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Red Internacional
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OTRO CASO MÁS DE CORRUPCIÓN. Corrupción y desigualdad social en México

Cena de gala de la revista Time. Agasajado: Jorge Ramos, conductor de Univisión, el principal noticiario en español en Estados Unidos. La denuncia de corrupción contra Peña Nieto y el cuestionamiento a la tapa “Saving México”: el plato imprevisto.

Bárbara Funes

Bárbara Funes México D.F | @BrbaraFunes3

Jueves 30 de abril de 2015

México, D.F. – 29 de abril de 2015

Foto: CENCOS

En este evento donde él era uno de los agasajados, Jorge Ramos se pronunció contra la censura a la prensa en México y cuestionó la consabida tapa del “Saving México” del semanario Times, anterior a la crisis abierta por la desaparición forzada de los 43 normalistas de Ayotzinapa.

Más aun, se despachó contra el gobierno de Enrique Peña Nieto y denunció su corrupción por el conflicto de intereses ante la compra de la casa blanca de Angélica Rivera y de la mansión del secretario de Hacienda, Luis Videgaray, en Malinalco. Y protestó porque el equipo de periodistas que investigó esos hechos, dirigidos por Carmen Aristegui, fueron censurados y despedidos por MVS.

Más allá de la cena de gala, este episodio protagonizado por Jorge Ramos revela el enorme desprestigio que pesa sobre Enrique Peña Nieto.

Y el gobierno mexicano decidió intentar mejorar su imagen. Según declaró a La Jornada Virgilio Andrade, secretario de la Función Pública, “a partir de este próximo viernes desde el presidente de la República, los secretarios de Estado, la procuradora General de la República, el consejero jurídico de la Presidencia y 206 mil funcionarios públicos más estarán obligados a presentar su declaración de conflicto de interés, sobre presuntos vínculos con empresas e instituciones de beneficiencia”.

Con esta medida, que el gobierno se investigue a sí mismo, pretenden recomponer su desgastada imagen.

Parece chiste, pero el presidente cuestionado por sus mansiones, no sólo nombró a Andrade como titular de la secretaría de la Función Pública, sino que le dio la orden de investigar los contratos otorgados a la empresa que edificó su casa en Ixtapan, así como los que obtuvo el Grupo Higa, compañía que es propietaria de la “casa blanca”, de Angélica Rivera, y que también financió la mansión de Luis Videgaray.

Andrade, amigo funcionario

Mientras anuncian medidas “cosmética” para tapar el monstruo enorme de la corrupción en México, ante el descontento generado por las mansiones de Peña Nieto, Videgaray, y la vorágine consumista en tiendas de lujo de Beverly Hills de la primera dama, Angélica Rivera, sus hijas y sus hijastras, resurge la pregunta: ¿quién es el titular de la Secretaría de la Función Pública?

Virgilio Andrade Martínez, nombrado en su cargo apenas en febrero de este año, ocupó antes otros puestos en la función pública: al inicio de este sexenio, fue nombrado titular de la Comisión Federal de Mejora Regulatoria, en la Secretaría de Economía. También fue consejero electoral del extinto Instituto Federal Electoral (hoy devenido Instituto Nacional Electoral), entre 2003 y 2010.

Tuvo otros puestos, pero destaca su inicio en la función pública como asesor de Ana Paula Gerard, secretaria técnica del gabinete económico de Carlos Salinas de Gortari, su segunda esposa, entre 1989 y 1990.

Dichos populares sobre los funcionarios públicos

Lo cierto es que los altos mandos del gobierno están muy cuestionados. Tal vez más que otras gestiones. Pero la corrupción no es algo nuevo. El ingenio popular plasmó en palabras la crítica –o tal vez cierta naturalización– de las prácticas políticas corruptas. En BBC Mundo publicaron una nota donde recopilaron algunas de las expresiones más arraigadas en México sobre la corrupción y los políticos, que reprodujeron otros portales, como Animal Político.

“‘No importa que robe, pero que salpique”: una burda justificación del enriquecimiento de políticos y funcionarios en el puesto, siempre y cuando compartan las ganancias.

“No quiero que me den, sino que me pongan donde hay”: quien la utiliza desea ser colocado en una posición privilegiada en el gobierno donde pueda enriquecerse.

“Un político pobre, es un pobre político”: dicho de Carlos Hank González, exgobernador del Estado de México y ex alcalde de la capital del país, quien acumuló una gran fortuna al crear empresas que fueron contratistas del gobierno, en algunos casos mientras él era funcionario público.

Ricos más ricos, el pueblo, cada vez más pobre

Más allá de las sonrisas que puedan generar estos dichos, lo cierto es que expresan una realidad que no es privativa de México. Casos de corrupción como el que se destapó en Brasil, donde los protagonistas son funcionarios del Partido del Trabajo y altos mandos de Petrobras, o en Chile, son moneda cotidiana.

Estos hechos dan cuenta de que quienes gobiernan lo hacen en interés de los empresarios y las trasnacionales, que alimentan generosamente las fortunas personales de los funcionarios de gobierno.

No es una manzana podrida, es el capitalismo que funciona así. Los gobiernos de turno no son más que las gerencias a sueldo de los magnates. Su principal función es mantener la “paz social” de los explotadores para que los explotados sigan alimentando a los parásitos que viven a costa del trabajo ajeno.

El partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena), en voz de Andrés Manuel López Obrador, su principal dirigente, mientras llama a cambiar este régimen asesino en las urnas, posición con la que debatimos acá, sostiene que se acaba con la corrupción con funcionarios honrados, y que así se terminará con la desigualdad social, tal como afirmó en entrevista a El Universal.

Desde el inicio, los abultados salarios que ganan los altos mandos de gobierno ya contrastan groseramente con los salarios de miseria que perciben un maestro o un trabajador, como en el caso de los senadores.

¿Por qué quiénes gobiernan deben tener esos privilegios, mientras 2.5 millones de niños mexicanos entre 5 y 17 años trabajan para subsistir, en terribles condiciones? ¿Por qué, si muchos están coludidos con el narcotráfico, como se evidenció con la desaparición forzada de los normalistas de Ayotzinapa, y ahora con los nexos entre el hijo del exgobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, y la Tuta, un conocido líder de un cártel del narco? ¿Por qué reciben salarios millonarios si la mayoría son agentes de las trasnacionales a las que les entregaron en bandeja de plata los recursos energéticos?

¿Por qué los funcionarios ganan millones en México la mayoría de la población tiene que vivir con salarios de miseria, con $4000 por mes (menos de 270 dólares) si les va bien?

Porque gobiernan para los magnates como Carlos Slim y para el imperialismo estadounidense

Los salarios de miseria hacen atractivo a México para las inversiones extranjeras: el costo de la mano de obra es de las más económicas del mundo. Cuando venden los automóviles, la ropa, las piezas para aviones que fabrican los trabajadores, sólo una ínfima parte del dinero resultante de esas ventas millonarias van para el pago de salarios que apenas permiten malvivir. La mayoría del dinero se lo quedan las empresas, y una parte de esas ganancias se destina a la vida de lujo y ostentación que se dan los empresarios. Ésa es la base de la desigualdad social, no la corrupción, que no es más que una pieza en el funcionamiento del capitalismo.

Hasta hace poco tiempo, se estimaba que el costo de la canasta familiar en México era de $15,000 aproximadamente, unos mil dólares. El conjunto de la clase trabajadora necesita unirse para luchar por trabajo para todos, repartiendo las horas de trabajo entre quienes hoy laboran y quienes no, para terminar con las agotadoras jornadas laborales de 9, 10, 12 horas o más, pero sin rebajar el salario. Al contrario, deben exigir el aumento del salario al nivel de la canasta básica.

Es necesario luchar contra esta brutal desigualdad de salarios millonarios para los funcionarios mientras que para los trabajadores y el pueblo hay sólo miseria, y que todo cargo político reciba el mismo salario que una maestra o un trabajador.

A la par, consideramos que la única forma de acabar con la corrupción es la lucha por echar abajo el sistema capitalista, que la engendra y la mantiene.