de Nevares, que desde una posición progresista confluiría con la centroizquierda en los ’90.

Además de esta incursión política de Jaime de Nevares, la CCP tuvo después del 2001 un intento parcial de representación política que fue Unión de los Neuquinos (UNE). Este partido, promovido por ATE-CTA fue presentado primero como una herramienta política de los trabajadores, aunque con un programa de centroizquierda y se integró rápidamente en el régimen político del MPN, integrando primero el gobierno municipal de Martín Farizano (con Carlos Quintriqueo como subsecretario de RRHH del Municipio), pasando después a un discurso de la “identidad neuquina” y las posteriores alianzas con Quiroga. Otro “pasaje a la política” fue el alineamiento de las corrientes que hoy conforman el TEP de ATEN con el kirchnerismo. Este tipo de experiencias políticas se dieron en el marco de que ATE-CTA y ATEN aparecían como cabeza de la oposición social al MPN, pero manteniendo una práctica esencialmente coporativa en el plano sindical (lucha por reclamos sectoriales). Por último, el surgimiento del Frente de Izquierda generó un espacio político para quienes dentro de la CCP simpatizan con las posiciones clasistas.

En más de 20 años, la CCP sufrió grandes cambios, tanto desde el punto de vista de su radicalidad (no eran lo mismo los piqueteros de los cutralcazos, el movimiento estudiantil del 98’ o los obreros de Zanon resistiendo varios intentos de desalojo, que las luchas sindicales bajo el kirchnerismo) como desde el punto de vista de las distintas estrategias que predominan en cada momento dentro de esa “contra-cultura”.

Desde el punto de vista ideológico, se podría delimitar tres posiciones claramente distinguibles hoy en la CCP: una directamente sindicalista-corporativa que establece como prioridad el reclamo sectorial, una más cercana a posiciones como las de Ernesto Laclau y Chantal Mouffe, que entiende la hegemonía como una articulación de distintas “posiciones de sujeto” sin que ninguna sea un sujeto centralizador y mirando con simpatía el rol del Estado como agente de cambios progresistas y la posición que sostiene la necesidad de una política hegemónica con eje de la clase trabajadora, como sostuvieron con sus matices específicos Lenin, Trotsky y Gramsci. Las dos primeras pueden ser complementarias o sostenidas simultáneamente por los mismos actores.

En la medida en que ninguna de estas tres posiciones logre predominar y abrirse un camino a las masas populares, la CCP o vanguardia neuquina se constituye como una multiciplicidad de actores que luchando por reclamos puntuales se unen en un discurso general más o menos de izquierda o más o menos progresista que busca ampliar o radicalizar la democracia pero no logra formular una estrategia revolucionaria capaz de postular una democracia de la clase trabajadora y los sectores populares.

A partir del peso conquistado en la experiencia de los obreros ceramistas y su posterior desarrollo como corriente en la región, el PTS ha sido y es parte de la CCP o vanguardia neuquina desde una ubicación específica que plantea la importancia del movimiento obrero como sujeto, el control obrero y la ocupación de fábricas como demostración en pequeña escala de que los capitalistas son parásitos de los que podemos y debemos prescindir, la necesidad de una práctica asamblearia y democrática pero con una orientación clasista en los principales gremios de la región, una política “hegemónica” hacia “la comunidad” y por último la independencia de clase frente a las vertientes que llevaban a líneas de centroizquierda.

La experiencia, breve pero intensa, de la Coordinadora Regional del Alto Valle, intentó articular todos estos planos de intervención política, buscando unir las filas de la clase trabajadora entre ocupados y desocupados (la sólida alianza entre el SOECN y el MTD cuando éste era el principal movimiento de desocupados de Neuquén y tenía una práctica combativa), tanto como entre trabajadores agrupados en distintos gremios, buscando la alianza con el movimiento estudiantil y los sectores populares de las grandes barriadas.

Con posterioridad a estas experiencias, planteamos en 2011 la necesidad de articular las luchas de los dos “centros de gravedad” de la CCP, es decir ATEN y el SOECN, para disputar la base popular del MPN con una política hegemónica, es decir una política que tendiera a unir los reclamos sectoriales de los trabajadores con los de los sectores populares, a partir del apoyo conquistado por Zanon y de la relación orgánica de los trabajadores de la educación con las barriadas populares, cuestión que no se materializó por una serie de razones, empezando por el retroceso de la lucha de clases en la región y la posterior derechización del espectro sindical.

La emergencia del Frente de Izquierda a nivel nacional y en particular en la región plantea una serie de interrogantes para continuar con la reflexión.

Además de sectores nucleados en la CCP, el voto al FIT recoge sectores de masas que se expresan electoralmente ante la imposibilidad de hacerlo a través de otras instancias, por falta de agremiación por condiciones precarias o porque en sus lugares de trabajo impera el totalitarismo de la burocracia sindical (petroleros, comercio, etc.). A su vez, una parte importante de la CCP o vanguardia neuquina se siente referenciada en el FIT y lo ve como continuidad política de sus propias luchas en el plano social y sindical. Por último, en barrios populares como el P.I.N. O San Lorenzo, el FIT obtiene altas votaciones para una fuerza de izquierda clasista, llegando a más del 15% en el caso del P.I.N.

Si esto lo unimos a la presencia sindical, cultural, estudiantil, en el movimiento de mujeres y en el plano ideológico de las fuerzas que componen el FIT, el resultado es una fuerza de izquierda de independencia de clase con fuerte implantación en lugares de trabajo y estudio y una porción significativa de apoyo popular. Esto no excluye para nada las tensiones que recorren al Frente de Izquierda, con cuyos integrantes hemos tenido importantes diferencias tanto de política internacional como nacional. Por ejemplo, sobre el golpe institucional en Brasil o la posición ante la crisis venezolana con Izquierda Socialista, la política de intervención sindical con ambos, la política de denuncia de la casta política con el programa de la Comuna de París, la política hacia el movimiento de desocupados y la administración de planes sociales, con el Partido Obrero. Asimismo está abierto el debate sobre el contenido programático de la actual campaña, ya que en nuestro caso consideramos un error contraponer a la lucha por las 6 horas de trabajo un programa mínimo, cuando ambos pueden articularse desde la centralidad de las consignas anticapitalistas. Estos debates son reales y a su vez necesarios, ya que se trata de una coalición de partidos que defiende la independencia política de la clase obrera, pero no de un partido común. En el marco de esa coalición, el PTS pelea por sus ideas. Aún con estas tensiones y diferencias, el Frente de Izquierda se ha constituido a nivel nacional y en Neuquén en particular como una importante referencia para un sector de masas en la región, lo cual a su vez impacta en el debate político al interior de la CCP.

¿Cuál es el destino de la CCP? ¿Hasta dónde puede mantenerse como un espacio de vanguardia sin ganar peso en las masas? ¿Se puede transformar en un espacio con predominancia clara de la izquierda? Estos interrogantes no tienen hoy una respuesta definitiva. La tendrán como resultado de una lucha política, ideológica y de estrategias, que está en curso.