El control obrero es una alternativa ante la crisis mundial que está siendo acelerada por el Covid-19, para que las mayorías laboriosas puedan incidir en las decisiones con el fin de cubrir sus necesidades, como lo demuestran las experiencias del pasado, en donde los trabajadores tomaron la iniciativa.
Lunes 30 de marzo de 2020
Frente a la crisis que ha detonado la aparición del Covid-19, son necesarias medidas para enfrentarla, ya que los Estados y los gobiernos que los dirigen velan por los intereses de los capitalistas y sus empresas, dejando en segundo plano la salud de millones de trabajadores. Así lo muestran gobiernos como el de Francia o Estados Unidos, donde existen planes de rescate a las grandes fábricas, bancos y otros grandes medios financieros y de negocios, al tiempo que no se garantizan los recursos mínimos como los test masivos que tanto se necesitan.
Otros gobiernos como el de Italia fortalecen medidas represivas y la militarización. Están también los que, como López Obrador, se empeñan en minimizar la gravedad de los hechos, para no ahuyentar las inversiones de las grandes firmas extranjeras. La mayor parte posee la misma característica, se niegan a hacer pruebas masivas para detectar y combatir el Covid-19 y cuidan fervorosamente de las inversiones.
Ante esta situación planteamos una salida: el control obrero. Éste, como medida para que las y los trabajadores se involucren en las decisiones de la producción, poniendo al centro las necesidades del pueblo pobre y trabajador frente a la pandemia y no las de los empresarios y sus ganancias.
¿Qué es el control obrero?
Ernest Mandel en su libro Control obrero, consejos obreros y autogestión explica que el control obrero es la organización que forman los trabajadores dentro de su centro de trabajo para llevar a cabo su lucha con el mayor número de posibilidades de éxito, donde se desarrolla la ocupación activa de los mismos, allí los trabajadores reanudan sus labores bajo su propia dirección.
Es un momento en el que se determina quién manda sobre la producción, en la economía o el Estado: el burgués o la clase obrera. En él se pueden desarrollar comisiones obreras que imponga las medidas que más convengan a las masas. Estos movimientos comenzaban con demandas inmediatas de tipo sindical, pero cuando el impulso revolucionario rebasaba las demandas inmediatas, la conciencia de los trabajadores se elevaba a un nivel político, el de la toma de las decisiones.
Por ejemplo, este control fue una respuesta para los obreros parisinos en 1871, cuando tuvieron que enfrentar los estragos sociales causados por la guerra franco-prusiana, lo que finalmente llevó a la Comuna de París. Otro ejemplo es el control que ejercieron los soviets rusos, primero en 1905 cuando el Zar le declaró la guerra a Japón y perdió. Después en 1917 tras los desastres militares y humanitarios provocados por la participación del imperio ruso en la Primera Guerra Mundial, que dejaron millones de muertos.
Otros eventos parecidos que también fueron precipitados por la Primera Guerra Mundial son el control desarrollado por consejos obreros en Alemania en 1919, Hungría en el mismo año, Estados Unidos e Italia (la ciudad de Turín). Todos ellos fueron una respuesta de las masas ante la carestía provocada por la gran guerra imperialista, era necesario cubrir sus necesidades, cosa que el Estado capitalista se negaba a hacer y tuvieron que crear una forma de obligarlo para defender sus derechos.
También existieron experiencias de control obrero en la segunda posguerra, precipitadas por los procesos revolucionarios desarrollados en la ex Yugoslavia, la República Democrática Alemana, Polonia, nuevamente en Hungría, Argelia, Indonesia y en países de América Latina como Cuba, Nicaragua y Bolivia.
Estas son muestras de lo que las masas pueden hacer cuando se organizan, y cuando esa organización es llevada por la clase trabajadora hasta sus últimas consecuencias, aparece el poder obrero, el cual es capaz de dirigir la producción para el bienestar social y no para alimentar la ganancia capitalista.
El control obrero y el covid-19
Claramente no nos encontramos en guerra, en el enfrentamiento bélico entre Estados nacionales, sin embargo, la existencia y expansión del covid-19 nos tiene recluidos o nos obliga a recluirnos o estar sujetos al cese de actividades normales, como si estuviéramos en una guerra. En donde los propios Estados intervienen en la economía de una manera más explicita como lo mencionamos arriba.
Es necesario que se valore seriamente, frente a esta pandemia, qué producción es esencial y cual no lo es; que se piense qué fábricas o maquilas pueden reorientar su producción para aportar al combate del covid-19. Que ahí donde hoy se fabrican aviones o autos, pueda producirse todo el equipo médico necesario como los respiradores. Las grandes maquilas de ropa podrían ser centros para la fabricación de la ropa hospitalaria y las mascarillas de protección, sólo por poner unos ejemplos.
Estas medidas no vendrán de los empresarios que velan por acrecentar sus ganancias, únicamente la clase obrera organizada en sus centros de trabajo podrá imponerle a los patrones los ajustes necesarios para velar por las familias obreras y el conjunto del pueblo pobre. Es por esto que, en este contexto, el control obrero se vuelve clave.
Podría ser aplicado también en los supermercados e industrias de bienes esenciales, para evitar los especuladores acaparen los productos o aprovechen para aumentar los precios de esos productos. Además, el control obrero puede servir para imponerle a los patrones el fin de la precarización laboral y garantizar que los trabajadores de la tercera edad (como los empacadores) puedan aislarse y acceder a subsidios equivalentes al consto de la canasta básica familiar o pensiones dignas, según sea el caso.
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La perspectiva es que la clase obrera asuma la dirección de los principales resortes económicos para evitar situaciones como hambrunas (como lo hizo el control obrero en el siglo XX), o en este caso la carestía de cosas necesarias para enfrentar la pandemia. Además de presionar a los gobiernos para que tomen medidas como las pruebas masivas para detectar, tratar y evitar la propagación del virus.
También es necesario que se impidan los despidos, los recortes salariales, la disminución de las prestaciones. Hay que abolir el trabajo precario que, en medio de la pandemia, obliga diariamente a millones de asalariados a salir a trabajar, exponiéndose a los brotes porque no les queda otra alternativa, ya que viven al día, lo cual empeora por la falta de servicio médico. Es crucial pues la basificación de estos trabajadores, para que puedan acceder a los derechos mínimos, y con ello se pueda hacer efectiva la cuarentena y la reclusión en sus casas de los sectores no esenciales.