Sin considerar la salud mental de los miembros de las comunidades educativas, la corporación bajó el valor de la hora ofrecida para los especialistas.
Sábado 19 de marzo de 2022
A semanas del inicio de la jornada escolar completa en varios establecimientos del país, podemos observar cómo han golpeado con más fuerza los problemas estructurales del sistema educativo en Chile: diversos contagios de covid muestran nuevas razones para poner en la palestra el viejo problema de la insostenibilidad de tener 40 o más estudiantes en sala; saltan por doquier denuncias por las insuficiencias de las infraestructuras de los colegios; el agobio en docentes, estudiantes, trabajadores de la educación y familias es evidente.
Además, las comunidades educativas han vuelto a retomar el ritmo luego de dos años de pandemia, donde la educación, sus rutinas y procesos se vieron fracturados. Las clases durante las últimos días se han desarrollado en medio de denuncias de casos de violencia de género, de discriminación y de violencia entre pares de estudiantes.
En el gremio docente también se resiente el agotamiento: muchos de ellos trabajan alrededor de diez horas cuatro de los cinco días que asisten a los establecimientos, sin contar todo el trabajo que realizan en sus hogares. Durante mayo del año pasado, una encuesta realizada por la Universidad del Desarrollo, arrojó que el 77% de los docentes reporta sentir estrés. En paralelo, un 49,8 % dice sentir frustración, un 41% angustia, 59% de los profesores comenzó a presentar ansiedad, un 55,1 % insomnio, un 41% irritabilidad, un 34,1 % aumento del apetito y un 22,8 % desánimo. Preocupante si además consideramos que a esta fecha ya se ha comenzado a presentar licencias por salud mental.
Es por eso que resuena con lastimosa impotencia la decisión de la Corporación de Educación de San Miguel (cuya alcaldesa es Erica Martinez, militante de Convergencia Social que integra al Frente Amplio del presidente Boric) de bajar el valor hora de las psicólogas de los colegios, lo que ha tenido directo impacto en los mismos, ya que a semanas de haber iniciado las clases, algunos no cuentan con estas/os profesionales para atender las múltiples necesidades que en el contexto descrito, aquejan a los estudiantes y comunidad educativa.
El Colegio de Profesores y todos los sindicatos deben llamar a asamblea en todos los establecimientos, no sólo para rechazar estas medidas arbitrarias, sino también para organizar realmente las necesidades de la vuelta a clases y definir cómo hacerlo de manera que se priorice la salud de todos los miembros de las comunidades educativas.

Nuestra Clase
Somos la agrupación de trabajadores de la educación Nuestra Clase, de Chile. Quienes conformamos esta agrupación somos compañeras y compañeros independientes y militantes del PTR