A pesar del negacionismo de Trump, la crisis del coronavirus está haciendo estragos no solo en la salud de los estadounidenses, sino también entre las y los trabajadores que están siendo despedidos de a millones. Mientras las empresas esperan millones del rescate estatal, ha comenzado entre los trabajadores un proceso de luchas que pueden multiplicarse en el próximo período.

Juan Andrés Gallardo @juanagallardo1
Jueves 2 de abril de 2020 15:15
La cifra asusta, es la más alta desde el fin de la Segunda Guerra Mundial y se estima que la tasa de desempleo podría llegar al 15 % este mes, superando el récord anterior del 10,8 % durante la profunda recesión de 1982.
Tan solo la última semana 6.6 millones de estadounidenses pidieron el subsidio de desempleo lo que se suma a los más de 3 millones que lo habían hecho la semana anterior. Esto da la cifra sin precedentes de casi 10 millones de personas que han perdido sus trabajos en Estados Unidos en las últimas dos semanas, producto de la paralización por la crisis del coronavirus.
Este número, que opaca las predicciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) que hace unas semanas había pronosticado 25 millones de nuevos desocupados en todo el mundo, tienen lugar incluso cuando Estados Unidos no paralizó por completo su industria. La política negacionista de Donald Trump, que hasta ahora había estado privilegiando mantener la economía encendida, hizo que no exista una cuarentena nacional ni generalizada, por lo que salvo los estados más críticos, empezando por Nueva York, en muchos casos mantienen su actividad aunque más reducida que lo habitual.
El panorama deja ver la catástrofe a la que puede llegar la situación en Estados Unidos, que se ha convertido en el centro de la pandemia a nivel mundial con 216.000 contagios hasta este jueves.
La mayor economía del mundo, en la que el coronavirus ha causado ya más de 5.000 muertes, hace tan sólo un mes registraba un índice de desempleo del 3,5 %, la más baja en medio siglo y considerada próxima al pleno empleo. Ahora, el despido de casi 10 millones de trabajadores en tan solo dos semanas equivale al total de empleo destruido en los primeros seis meses y medio de la llamada Gran Recesión de 2008-2009.
Algunos economistas calculan que la tasa de desempleo podría llegar al 20 % a mediano plazo, el doble de lo registrado en octubre de 2009, cuando el país recién llevaba tres meses en la penosa recuperación tras la Gran Recesión.
El sector de hoteles y restaurantes fue el más golpeado, pero el impacto también se ha extendido a los servicios de cuidado de la salud, las fábricas, el comercio minorista y la construcción.
La semana pasada California registró el mayor número de solicitudes del subsidio por desempleo con 879.000 trámites, después de 186.000 en la semana anterior.
En Pensivania, las solicitudes semanales aumentaron de 377.000 a 406.000; mientras que la semana pasada hubo 366.000 pedidos en Nueva York; 311.000 en Michigan; 276.000 en Texas; 272.000 en Ohio; 227.000 en Florida y 206.000 en Nueva Jersey.
Los perdedores y los que no pierden nunca
En medio de la pandemia los primeros en ser golpeados son las y los trabajadores, que en Estados Unidos no tienen indemnización por despido y quedan completamente desamparados y dependiendo del subsidio estatal. Las empresas por su parte mostraron no estar dispuestas a entregar nada de las ganancias acumuladas en el período anterior. Al mismo tiempo que esperan ser beneficiadas con el rescate multimillonario que prepara el Gobierno, ya se apresuraron a despedir a sus trabajadores para no tener que pagar un solo día de licencia por enfermedad, o suspensión temporal de la actividad, un concepto que es prácticamente inexistente entre la mayoría de los trabajadores.
Las empresas sin embargo no van a perder un solo dólar, el Gobierno aprobó con el acuerdo de los demócratas en el Congreso un paquete de rescate de 2,2 billones de dólares, una cifra histórica, destinada en su gran mayoría a rescatar al sector bancario, financiero, industrial, de servicios, turismo y entretenimiento, entre otros. Solo una porción ínfima de ese rescate está destinado a los sectores más pobres y a los millones que están perdiendo sus empleos. Ellos recibirán como mucho un cheque por 1200 dólares cada uno, y otro de 500 dólares por cada hijo, y sería por única vez. Pero este monto solo llegará a aquellos que tenían un trabajo registrado, es decir que quedan afuera millones de inmigrantes, indocumentados y trabajadores informales.
La situación en Estados Unidos cambió abruptamente en tan solo unas semanas, como también ha ocurrido en muchos otros países. Hasta hace tan solo un mes todas las miradas estaban puestas en las internas del partido demócrata para saber quién sería el contrincante de Trump en las elecciones de fin de año. El magnate neoyorquino por su parte esperaba un año sin sobresaltos y una carrera limpia hacia la reelección, sin embargo la crisis social y sanitaria del coronavirus y el brutal aceleramiento de la crisis económica impactó de lleno en sus aspiraciones presidenciales.
Pero esta crisis no solo alteró la carrera electoral, también lo hizo con la vida de millones de trabajadores y trabajadores. Aquellos que aun tienen empleo han comenzado a realizar huelgas, piquetes y acciones en todo el país demandando desde condiciones seguras para trabajar hasta el cierre de sus fábricas garantizando el pago en algunos lugares considerados no esenciales. Esto se vio en los últimos días en las huelgas de Amazon, Whole Foods, Instacart, enfermeras, recolectores de residuos y donde una de sus expresiones más importantes fue la exigencia los trabajadores de General Electric que piden que la fábrica reconvierta la producción para poder manufacturar los respiradores artificiales que son tan necesarios en un país donde la privatización del sistema sanitario vuelve obsoletas las herramientas estatales para responder a una pandemia de esta magnitud.
Todo indica que este escenario se va a agudizar. Junto con el aumento de la crisis es esperable que también se multipliquen las acciones de trabajadores que pelean por hacerlo en condiciones seguras, y posiblemente a ellos también se sumen los millones que comienzan a quedar desempleados y que ya no tendrán nada más que perder.
La práctica en la lucha de clases, inicial pero extendida, por las condiciones de precarización laboral de las últimas décadas, que fueron desde los fast foods hasta los grandes supermercados, pasando por los almacenes de distribución y logística, y la organización de los inmigrantes, pueden servir como un ejercicio previo para las tareas que la clase obrera estadounidense tendrá por delante en el próximo período. Por su parte, los millones de jóvenes que han dicho simpatizar con la idea de socialismo, los que formaron parte de la campaña de base de Bernie Sanders con la esperanza "de acabar con la desigualdad", aquellos que comenzaron su militancia en organizaciones de izquierda como el DSA, junto a aquellos que en esta crisis empezarán a ver el rostro más brutal del capitalismo imperialista, podrán ser los aliados ineludibles con los que las y los trabajadores necesitaran contar cuando salgan a las calles.
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Juan Andrés Gallardo
Editor de la sección internacional de La Izquierda Diario