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Arte y Cultura. Corazón de chocolate: El suicidio del trabajador de fruna llevado al teatro

La compañía de teatro Ocaso Teatro estrenó su nuevo montaje antes de la crisis del COVID, con una obra inspirada en la historia del trabajador que se quitó la vida en fruna el año 2017.

Sábado 4 de abril de 2020

El siete de marzo del mes pasado la compañía Ocaso Teatro, que en la Región Metropolitana es conocida por montajes como “Chilenito” y “La Pichanga”, estrenaba un nuevo trabajo titulado “ Corazón de Chocolate”, tristemente, por la expansión de la pandemia del Coronavirus su funciones están canceladas, sin embargo en esta nota te contamos porqué es importante que esta obra no pase al olvido y apenas se reanuden las presentaciones hagas lo posible para verla.

El montaje fue trabajado en medio de la vibra del estallido social y tomando las experiencias del pasado, que han marcado a nuestra juventud y a la clase trabajadora, construyó una obra que puede ser uno de los gritos más sordos de indignación, impotencia y denuncia al hablar de la historia de Rolando Venegas, el trabajador que se quitó la vida en la fábrica de fruna el 2017 y su compañera Marisol Muñoz.

La Historia detrás de la dramaturgia

Bajo la dirección de Rodrigo Aro Silva y la escritura de David Gajardo Gúmera, la obra nos cuenta, la vida de una pareja de trabajadores jóvenes que compartían las ilusiones y los desaires de la vida cotidiana, cuyo desenlace abrupto término el día el 29 de abril de 2017.

Ese día, hace casi cuatro años, perdieron la vida dos trabajadores en las dependencias de la empresa fruna, uno de ellos era Rolando Venegas, quien dejó una carta a su compañera, en donde explica las causas de su decisión: "Mi vida, me cansé de esta fábrica por no valorarme mi trabajo. Lucha por tu derecho perdona esta decisión por favor. Toda la culpa la tiene don: José Luis Flores y Juan Gonzalez. Toda las cosas que pasaron en esta sección de molino. Mi vida la plata esta en el velador esplicale a mis hijos los quiero muchos mi vida perdóname por esta dicicion. Te quiero mucho”.

Los hechos hablan por sí solos, la precarización laboral, el acoso y el matonaje por parte de los que protegen los intereses empresariales acabó con las ganas de vivir de este trabajador, siendo una víctima más del rapaz capitalismo.

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Crónica de un dulce suicidio

El montaje relata de una forma muy consistente y desgarradora las dinámicas que se viven al interior de las fábricas, el acoso laboral, la competencia a la que te empuja el sistema y el desalentador choque de las expectativas de vida con la realidad del capitalismo, que para la mayoría ofrece pobreza, miseria y desilusión.

Pero la vida es bastante agridulce, hay cosas que pueden ser bellas incluso si no se nos permite disfrutarlas. La actriz y cantautora Loreto Araya junto a Leonardo De Luca son los encargados de encarnar a los personajes principales y representar la contradicción entre las amarguras y las alegrías de la vida cotidiana. En este sentido el relato explora por igual el sentimiento amargo de la sensación de abandonarse y la “falta de vida interior” que parece experimentarse en episodios depresivos agudos junto con la intensidad de la sensación de enamoramiento y la agitación que provocan las expectativas del amor romántico, de algo duradero e incondicional.

Una obra de denuncia, con humor negro

Aun con toda la hipocondría de la obra, esta no se queda atrás con el humor, que con colores fluorescentes en las maquinarias de la fábrica, que no deja de funcionar a costa de la tragedia de sus empleados, balancea la combinación justa para causar indignación en el espectador.

Pues es con bailes y cánticos que la patronal personificada en “El Perro” pretende esconder la muerte debajo de las cajas apiladas con dulces, mientras sus trabajadores continúan laburando shockeados por la caída de sus compañeros, logrando el perfecto cruce entre un humor descarado y la posición indolente de los empresarios ante la vida de la clase trabajadora.

El suicidio es una enfermedad del capitalismo : “ Se nos escapa la vida en el trabajo”

En chile se suicidan cinco personas diariamente, anualmente constituye una taza de 1.800 personas,(Subsecretaria de Salud Pública) , pero por otro lado otra gran parte de la tasa de suicidios corresponde a la tercera edad, hasta el año pasado según el INE la tasa de suicidio en adultos mayores era de 17,7 casos más en relación a la cifra nacional.

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Las causas del suicidio en ambos grupos son múltiples, en este caso la que desarrolla la historia de “Corazón de Chocolate” es la sensación de en vida haber acabado con la misma, con una sensación de desvalorización profunda impulsada por expectativas no cumplidas, hundiéndose dolorosamente en lo que significa decir “Se nos escapa la vida en el trabajo” y sentir que a pesar del esfuerzo no hay remuneración que valga el tiempo dejado en las fábricas.

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El teatro y la vida en tiempos de Coronavirus

Con la pandemia del Coronavirus encima, los miedos y el pánico se agudizan, la realidad de la depresión y el suicidio conviven peligrosamente dentro de este panorama. A esto se suman las perspectivas de una crisis económica, peor que la del 2008, lo que será un gatillo importante para la desesperanza y la incertidumbre, más aún cuando no hay un sistema de salud capaz de abarcar ni la crisis del COVID ni los problemas de salud mental.

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El arte en la cuarentena

Por todo lo anterior, las muestras artísticas que retratan un pedazo de la vida, son un precedente que cuenta sobre lo que queremos y lo que no, ya sea explorando la ficción o la realidad, el arte es un expresión de lo que vivimos como sociedad. Por lo mismo es vital apoyar los proyectos, más aún cuando los pronósticos amenazan con empobrecer aún más a un sector importante de artistas independientes, que son precarizados.

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Ficha técnica

Compañía: Ocaso Teatro.

Dramaturgia: David Gajardo Gúmera.

Dirección: Rodrigo Aro Silva.

Elenco: Loreto Araya Abdala, Leonardo de Luca, Jéssica Velásquez, Valentina Torrealba, Nidia Vargas, Gerald Havliczek y David Gajardo.

Composición musical: Tomás Peña, Martín Becerra, Alejandro Tapia.

Iluminación: Diana Fraczinet.

Diseño de vestuario: Elizabeth Pérez.

Diseño de escenografía: Sebastián Escalona.

Asistencia de dirección: Valentina Carmona.

Sonido: Gonzalo Soto.
Prensa: Claudia Palominos