La crisis económica contraviene las promesas de la 4T y deja la peor parte a los trabajadores, ya que entre abril y mayo la pobreza laboral se elevó a su nivel máximo histórico.
Martes 6 de octubre de 2020
Como venimos apuntando desde este medio, los despidos masivos, las rebajas de salario, descansos y todo tipo de sanciones o violaciones a la Ley Federal del Trabajo o los Contratos Colectivos de Trabajo, con el pretexto de la pandemia, han traído un alza enorme en las dificultades económicas de la mayoría de la población.
Lo cual se demuestra con cifras del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), ya que apunta a que entre enero y marzo al 35.7% de la población trabajadora no le alcanzaba para pagar la canasta básica. En mayo este porcentaje llegó a 54.9% de las personas en el país.
Antes de la crisis sanitaria, tres de cada diez trabajadores se encontraban en pobreza laboral, ya que a pesar de que tenían un empleo o una actividad económica, sus ingresos no les alcanzaban para comprar lo básico para su subsistencia. Entre abril y mayo esta proporción incrementó a cinco de cada diez trabajadores.
El organismo advirtió que la información proviene de la Encuesta Telefónica de Ocupación y Empleo (ETOE), con la que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) sustituyó la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), suspendida por la pandemia.
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Esos datos le permitieron “generar un diagnóstico de la pobreza laboral” durante la pandemia por el SARS-CoV-2. Y uno de los resultados es que entre abril y mayo “se observa una caída del ingreso laboral real de 6.2%”. En abril, los trabajadores recibían en promedio 1,516 pesos. Para mayo, ganaban 1,422 pesos.
Con ello, la masa salarial –es decir, la suma de las remuneraciones que reciben todas las personas que trabajan— también disminuyó.
“El tamaño de la tragedia laboral que estamos viviendo lo confirma Coneval”, mencionó Rogelio Gómez Hermosillo, coordinador de Acción Ciudadana frente a la Pobreza, “son 20 puntos porcentuales más que a principios de año. Es impresionante, son más de 10 millones de personas más a las que no les alcanza para lo más básico”, agregó.
La precariedad laboral es la realidad de millones de trabajadores en México desde siempre, sin embargo, ese nivel de pobreza laboral reportado no se había registrado antes en el país. En la crisis económica del 2009 casi 40% estaba en la precariedad, incluso trabajando. El porcentaje más alto al que se llegó fue en el 2014, cuando se alcanzó un pico de 43% de trabajadores en pobreza.
Por otra parte, el informe del organismo, destacó que en el empleo informal, no existen prestaciones laborales ni acceso a los servicios de salud, “está teniendo un papel más relevante que el formal cuando se trata de dejar de estar en una situación de pobreza laboral”.
“Porque, pese a que habrá quienes logren en esta modalidad generar ingresos suficientes para comprar una canasta alimentaria, no tienen servicios de salud durante una pandemia, no cotizan para una pensión, no tienen prestaciones’’, subrayó Rogelio Gómez.
Las precarias al frente
El Coneval hizo hincapié en que las mujeres han sido las más afectadas por esta crisis. “Lo cual podría profundizar la brecha existente entre hombres y mujeres en el mercado laboral”, advierte.
Esto es algo que ya se veía venir, pues son mujeres quienes han estado en las primeras líneas de defensa contra el COVID en los centros de salud, pero también en las líneas de producción arriesgando la vida, como ocurrió por ejemplo, en las maquiladoras del norte, con la “reapertura económica”.
Esta desigualdad, señala el informe, se agrava especialmente con las trabajadoras del hogar.
En efecto, las mujeres se han visto sometidas a dobles jornadas laborales, en especial aquellas jefas de familia, que tienen que cargar con el peso del trabajo, pero también el de las labores domésticas o el cuidado de los niños y los enfermos en casa.
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¿Qué soluciones necesitamos los trabajadores?
El Coneval pidió “focalizar la atención en los grupos más vulnerables”, así como atender los sectores de servicios y comercio, donde hay más desempleo y precariedad laboral. Y también a las personas jóvenes o de más de 60 años y las mujeres, las poblaciones más empobrecidas en esta pandemia.
“Es importante crear mecanismos de respuesta de corto plazo”, dijo el Coneval, como las transferencias monetarias directas. Rogelio Gómez, quien también coordina el Observatorio del Trabajo Digno (OTD), recordó que varias organizaciones y legisladores están solicitando la aprobación del ingreso vital: 3,746 pesos al mes por al menos tres meses.
“El Estado mexicano le encargó al Coneval hacer esta tarea de evaluación y propuestas. Espero que todos los actores: gobiernos federal, estatal, municipal y el Congreso se den cuenta del tamaño de la tragedia y hagan algo”, señaló.
El gobierno federal mantendrá la política de recuperación del salario mínimo, y las empresas lo van a apoyar, sostuvo Rogelio Gómez.
Sin embargo, durante esta pandemia -y de hecho, mucho antes- nos ha quedado claro que rol juega el Estado contra la clase trabajadora. Fuimos testigos de cómo el empresariado recrudecía las formas de trabajo y nos veíamos obligados a tomar turnos dobles, a aceptar rebajas de sueldo y de más cosas para poder sobre vivir, todo mientras el gobierno no solo no prohibía esta clase de medidas, sino que además perseguía a los trabajadores que organizan por su derechos.
Más allá de las propuestas que vierte el Coneval, hay que decir que antes de la pandemia ya existía precariedad laboral, de hecho ésta es inseparable del actual sistema económico, y no se trata de implementar ayudas o soluciones “en lo inmediato”, que sean de corto alcance y poca duración.
Aunque la responsabilidad de garantizar empleos dignos y bien remunerados es del Estado, sabemos que no basta con implementar ayudas o “estrategias” para intentar subsanar la enorme crisis económica. Necesitamos un cambio de fondo, una solución que no vendrá de la mano del gobierno ni del empresariado y que únicamente puede salir de la clase trabajadora.
Por eso es importante que ante los despidos y los recortes salariales los trabajadores en lucha y todos los que están enfrentando las consecuencias de la crisis actual que estamos viviendo se organicen y construyan un Movimiento Nacional contra la Precarización y los Despidos que sea de manera independiente al Estado y los partidos patronales y en unidad con los demás sectores en lucha.
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