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Red Internacional
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Arte. Córdoba: el Grupo Edisur y el espejismo de un arte encorsetado

La constructora Edisur pretende embellecer countries y grandes inmuebles con murales decorativos para unos pocos. Los artistas no somos simples productores de mercancías.

Viernes 18 de marzo de 2016

Bajo el pomposo título “El arte en casa: murales”, el Grupo Edisur publicó esta semana en La Voz del Interior una nota que pretende generar “tendencia”, incorporando murales dentro de sus construcciones, contratando a artistas muralistas con el fin de dar un perfil de nueva “alternativa para decorar la casa”.

Esta empresa constructora, que opera en una provincia donde ya es cotidiana la notica por los casos de accidentes y muertes obreras en las obras, amasa millonarias ganancias con el negocio inmobiliario y se puede dar el lujo de “marcar tendencias”. Y lo hace confinando al arte a embellecer countries o grandes inmuebles, claramente dirigidos a un reducido público, y muy alejado del pueblo trabajador.

El lucro, el mercado, y la insaciable codicia capitalista, relegan al arte a ser un mero producto realizado sólo por aquellos que pueden acceder a sus conocimientos, y en este círculo vicioso somos los artistas los que terminamos “decorando” la vida del mejor postor sólo para poder vivir de lo que hacemos.

Esta práctica es moneda corriente: Empresas que controlan y financian grandes muestras de compra y venta de obras. O mediante sponsors invierten en espectáculos, premios, incentivos, etc. Todo dirigido a enriquecer al sector empresarial y no al pleno desarrollo artístico.

Cuando en realidad es el Estado el que debería invertir en cultura, de la misma forma que debería invertir en educación, en salud. Es el Estado el que debería brindar las herramientas para que el arte no sea exclusivo sólo para un sector pudiente.

Así, empuja a los artistas a ser simples productores de mercancías, a estar regidos por las normas de un mercado que plantea “quién llega y quién no”; "qué es feo y qué es bello"; "qué es lo nuevo y qué no lo es"; incentivando así la competencia de quién será consagrado y quién no. Todo esto disfrazado de un encanto en el cual el artista se siente en completa libertad de crear. Este espejismo aleja la práctica artística del sujeto de su capacidad crítica y de su compromiso social.

Qué hermoso sería que el arte, esa sensible expresión del ser humano, esa pasión de conocer, de jugar, de cuestionar sea parte de la vida cotidiana de cada uno de nosotros. Aquella expresión que nos permite reencontrarnos con lo más profundo y con todo lo que nos rodea.

Qué bello es pensar un mundo donde la imaginación no tenga límites, donde la plenitud del hombre le permita disfrutar todo a su alrededor.

No conquistamos mercados al crear… sino sensaciones

Desde Bataclana, como artistas independientes, sabemos lo difícil que se hace vivir de lo que hacemos porque tal como lo entendía Marx, el artista debe naturalmente ganar dinero para poder vivir y hacer arte. Pero en ningún caso debe vivir y hacer arte para ganar dinero.

Hacemos arte porque es el mejor medio que encontramos para comunicarnos, para expresar lo que no nos conforma. Pretendemos desnaturalizar todo lo que nos imponen y sobre todo cuestionar, preguntar, indagar, transformar. Nuestro arte no puede sólo decorar, porque queremos y soñamos con otra vida completamente distinta, en donde el arte sea parte natural del ser humano. Por ello pretendemos cuestionar esta mercantilización que nada tiene que ver con la producción artística, sino más bien con las condiciones de producción de circulación y de reconocimiento que el capital privado y, la ausencia del Estado, marcan como el único circuito/escenario posible.

Nuestro Espacio Cultural tiene las puertas abiertas para debatir y profundizar en esta y en otras problemáticas, porque queremos organizar la necesidad creativa para ser actores consientes en este convulsivo tiempo que nos toca vivir.