La Presidenta enfrentó abiertamente a la llamada “marcha de los fiscales” en la Cadena Nacional. Las contradicciones de la estrategia de polarización. Convergencias y divergencias con otros momentos críticos en los años kirchneristas.

Fernando Rosso @RossoFer
Jueves 12 de febrero de 2015
"Nosotros nos quedamos con el canto y a ellos les dejamos el silencio, que es porque no tienen nada que decir o porque no pueden decir lo que piensan", dijo Cristina al final de su discurso a la militancia en uno de los patios de la Casa Rosada.
Antes había sentenciado que "no vamos a tolerar ningún Braden más", en referencia a los fondos “buitre” que publicaron los patrimonios de los funcionarios del gobierno. Defendió especialmente a Florencio Randazzo, pre-candidato del Frente Para la Victoria, uno de los denunciados por los “buitres”.
La polarización parece ser la estrategia hacia la marcha del próximo 18F, convocada por una fracción de la casta judicial, a la que adhirió la oposición tradicional y que está siendo fogoneada por las corporaciones mediáticas opositoras.
Las referencias al embajador norteamericano en los tiempos de Perón (Spruille Braden), la respuesta a los “buitres” y a la llamada “marcha de los fiscales”, pretenden ubicar al Gobierno en posición defensiva y víctima del asedio y hasta de un “golpe blando” de corporaciones nacionales e internacionales. Cristina Fernández ubicó objetivamente al 18F como posible vehículo de esta estrategia y en ese marco les dijo en la cara que hagan lo que quieran con su “silencio”.
No se puede negar que con la crisis abierta por la muerte dudosa del fiscal Alberto Nisman, corporaciones políticas, empresariales, mediáticas y de inteligencia, intentan utilizar el momento para desgastar al Gobierno. Pero la presente crisis contempla elementos más complejos que afectan a factores sensibles del Estado.
Crisis y crisis
Hubo otros momentos críticos que atravesó el kirchnerismo cuando estallaron crisis que en realidad eran el resultado de sus propios límites. Fueron circunstancias en las que apostó a una estrategia de polarización. La crisis por la Resolución 125 en 2008, que enfrentó al Gobierno con la oligarquía y la patronal agraria o la expropiación parcial de las acciones de Repsol en YPF en 2012 que generó la disputa con la multinacional española. En los dos casos, las contradicciones estallaban como resultado lógico de su orientación: la apuesta al enriquecimiento y desarrollo de una burguesía agraria en una economía primarizada que salió a las rutas cuando el Estado pretendió aplicarle un aumento en los impuestos, o los años de vaciamiento y saqueo de las petroleras hasta casi generar la quiebra energética del país. La posterior indemnización a la empresa española y la reprivatización a manos de Chevrón, y lo que algunos llamaron la “reconciliación de la soja y el populismo”; demostraron que la “polarización” fue una estrategia del momento para intentar salir de la crisis con una medida “bonapartista” por izquierda. Las recuperaciones vinieron de la mano de la vuelta a cierto crecimiento económico.
La contradicción que tiene esta estrategia hoy es que se despliega frente al caso de una muerte dudosa de un fiscal del Estado que generó una conmoción nacional. Además, provocó el retorno de la larga historia de impunidad y muerte en la causa AMIA (donde 85 personas perdieron la vida), y destapó la trama oculta y criminal del aparato de inteligencia nacional.
Como se sabe las muertes violentas son el límite tolerable por la amplia mayoría de la sociedad argentina y esto es el producto de una relación de fuerzas histórica desde la caída de la dictadura a esta parte.
Blumberg y Nisman
Esta crisis tiene más puntos de contacto (y es de mayor gravedad política por todo lo que la rodea) con la producida por las movilizaciones impulsadas por el ingeniero Juan Carlos Blumberg en 2004, frente a la muerte violenta de su hijo y en las que reclamaba por derecha reforzar el aparato represivo. En abril de aquel año, Blumberg movilizó a cerca de 150.000 personas y hubo otras movilizaciones importantes en los meses siguientes. En aquel entonces y en los inicios de su gobierno (y del ciclo kirchnerista), el entonces presidente Néstor Kirchner no impulsó la estrategia de la “polarización”, sino la de la capitulación. Aceptó la reforma del Código Penal y la aprobación de las “Leyes Blumberg” que aumentaban su carácter represivo.
Hoy, en medio de que salta a la escena la podredumbre que rodea a uno de los núcleos duros del Estado (los servicios de inteligencia), con carpetazos hacia todos lados y una guerra de espías en pleno desarrollo; la propuesta de “reforma” no permitió retomar la iniciativa política. Entre otras cosas, porque es poco creíble el control y la reforma de los servicios de inteligencia, relacionados íntimamente con las fuerzas de seguridad, la justicia, los servicios internacionales y hasta parte del periodismo.
En otro lugar analizamos las enormes diferencias entre la polarización de los inicios del ciclo de “nacionalismo burgués” que representó el peronismo y que permitió el “Braden o Perón”, con el fin de ciclo kirchnerista.
Si en otras oportunidades, la estrategia de “polarización” con salidas reformistas fue demostrando su falsedad en varios tiempos, hoy frente a una crisis que engloba a los núcleos del Estado, la orientación propuesta aparece desnudando desde el inicio toda su impotencia.
Mucho más, cuando la propia naturaleza de la coalición de gobierno es un “obstáculo epistemológico” y político para tomar medidas que realmente terminen con el poder de los espías y de la casta judicial.
La crisis Nisman pone en evidencia y en un solo acto la enorme distancia entre relato y realidad. El Gobierno produce mucho más “polarización” de la que es capaz de consumir.

Fernando Rosso
Periodista. Editor y columnista político en La Izquierda Diario. Colabora en revistas y publicaciones nacionales con artículos sobre la realidad política y social. Conduce el programa radial “El Círculo Rojo” que se emite todos los jueves de 22 a 24 hs. por Radio Con Vos 89.9.