Este miércoles la resistencia de los trabajadores y las comisiones de mujeres junto a organizaciones solidarias frenó el intento represivo ordenado por la justicia cordobesa. Compartimos una crónica de ese importante acontecimiento.
Javier Musso Dirigente del PTS Córdoba
Jueves 23 de enero de 2020 16:00
El martes llega un grupo de policías "adicionales" con una escribana a la planta. No tenían orden judicial. Acá las empresas contratan policías como fuerza privada. Cerraron el portón con cadenas dejando a trabajadores adentro.
Esta semana se estaba preparando un nuevo bingo. El anterior había salido muy bien, habían participado vecinos del barrio, jóvenes de muchas organizaciones, trabajadores de Luz y Fuerza y docentes. Se había juntado una buena plata para seguir "parando la olla" porque la situación está difícil. Son 6 meses sin cobrar. Los laburantes trabajaban y no les pagaban. Empezaron a reclamar, pararon, cortaron la calle pidiendo algo mínimo: que le paguen por su trabajo. Desde ahí que se empezó a pasar la cajita del fondo de lucha y hacer actividades para juntar plata y seguir luchando.
El cierre del portón significaba quedarse afuera de su lugar de organización. La ocupación del molino se convirtió en un símbolo vivo para el barrio y los trabajadores que ven en la lucha de Minetti una esperanza. Es que no es cualquier cosa. El sindicato les decía que agachen la cabeza, que tomen un poquito de plata y que se vayan a su casa. Un compañero que vino hace muchas décadas de Santiago del Estero decía "con 30 años de fábrica, con más de 50 años no me voy a ir a mi casa". Además para muchos de ellos se trata de conservar algo más que su fuente de trabajo. Desde el 2015 en la lucha que se libro contra los despidos que terminó en un gran triunfo, se viene conformando un grupo que comparte más que sus horas de trabajo. Son los asados, las salidas, los cumpleaños de los pibas y las pibas pero también la calle, las horas bajo el sol en algún corte, porque desde el 2015 la patronal no dejo de lanzar ataques.
Para ellos recuperar la ocupación de la planta era importante. Pero no sólo son ellos. En los últimos meses ellas empezaron a ser molineras, a ser parte protagónica de la lucha. Al principio "apoyaban" recorriendo la ciudad, cada evento, cada marcha, buscando la solidaridad, pidiendo aportes para el fondo de lucha. Así se fue conformando la comisión de mujeres. Muchas de ellas nunca habían participado de una marcha ni de un corte. De a poco las empezó a unir la necesidad de recuperar la fuente de trabajo de sus compañeros, hermanos o padres. Porque si, también hay jóvenes muy jóvenes que se unieron a esta larga pelea. Esa necesidad se fue transformando en orgullo de luchar, en ser protagonistas.
Ninguno de ellos ni ellas iban a dejar que los dejen afuera del molino. No iban a entregar largos meses de lucha por una cadena y un candado en el medio.
Ese mismo martes la asamblea votó entrar. Algunas dudas, la búsqueda de que alguna autoridad diera respuesta fue dilatando la decisión, pero el miércoles se cansaron. Se cansaron que nuevamente les dijeran que tienen que esperar. El ministro les dice que tienen que esperar, la jueza de la quiebra les dice que tienen que esperar, la fiscal, el sindicato, todos desde sus días de veraneo y sus casas lujosas les dicen que esperen. Las cadenas y el candado no fueron un impedimento. Los portones se volvieron a abrir y con ello la ocupación de la planta.
La respuesta no se hizo esperar. Por qué la justicia actuó tan rápido para esto y no se ha expedido por los despidos ilegales o sobre la plata adeudada?
Además de empresario, Fernando Cornu de Olmos está acusado en Tucumán como participe civil de la desaparición forzada de personas en la empresa azucarera La Fronterita durante la última dictadura militar. Este es uno de los dueños de Minetti. Sus vínculos con jueces, fiscales y partidos políticos de la provincia vienen de larga data. Su saña contra los trabajadores también. La fiscalía de turno actuó con celeridad ante el pedido de este personaje de tradición en el empresariado argentino.
El operativo autorizado por el ministerio de justicia del gobierno de Juan Schiaretti fue de película. En pocos minutos se cercaron 6 manzanas a la redonda impidiendo la circulación de vecinos y evitando la solidaridad de organizaciones que empezaron a llegar. Cientos de infantes y todo tipo de siglas de las distintas divisiones de la Policía de Córdoba llegaron al molino. "Por una pizza reprimis a tu mamá", "que feo debe ser reprimir trabajadores para poder comer", "no son obreros no son trabajadores, son los milicos cuidando a los patrones" eran los cantos de los jóvenes estudiantes y trabajadores solidarios que se fueron acercando. Todo estaba dispuesto para cumplir con el desalojo. Pero no fue sólo la patronal, no fue sólo el gobierno y la justicia quienes actuaron. De este lado de la reja empezó la organización. Las organizaciones solidarias estábamos en el portón. Más atrás, en el primer techo, las mujeres. Ahí estaban las compañeras de la comisión, subidas al techo dispuestas a resistir. El acceso a ese techo no es difícil, sabían que la entrada de la cana podía lograr sacarlas de ahí. Había nervios, pero la decisión estaba tomada: había que resistir.
El predio del molino es inmenso. Se podían meter por cualquier lado. Los trabajadores subieron a la torre y arriba de los silos. Se escuchan los cantos de ellos desde arriba que se hacía un sólo grito con quienes estábamos abajo: unidad de los trabajadores. A lo lejos los cantos de los jóvenes retenidos en las vallas policiales gritaban "Minetti escucha tu lucha es nuestra lucha". La Vane, una compañera delegada de Luz y Fuerza que ayer fue bautizada "como una molinera más" estaba arriba con los compañeros. Nos decía que los cantos de los cientos de jóvenes se escuchaba, que los llenaba de moral y de fuerza. Ellos eran más, tenían todo tipo de armas para entrar, pero los laburantes y las mujeres estaban dispuestos a resistir, a enfrentarse, nadie los iba a sacar de ahí.
No sabemos que teléfono sonó, no sabemos que se estaba debatiendo en las oficinas judiciales ni en el ministerio. Imagino un llamado de alguien del gobierno al fiscal preguntándole como esta la cosa en Minetti. Que este le dijera que el jefe del operativo le dijo que se puede entrar pero que va a estar difícil sacarlos, que se los ve dispuestos a todo. A todo? Si, a todo. Este teléfono habrá consultado a otro y así empezaron a dudar.
De a poco se empezaron a ir. Se retiraron los infantes del frente del portón. Se empezaban a ir los móviles. Las noticias que llegaban era de que se detuvo el desalojo. Todos dudabamos de la verdad de esa noticia. Seguimos ahí, cada quien en sus posiciones. Se iban más y más canas, la noticia parecía cierta. Se abre una negociación para mañana dicen los delegados. "Se fueron, se fueron!" gritaban los laburantes desde arriba. Empezaron a bajar las compañeras del techo, los trabajadores de la torre. Llantos contenidos mezclados con risa, con abrazos apretados. Orgullo en la cara de cada compañero y de cada compañera. No recuerdo la última vez que el derechista Schiaretti retrocedió así. Llenos de moral continuamos esta lucha. Los heroicos trabajadores, las heroicas compañeras de la comisión han escrito una página de la valiente historia de nuestra clase. Todos le dijeron que se vayan, que agachen la cabeza, que no se puede, que ya estaba derrotado el conflicto. No sabemos cómo va a terminar, pero estoy seguro que la cabeza en alto nadie se las va a hacer bajar y en los tiempos que corren es muy valioso.
Mientras terminamos esta crónica, y tras un nuevo rechazo al reclamo de los trabajadores, estos votaron en asamblea continuar con la toma y las medidas de lucha. Exigen el rechazo de los despidos. Se mantiene la orden de desalojo y la voluntad de lucha de los trabajadores. Como lo hicimos desde el primer día, estaremos apoyando esta dura pelea.