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Red Internacional
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Medio Ambiente. Crisis Ecológica: El capitalismo es responsable

El planeta atraviesa hoy una crisis medioambiental que pareciera no tiene punto de retorno. ¿Es posible obtener una solución en los marcos del sistema capitalista?.

Sábado 24 de abril de 2021

La respuesta es no. Esto porque el capitalismo busca obtener y maximizar ganancias sin importarle la condición de los recursos naturales (si se renuevan o no) y mucho menos los efectos que su actividad productiva genera en los ecosistemas. A palabras de Engels “el capitalismo es incapaz de controlar las fuerzas productivas, que crecen más allá de toda razón - incluyendo los destructivos efectos impuestos a los entornos naturales y sociales (...)”.

Esta destrucción desenfrenada que reproducen las fuerzas productivas sobre la naturaleza (local, regional y mundial), ha sido a lo largo de la historia cada vez más intensa, y ocurre porque bajo la lógica capitalista “se busca conquistar la naturaleza a fin de someterla a las leyes de acumulación y competencia del capital” (Marx y Engels), es decir, existe una alienación de la naturaleza a las relaciones sociales capitalistas.

Contaminación industrial, deforestación, degradación y agotamiento del suelo, desertificación, glaciares extintos, zonas oceánicas muertas, pérdida de vida oceánica como los arrecifes y, deterioro general de las condiciones ambientales, son el resultado de estas formas de producción destructivas y descontroladas, que buscan “conquistar la naturaleza”, al más puro estilo de esos imperios coloniales que saquearon (y siguen saqueando) África, América y Asia.

Esta orientación económica, ha significado un cambio profundo respecto de cómo la humanidad se relaciona entre sí y con el hábitat que ocupa, ya que esta producción capitalista busca un resultado inmediato donde lo que interesa es el crecimiento en cantidad (cuantitativo) del capital y no el respeto por el desarrollo o tránsito natural de los elementos que constituyen a la naturaleza:

“(...) junto con el mayor dominio de la naturaleza se oculta una tendencia sistemática hacia crisis ecológicas expansivas, ya que todo intento de conquista de la naturaleza desafía los límites de las leyes naturales y eso solo puede conducir a catástrofes ecológicas”. (Engels)

Los seres humanos somos consumidores de los recursos naturales (o materias primas como las denominan algunos) del planeta, pero ese consumo no puede ser a costa del deterioro sostenido de este, ya que sus consecuencias están siendo irreversibles. Por lo mismo, no podemos esperar que la clase burguesa, que reproduce este modelo económico, sea quien levante estrategias de cuidado y/o mitigación porque sus soluciones son paliativas y sostienen estas actividades productivas aunque signifique la muerte de especies o desaparición de sus hábitat.

Por esto mismo, defender el medio ambiente es una actividad peligrosa, especialmente en América Latina, pues es la región donde más activistas medioambientales han muerto en condiciones "extrañas", han sido asesinados o reciben constantemente amenazas de muerte. El pasado 22 de abril entró en vigor el Acuerdo de Escazú, el primer tratado que contiene disposiciones específicas para la promoción y protección de las personas defensoras del medio ambiente en América Latina. Sin embargo, un acuerdo no es suficiente para proteger las vidas de los activistas ni el medioambiente, pues no detiene la explotación irracional del capitalismo.

Una mirada a las formas de producción de las culturas aborígenes, y una lectura de intelectuales que han pensado las relaciones productivas nos dan algunas luces respecto de qué es lo que debemos hacer. Lo claro de momento, es que se debe transformar a nivel planetario el modelo productivo considerando racionalmente su relación con la naturaleza y las limitaciones que a largo plazo este puede generar.

En este escenario, las y los revolucionarios estamos obligados/as a pensar una ecología que permita condiciones de vida óptimas y sin perjuicio del medio natural, y esa forma es la perspectiva de vida comunitaria. Sabemos que la clase capitalista mundial jamás cederá sus privilegios y mucho menos pondrá su capital a disposición de una forma de vida comunitaria, por lo que solo un proceso revolucionario permitiría corregir la catástrofe que asoma en el horizonte próximo de la humanidad y el planeta.