En el marco de los tarifazos, cortes de energía y anuncios de obras para remediarlos, intentamos analizar la producción y el consumo energético, y su relación con la salud pública y el medioambiente.
Andrés Arnone Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (UBA)
Sábado 3 de diciembre de 2016
En los últimos años la privatización y vaciamiento de las empresas de servicios públicos y la desinversión en materia de energías fósiles, minerales o renovables, nos lleva a cuellos de botella cada vez mayores, muy por detrás de las necesidades del pueblo trabajador.
Los últimos veranos tuvimos problemas en la distribución en el último eslabón de la cadena, personificado en Edesur y Edenor todos los días, a causa de la desinversión, sin todavía estar frente a apagones generales por estar superada la oferta de energía disponible.
Alejando un poco el zoom, el verdadero problema de escasez objetiva de la energía se vislumbra cuando el rendimiento energético de recursos no renovables comienza a decaer, ya sea gas, petróleo, uranio u otros.
En el caso del petróleo en 1930, momento en el que el principal productor de petróleo del mundo eran los Estados Unidos, para extraer un barril de crudo sólo era necesario invertir un 1 % de la energía contenida en el mismo. Es decir, se obtenía una Tasa de Rendimiento/retorno Energético de 100. Esto porque los primeros yacimientos explotados contenían un petróleo de altísima calidad a escasas profundidades, en lugares accesibles y fáciles de bombear como Texas. Este cálculo de rendimiento TRE es influido también por el tipo de infraestructura del transporte, las distancias hasta los centros de consumo, etc., para poder realizar todo ese proceso, por lo que varía según la región.
La TRE del petróleo, tomando las mediciones de la Academia de Ciencias de Nueva York en EE. UU., a medida que se van, la cantidad y calidad disminuye. Esta ganancia energética decreció hasta un 10 % por cada unidad de energía invertida. En el caso del fracking la ganancia energética del petroleo es poco mas de 1 % y del shale gas en 3 %. El gas “normal” se ubicaba entre un 10 % y 25 % de ganancia y el carbón de 65 a 80 % de ganancias energética, cosa que impulsó al nuevo presidente Donald Trump a posicionarse a favor del carbón, y los proyectos de implementación de captura de emisiones de carbono en este tipo de plantas térmicas, y hasta poner en duda el rol de las emisiones del CO2 en el calentamiento global.
La energía nuclear tienen una ganancia energética de 10 %, la de la energía eólica varía de 20 % a 30 % o mas según la frecuencias de viento regional, la hidroeléctrica un 100 % o mas según la altura de su salto y caudal, la solar casi 10 % a 25 % según la nubosidad y Heliofania, la leña un promedio de 25 %, el bioetanol 5 % y la biomasa con un 60 a 70 % con la desventaja de ocupar suelo para alimentos o bosques que absorben CO2. En términos de calorías alimenticias, 80 litros de biocombustible equivalen a la alimentación de una persona durante un año.
Otro de los indicadores para comparar el impacto ambiental de cada modo de producción de electricidad es la cantidad de CO2 emitidas por kw/h: una central de carbón emite cerca de 1.000 g/kwh, el gas unos 430 gr/kwh. Aunque no genera CO2 en su funcionamiento, la energía nuclear y las renovables consumen combustibles durante la obtención de materiales, la construcción, transporte, reparación, etc. Los paneles solares-fotovoltaica emite durante su fabricación unos 100 g/kwh, mientras que los generadores eólico e hidráulico unos 20 gr/kwh.
En el caso de una central nuclear basada en uranio es de 35 a 66 gr de CO2/kwh. Si tenemos en cuenta el confinamiento de miles de años de sus residuos, y elementos reemplazados del reactor que permanecen radioactivos, el consumo energético es muchísimo mayor, debiéndose seguir pagando aun cuando las minas de uranio se hayan agotado. En el caso del uso de otros minerales como el torio, métodos futuros de energía de fusión de hidrógeno, o reciclaje o la transmutación de residuos podrían en teoría solucionar parte de estos inconvenientes, pero no es lo que esta al alcance de la mano por el momento.
Esto puede ser si se utilizan otras fuentes renovables de energía para su fabricación y transporte.
TRE Tan Importante Como Evasivo by La Izquierda Diario on Scribd
Desde 1973, sin embargo, los indicadores de productividad laboral, la inflación y las tasas de crecimiento habían sido bajas. Puede ayudar a ello verlo desde una perspectiva teórica que reconozca la importancia de los recursos naturales, especialmente el rendimiento energético de decreciente de los combustibles; puede ayudar a entender la forma en que las ciencias naturales condicionan el esquema de crecimiento infinito con recursos finitos propios del capitalismo.
En el ámbito de los estudios de una eficiencia energética se estima que un 10 a 20 % de rendimiento o retorno permitiría una sociedad industrial burguesa desarrollada, bajo la planificación anárquica del mercado. Una baja de este rendimiento llevaría a una mayor pauperización en el nivel de vida de la mayoría de la sociedad y a crisis mayores entre las burguesías. O sea, esperar que el propio mercado lleve el barril de petroleo, el gas o el carbón sean demasiado caros, U$S 100 o más como para que ellos decidan invertir en energías renovables no es una opción.
Tengamos en cuanta que el cambio climático en curso requerirá más energía para mantener el sostén vital de la sociedad, como obtener agua para producir alimentos en sequías o inundaciones cada vez mas frecuentes.
Una transición a marcha forzada hacia energías renovables con tal rendimiento energético solo podrá venir de la planificación democrática de trabajadores y consumidores.
Si el socialismo apuntara a replicar el nivel de consumo que tienen las ínfimas minorías en la principales sociedades capitalistas del mundo, objetivamente no alcanzarían los recursos materiales para impulsar un consumismo bajo control obrero, por lo que será necesario definir qué significa el desarrollo de las fuerzas productivas, cuales son sus objetivos cuantitativos y cualitativos, qué y cómo se produce.
A raíz de la desinversión acumulada en nuevas exploraciones y de no haber implementado un plan de energías renovables, se debe importar cada año de petróleo por unos U$S 7.000 millones y gas por U$S 6.000 millones. Además el estado subsidia a las empresas petroleras, a raíz de los bajos precios de commodities, bajo la excusa de cuidar los puestos de trabajo. Algo que saldría más barato si les pagara directamente a los trabajadores en vez de pasar por los bolsillos de las empresas.
Como alternativa, el Frente de Izquierda propuso luchar por una ley para la prohibición del fracking, la estatización de los pozos y empresas privatizadas de energía, así como la implementación de un plan de energías renovables para su reemplazo y dejar de quemar plata, literalmente, para generar energía.
Renovar etapa 1
Frente a esto, uno de los caballitos de batalla presentados por el PRO como muestra de la “lluvia de inversiones” es el programa RenovAr. Su primer licitación pública adjudicada prevé una inversión de U$S 1.800 millones en energías renovables, por un total de potencia instalada de 1109 MW y producirá por año 3970 GWh, casi el 3 % de los GWH consumidos en Argentina. Los mismos estarán ubicados: Santa Fe, una planta de biogas por 1,2 MW, en Buenos Aires, Neuquén, Rio Negro, Chubut, Santa Cruz y La Rioja se instalaran generadores eólicos por 768 MW, mientras que en Jujuy y Salta se instalarán 400 MW de energía solar.
Con estas obras se dejaría de importar petróleo por 300 millones de dólares (U$S 50 el barril) y evitarían la emisión de 2 millones de toneladas de CO2 (dióxido de carbono) a la atmósfera, el equivalente a la contaminación de unos 900.000 autos.
Aranguren y Sergio Bergman participaron en el panel "La construcción de una economía verde en la Argentina", en el marco del “mini Davos” realizado recientemente. Allí invitaron a los inversores a traer sus dólares, respetando el cuidado del ambiente, a tono de un discurso de “capitalismo verde”. Sin embargo detrás de este supuesto “respeto al medio ambiente”, se sigue incentivando la extracción de petróleo y gas mediante el fracking, y la megaminería para la obtención de uranio, dos de los métodos extractivos que mayor contaminación y resistencia popular causan.
Tanto la megaminería como el fracking utilizan los químicos responsables de problemas respiratorios, daños cerebrales, desórdenes neurológicos y tumores debido a la contaminación del agua y del aire, tanto en las personas que viven alrededor de estas explotaciones y también a las personas que trabajan en ellas.
También hay anuncios no confirmados de otros 15 mil millones aun sin licitar.
La “pesada herencia” nuclear del kirchnerismo
En este marco de agotamiento de los combustibles fósiles, y los millones que se gastan en importarlos, avanzó el convenio iniciado en 2015 por Cristina Kirchner y el mandatario chino Xi Jinping (y ratificado por el gobierno de Mauricio Macri), para la construcción de dos centrales nucleares con una capacidad de 1700 MW, por un costo de U$S 15.000 millones. Una barbaridad comparado con lo que se podría instalar en equivalentes renovables.
Estas obras se pintan como una alternativa “verde” a la producción de energía basada en petróleo, gas y carbón, sin embargo tienen otros inconvenientes. No negamos la posibilidad de futuros avances, ni los usos actuales en la medicina nuclear, sino que hacemos un análisis sobre los efectos concretos en la salud y vida de los trabajadores y sectores populares. Posiblemente puedan existir en algún momento desarrollos de otros modelos de reactores no basados en uranio, sin residuos radioactivos, o futuras tecnologías que pueda producir energía en abundancia con un mínimo impacto ambiental.
Este plan nuclear 2015-2025 prevé una inversión de U$S 31.000 millones, e incluye estas dos centrales, la extensión de vida útil de las Centrales Atucha I, Embalse, mantenimiento de otras instalaciones y plantas de procesamiento del uranio como Dioxitek, que fue echada de Córdoba y mudada a Formosa, con un amplio movimiento de rechazo ante esta.
La página oficial del Ministerio de Energía y Minería intenta enmarcar esta mega inversión dentro de su “estrategia ecológica”, por el solo hecho de no emitir gases de efecto invernadero (CO2): “Cabe aclarar que nunca se interrumpió el plan de expansión nuclear sino que por el contrario se amplió en el marco de la consolidación de una diversificación de la matriz energética nacional, tal cual lo ocurrido con las energías renovables, que junto a la nuclear son las fuentes que permiten mitigar la emisión de gases de efecto invernadero”.
¿Cuál es la probabilidad de un accidente nuclear? A Cuantas personas afectaría un accidente en las plantas nucleares de Córdoba o Buenos Aires. Cuando los accidentes finalmente ocurren poco le importan las probabilidades y estadísticas a los muertos y enfermos. Según un estudio dirigido por el Dr. Lelieveld, profesor del Instituto Max Planck de Química (Alemania), un accidente nuclear catastrófico como los de Fukushima o Chernóbil puede producirse en alguna de las 450 centrales existentes en el mundo, una vez cada 10 o 20 años.
Ademas de esta alta probabilidad de accidentes, la contaminación de la energía nuclear empieza con la que genera la minería basada en ácido sulfúrico, para extraer un mineral con solo algunos meses de vida útil y miles de años de gastos en el presupuesto para mantenerlo confinado.
A raíz de estos planes y de los costos en pesos devaluados, las empresas, el Ministerio de Energía y Minería y la CNEA reflotan sus proyectos para explotar (literalmente) los yacimientos uraníferos de Cerro Solo (Chubut), Tinogasta (Catamarca), Los Andes (Salta) y Tilcara (Jujuy) con gran oposición popular a los mismos.
Entre los años 1955 y 1996, consumió 2.509 t U a partir del desarrollo de ocho Complejos Mineros Fabriles: Malargüe (Mendoza), El Tronco (Salta), Don Otto (Salta), Pichiñán (Chubut), Los Gigantes (Córdoba), La Estela (San Luis), Los Colorados (La Rioja) y San Rafael (Mendoza). La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) indica reservas por 15.000 t U y estima otras 50.000 t U que requieren prospección-exploración.
En Argentina son 8 los minas de uranio abandonadas al día de hoy sin tratamiento por la CNEA: Malargüe, Huemul y Sierra Pintada (Mendoza), Don Otto (Salta), La Estela (San Luis), Los Colorados (La Rioja), Pichiñán (Chubut) y Los Gigantes (Córdoba). También hay proyectos avanzados de nuevas minas de uranio en Jujuy, gobernada por Morales (UCR/PRO), en Chubut , gobernada por Das Neves (PJ), en Catamarca gobernada por Corpacci (FPV).
Es por todo esto que existe gran resistencia y movilización popular ante la apertura de estas minas, se conquistaron leyes en algunas provincias que las prohíben y se debe importar uranio por U$S 20 millones cada año, a costa de la contaminación y salud pública del pueblo trabajador de otros países donde las mineras tienen mucho mas poder político.
En este sentido el Frente de Izquierda impulsa la lucha por una Ley Nacional para prohibir la megaminería contaminante en todo el país.
Sustentabilidad energética, social y ambiental bajo control obrero y popular
Para reemplazar por energía renovables los 97.500 GWH generados por combustibles nucleares y fósiles, la superficie que ocuparía la “pisada” de 46.000 molinos eólicos y la de su respaldo mediante varias lagunas de bombeo, sería como la de Capital Federal (pero diseminada a lo largo del país).
Tomando de referencia los precios de las últimas licitaciones presentadas en Argentina y Uruguay, producir ese caudal eléctrico, tomando un cálculo de viento inusualmente bajo y almacenar energía mediante lagunas de bombeo, tendría un costo de unos U$S 480.000 millones.
¿Parece mucho? Esa cifra podría bajar más si las obras las ejecutaran empresas estatales, bajo administración de obreros y consumidores. No es de un día para otro que se puede levantar ramas enteras de la producción, pero tenemos el ejemplo de muchos países atrasados que lo lograron gracias a la planificaron económica e inversión directa estatal, por fuera del mercado.
En materia de generación descentralizada, el gobierno está también impulsando la instalación de generadores de dos vías, que podrán vender a la red la energía que no utilicen, algo que permitiría menor desperdicio de energía al ser transportada por líneas de alta tensión desde las centrales.
Sería distinto si el Estado destinara fondos para la generación descentralizada a quien lo desee, pero no para vender energía individualmente, sino para beneficio colectivo de su energía no consumida, ya que la energía limpia es una medida para cuidar el medioambiente y la salud pública.
Asimismo el Estado podría apoyar la asociaciones de técnicos, instaladores, profesionales etc, en torno a organismos estatales, centros de investigaciones de universidades, etc., en vez de crear un nuevo nicho de negocios privados.
Hay recursos suficientes para la reconversión energética. Recientemente Macri, realizó un descuento a las retenciones al campo, una verdadera “donación de ingresos” hacia los grandes terratenientes que significan U$S 4.000 millones cada año.
También vemos que bajo la estafa de la deuda externa, se deben U$S 220.000 millones. No pagar los intereses anuales de la deuda liberaría más de U$S 10.000 millones por año. Además los “empresarios nacionales” tienen depositados en el exterior ganancias de unos U$S 400.000 millones, ganancias producidas con el trabajo cotidiano de los trabajadores.
Las empresas que sean estatizadas especializadas en estas obras, que bajo la autogestión democrática de sus propios trabajadores, técnicos y profesionales, y financiadas con los fondos provenientes a partir de su estatización, podrían multiplicar rápidamente las distintas formas de generación de energías renovables, tanto centralizadas como descentralizadas, a un precio mucho menor, al no depender del freno a los proyectos que significa ”seducir inversionistas privados”, sin importar si se trata de generación centralizada o descentralizada.
Energía para qué
Además del debate tecnológico en si mismo, y la transición hacia las energías renovables dentro de la transición al socialismo, está la cuestión de fondo de saber por qué se necesita producir tanta electricidad.
A nivel mundial industrial el capitalismo esta cruzado por la obsolescencia programada. La industria usa el 31 % de la energía, desperdiciando materia prima, energía y mano de obra para fabricar a propósito productos de mala calidad, casi descartables, o de dudosa necesidad social. En la mega minería se consumen cantidades exorbitantes de agua y energía para extraer cosas que tienen poca “utilidad real” como el oro, más relacionado con la especulación financiera.
En la agricultura también se utilizan gran cantidad de energía para sembrar, no para dar comida a las personas, sino a para alimentar el mercado especulativo de granos o de biocombustibles.
El funcionamiento de viviendas y oficinas, absorben un 41 % de le energía por no haber tenido en cuenta los altos consumos para iluminación, calefacción o refrigeración, dando la espalda a los técnicas de diseño sustentable solo por ahorrar costos durante su construcción. El transporte consume el 28 % de la energía y, ya que los propietarios de las empresas automotrices fueron quienes estuvieron dentro de los principales Estados del mundo, dictando las políticas de transporte para encajar sus productos, que gastan 7 veces más que el FFCC o 15 que el transporte por canales de navegación.
El uso del automóvil tiene que ver más con un estilo de vida y planificacion urbana diseñado desde la oficinas de las grandes empresas.
La precarización del trabajo y de las condiciones ambientales, fueron una de las principales condiciones para la acumulación originaria del capitalismo. Los cielos cubiertos de smog que existían en el siglo 19 sobre Inglaterra los vemos hoy en China, cada uno principales productores de manufacturas y contaminador de su tiempo (China utiliza actualmente, tanto carbón como el resto del mundo). Todos estos factores son reflejo de un consumo de recursos sin sentido ni planificación alguna, más que la de obtener la mayor ganancia en el menor plazo posible que premia el régimen de propiedad privada.
Cuando existen tecnologías de energías renovables hace años, en generación como en métodos de almacenamiento de energía, no existe razón alguna para que jueguen a la ruleta rusa con las salud de miles de personas, solo para beneficiar la tasa de ganancia de unos pocos empresarios.
Es absolutamente posible reemplazar la energía fósil y nuclear, las cuestiones de por qué no se aplican masivamente pertenecen ya a la esfera política, a la búsqueda de ganancias del capital, el lobby minero y petrolero, la convivencia entre el Estado y contratistas privados, etc.
Esto es una muestra de la necesidad de que el pueblo trabajador luche por el derecho a su salud y a la vida, reorganizando la sociedad de desde abajo, liberándolo de la explotación y opresión del capital, dando un uso racional a los recursos, la energía, decidiendo cómo y qué cosas producir en cada rubro de la economía.
* Este artículo es una versión desarrollada de la ponencia presentada por el autor en el encuentro Alternativas para una soberanía energética, organizada por el Observatorio Petrolero Sur el pasado 24 de noviembre.