Miles de personas en Rancagua en condiciones miserables, el municipio en manos de un cuestionado alcalde y un contexto de catástrofe. Momentos que requieren respuestas históricas
Sábado 30 de mayo de 2020
Muchos son los escándalos en lo que se ve involucrado el Alcalde de Rancagua Eduardo Soto, el “ex UDI”, que tiene una larga lista de acusaciones, al menos judiciales, dentro de las que se cuentan los fondos municipales en el Teatro Regional, el informe de la Contraloría contra el Soto por el uso de su nombre para la entrega de una entrada a la Cumbre del Rock lo cual terminó hasta el momento en una advertencia a que debe abstenerse de usar esa estrategia electoralista con recursos públicos, la acusación de sobornar a una persona pagándole $100 millones para mantener en secreto una relación cuando esta persona era menor de edad, entre otros.
Cabe destacar la nula disposición a dialogar con la comunidad durante los meses del estallido social, es más el constante ataque a la movilización con la inversión de quizás cuantos millones en tinetas de pintura para borrar toda existencia de la expresión del descontento del pueblo rancagüino, ya que diariamente amanecen paredes y la estatua tan decorada con las fotos de quienes fueron asesinados por las fuerzas represivas del estado a manos del infame gobierno de Piñera.
Ahora en medio de la pandemia, ha seguido fielmente la política del gobierno, anuncios tardíos, negligentes, a más de dos meses pide la cuarentena. Mínimo que ellos se tiren por completo a financiar los aportes para canastas completas. Como si fuera una burla la municipalidad hace una campaña de acopio de alimento los propios vecinos de la ciudad, muchos de ellos se encuentran sin empleo o un ingreso básico.
Está bien esa política y activismo para una junta de vecinos u organización social emergente, pero no para una institución de la república burguesa como lo es un municipio que además recibió una suma de $1.134.639.502 de parte del Estado.
Ahora que la situación en Santiago se agrava a niveles críticos, al ilustre alcalde se le ocurre pedir cuarentena acá. Ahora que invirtió dineros fiscales para los túneles sanitarios, los círculos de distanciamiento pintados en el centro de la ciudad, y los tractores pulverizadores.
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Gastando millones en materiales y horas/hombre poniendo carteles de "quédate en tu casa" cuando las personas no se pueden quedar porque tienen que salir a trabajar a buscar dinero para comprar comida. No piensa en las y los trabajadores independientes ni en informales ni en quienes no tienen siquiera un lugar donde quedarse y deben pasar días y noches de frío.
Necesitamos un plan de emergencia que vaya en ayuda de la clase trabajadora y sectores populares de la ciudad.
En vez de gastar plata en pintura y carteles, se necesitan políticas públicas que vayan en ayuda de la población, políticas que sean fruto de la organización. Exigirle que devuelva La Plata del Teatro Regional.
Que destine fondos municipales en apoyo a las ollas comunes que se están generando, siempre que sean administrados aquellos fondos por las y los mismos vecinos y organizaciones de pobladores.
Un plan de empleos públicos que ayuden a disminuir los índices de cesantía que están por sobre los dos dígitos. Así como también poner en la mesa el tema de hacia dónde se van los dineros, los miles de millones producidos por trabajadores en minería ¿Estará bien que se priorice en fortalecer el aparato represivo del Estado, millones de dólares en nuevos blindados y joyas para los oficiales del ejército y los carabineros, mientras millones pasan hambre en medio de la enfermedad y la cesantía? Y aún quedan los meses de invierno…
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Un poco de historia: "Exigimos no caridad sino nuestros derechos"
El bolchevique Malyshev en el año 1907 muestra claramente que la lucha contra el gobierno también fue una lucha contra la dirección traidora del movimiento obrero.
“Debido al desempleo, innumerables familias de trabajadores están ahora sin pan. Los trabajadores no quieren caridad ni donaciones. Nosotros exigimos trabajo. Los patrones se niegan a darnos trabajo. Ellos dicen que no tienen contratos. Pero la ciudad tiene contratos y puede dar trabajo a los desempleados. La forma como la ciudad dispone de los fondos públicos es escandalosa.
Los fondos públicos deben ser usados para las necesidades públicas y nuestra necesidad hoy es trabajar. Por lo tanto, exigimos que la Duma municipal organice el trabajo público para todos los necesitados.
“Exigimos no caridad sino nuestros derechos y no nos quedaremos satisfechos con la caridad. El trabajo público que exigimos debe ser iniciado inmediatamente. Todos los desempleados de San Petersburgo deben ser capaces de hacer este trabajo: todo trabajador desempleado debe recibir un salario adecuado. Fuimos electos para exigir el cumplimiento de nuestras demandas. Las masas que nos enviaron no quedarán satisfechas con menos. Si usted no puede atender nuestras demandas, vamos a contar sobre su negación a los desempleados y, enseguida, usted no tendrá que lidiar con una delegación electa sino con aquellos que nos enviaron, las masas de los desempleados.”
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