Montajes, asesinato a comuneros mapuche, corrupción y represión han marcado el carácter de la institución. El gobierno de Piñera intenta legitimarse cortando cabezas en los altos mandos y anunciando reformas. El Frente Amplio exige la “democratización” de las Fuerzas Armadas ¿Qué respondemos los Trotskistas al problema de la policía?

Francisco Flores Cobo Egresado/Gradista de Derecho U. de Chile
Martes 15 de enero de 2019
La Constitución heredada de la dictadura establece que carabineros está encargado de “garantizar el orden público y la seguridad pública”. Esta frase intenta esconder una realidad que para muchos no será difícil de confirmar: la policía defiende, por la fuerza y con el monopolio de las armas, un “orden público” que protege esencialmente los intereses de los grandes empresarios y el Estado. El pueblo mapuche es reprimido para salvaguardar los intereses de las forestales, huelgas como la de los portuarios en Valparaíso buscan ser disueltas violentamente para cuidar el negocio del empresario Von Appen, los estudiantes han sido torturados en las comisarías por buscar ponerle fin a las ganancias de los empresarios de la educación.
A mayor lucha en las calles, mayor es también la violencia ejercida por carabineros, ejemplos de aquello abundan, y así lo confirma el Instituto Nacional de Derechos Humanos (INDH), luego de publicar el documento Informe Programa de Derechos Humanos, Función Policial y Orden Público 2016, donde manifiestan su preocupación por la constante violencia policial y el aumento reiterado de las denuncias, principalmente tras movilizaciones sociales.
A decir verdad, esta realidad tiene poco de novedad. Todo estado moderno (capitalista) se encuentra dotado de destacamentos especiales de hombres armados que actuarán con violencia contra todo movimiento que cuestione o interrumpa el ritmo de producción capitalista. Esa es la función principal y por la que fueron creadas las policías. La fantasía de que estas fuerzas de seguridad y orden nos protegen de la delincuencia y son “del débil el protector”, es simplemente una gran farsa. Marx explicó con gran claridad que la policía y el delito son instituciones complementarias. El aparato policial y un sistema basado en la desigualdad material alimentan el delito, y estos elementos se entrelazan en negocios comunes. [1]
Si esa es la función esencial de las policías ¿existirá reforma posible que garantice el fin de la represión?
Piñera anuncia “modernización” y “más transparencia”, al mismo tiempo que implementa la ley de seguridad del estado en territorio mapuche; no busca más que perfeccionar y facilitar la tarea de reprimir.
Y desde la izquierda, ¿qué plantea el Frente Amplio? En su sitio oficial las medidas más llamativas son: desmilitarizar carabineros, formación en DDHH para los uniformados y acceso universal a las escuelas de formación de la policía.
Sin duda, que la desmilitarización de la policía y, por ende, la disolución de Fuerzas Especiales, es una consigna básica, que toda organización que se llame de izquierda debería levantar, ya que es urgente, por ejemplo, la desmilitarización de la Araucanía ahora, exigiendo la salida inmediata de Fuerzas Especiales del territorio Mapuche. Pero el problema no acaba ahí, policías no militarizadas y “más democráticas” o formadas en DDHH, no cesarán en su función represiva. En Estados Unidos, por ejemplo, la policía tiene un carácter civil y existe la tradición de elegir mediante voto al sheriff o jefe de la policía, sin embargo, igual es una de las policías más brutales y racistas del mundo que todos los años mata a cientos de negros y latinos.
Cualquier crítica o reforma a carabineros se convertirá en una consigna utópica si es que no se avanza a cuestionar el carácter de clase de esta institución. Por más reformas y cursos de derechos humanos que se implementen, la función para la cual fueron creados estos cuerpos especiales no cambia: buscan defender la propiedad y los intereses de los grandes empresarios y el Estado.
Este escenario nos obliga a concluir que no hay reforma ni mejora posible para la represión, tenemos que eliminarla. El avance de lucha de los trabajadores, las mujeres, los mapuche y la juventud será directamente proporcional al avance de la represión.
Para enfrentar esa violencia centralizada del Estado, la labor de defensa debe ser autoorganizada por los trabajadores y el pueblo oprimido, como lo demuestran los chalecos amarillos en Francia. Pero también ejemplos históricos de aquello existen: Alemania en 1848, parís en 1871, Rusia en 1905 y 1917, España en 1936. El Frente Amplio prefiere olvidar estas enormes batallas de la clase obrera y jugar a la utopía que significa maquillar con “más democracia” a una institución cuyo esencia es la represión. Por nuestra parte, no depositaremos ninguna confianza en reformar la policía, su carácter de clase es indisoluble y la única salida se encuentra en la destrucción del aparataje estatal que la sostiene, para oponerle la autoorganización de los sectores explotados y oprimidos, en la perspectiva de construir un gobierno de las y los trabajadores.
[1] “Los debates sobre la Ley acerca del robo de leña”, en Marx, K., En defensa de la libertad. Los artículos de la Gaceta Renana. 1842-1843, Fernando Torres Editor, Valencia, 1983, traducción de Juan Luís Vermal