Gisela Corresponsal Zona Norte
Miércoles 15 de octubre de 2014
El jueves pasado miembros del Comité de Apoyo a las Luchas de Pilar junto a trabajadores despedidos de Kromber & Schubert, trabajadores del Parque Industrial de Pilar y militantes del PTS fuimos a recorrer y conocer por dentro la fábrica Madygraf (exDonnelley) ubicada en Escobar, provincia de Buenos Aires. La misma se encuentra bajo gestión obrera, a partir del cierre sorpresivo del pasado 11 de agosto por parte la patronal, con el objetivo de defender y seguir manteniendo los puestos de trabajos.
Nos recibió un compañero de Donnelley. Luego de saludar a los trabajadores que allí se encontraban y de firmar el libro de visitas comenzamos el recorrido acompañados de dos trabajadores. Caminamos unos pasos y una pregunta de uno de los integrantes del grupo dio como respuesta el relato de algunas circunstancias concretas que ellos vivenciaron. Se trataba de recuerdos traídos al presente a modo respuesta. Experiencia y palabras sirvieron de imágenes, que comprendí hablaban de una parte muy importante: el comienzo de una lucha que se desarrolló adentro del gremio, lucha que fue tomando fuerza poco a poco a través de la trayectoria que los miembros de una agrupación (La Bordo) supieron llevar adelante. Se postulaba como una alternativa a la burocracia sindical. El recorrido continuó y junto a nosotros escuchamos con atención el testimonio del compañero quien se encargó de mostrarnos los diferentes sectores de producción y los trabajos, encargados por los clientes, que se estaban desarrollando en ese momento. En cada sector uno de los trabajadores se disponía a contarnos en qué consistía su trabajo. Todos insistían en que los patrones “desaparecieron” aduciendo una quiebra que, ya se sabe, nunca fue. Nos contaron cómo tuvieron que arreglárselas para conocer el desempeño de aquellos sectores de producción, no menos importantes, a los que los trabajadores nunca habían accedido hasta el momento del cierre sorpresivo, como el de pre-impresión. Allí los trabajadores se encontraron con las máquinas (en las que se llevan a cabo una parte sustancial de pre-impresión) bloqueadas vía net. Con la colaboración de estudiantes de la UTN, lograron desbloquearlas y poner en marcha buena parte de la producción que de otra manera no hubiese sido posible realizar.
En cada sector que visitamos cada uno nos contaba, en relación al puesto de producción, un antes y un después. Lo que implicó pasar de trabajar bajo patrón a hacerlo bajo control y organización obrera. Nos contaron sobre un momento muy duro, y muy importante a la vez, de su experiencia como trabajadores: cuando decidieron en conjunto, mediante la organización de asambleas, ponerse en pie de lucha y hacer frente a la situación con el propósito y la convicción, aún admirablemente latente y firme, de seguir defendiendo sus puestos de trabajo, de rechazar rotundamente el maltrato y el daño que la clase dominante está acostumbrada hacer a la clase obrera.
Sin dudas, se trataba de un antes y un después. El antes, por lo que expresaron al principio los trabajadores, y al final del recorrido, consistió en el trabajo paciente de los miembros de la agrupación La Bordó de generar un espacio en donde los problemas concretos sufridos en el día a día por los trabajadores en sus puestos de trabajo pudieran tener voz. Fue así, como poco a poco, se organizaron encuentros de partidos de fútbol y reuniones familiares entre los trabajadores y se logró ir forjando el camino para encarar una lucha de conjunto con el firme propósito de reivindicar derechos vulnerados por la corrupción sindical (burocracia) que en complicidad con la patronal supo gestionar la “lista verde” de la comisión interna por aquel entonces.
Aquellos derechos que se pretendían recuperar consistieron en mejoras en las condiciones laborales, entre otras cosas.
La doctora de planta nos contó que la empresa, por entonces, tenía un alto porcentaje de ausentismo debido a los dolores de cinturas y problemas agudos de lumbalgia como consecuencia del trabajo reiterado durante 8 horas en un mismo puesto, con la consecuente postura que el mismo implicaba. Tenía que soportar el cuerpo el peso de 70 kg de los pistones, los cuales hacen de sostén a las bobinas del papel utilizado para los trabajos de impresión. La agrupación La Bordó encabezó el reclamo de exigirle a la empresa que se cambien aquellas pistones de 70kg por otras de material más liviano (grafito) el cual pesa 35kg, aunque la empresa sólo les reconoció el cambió de uno de los tantos pistones que posee cada máquina de los distintos sectores del proceso de producción gráfica.
También, consiguieron que les incorporen la utilización de máquinas de aire para levantar las toneladas de revistas producidas y de esta manera se evitaba tener que levantarlas los mismos trabajadores teniendo que realizar éstos un esfuerzo mayor con los trastornos que implican para el cuerpo. Una cuestión mencionada por otro compañero, no menos importante, fue el espacio físico que se fue ganando, en cuanto a la ubicación y el desarrollo dentro de la fábrica, de las reuniones y asambleas que se realizaban para tomar decisiones y las medidas para seguir avanzando en el marco de un plan de lucha para conquistar los reclamos laborales vigentes. Al principio, las asambleas se desarrollaban en el fondo de la fábrica, en una especie de patio semi cubierto. Luego, al cobrar una mayor participación de los trabajadores en las asambleas convocadas por La Bordó, la empresa buscaba ejercer presión y miedo (junto con el sindicato burócrata), y amenazaba con despidos en consecuencia. Se logró superar esta situación antidemocrática y de persecución sindical con la utilización, como cuarto gremial, de una oficina que se encuentra ubicada más al paso y accesible a todos los trabajadores. De este modo, los trabajadores se adueñaron de un espacio y de una herramienta que le es propia y más eficiente: el método de las asambleas, en donde se abre una lista de oradores, se escuchan todas las voces y en base a éstas, luego, se pasa a votación de cada propuesta mencionada y las resoluciones se toman a través de la mayoría de voto de todos los allí presentes.
También, nos contaron que mientras que, acontecía la situación de cierre sorpresivo, las mujeres de los trabajadores supieron ponerse a la altura de las circunstancias haciéndose parte de la lucha. Tomaron la iniciativa en defensa de sus familias y se organizaron para combatir y acompañar a sus compañeros. Formaron así la Comisión de Mujeres, emitiendo voz y voto en las asambleas realizadas por La Bordó. No hay trabajador que no reconozca y destaque el apoyo incondicional, el valor y la capacidad de actuar de sus compañeras. Gracias a la Comisión de Mujeres es que se viene consiguiendo actualmente importantes donaciones (comestibles y pañales), se organizan festivales, fiestas y eventos culturales para recaudar plata para el fondo de lucha. Como, así también, en colaboración y solidaridad con otras luchas como la de Lear, el viaje al Encuentro Nacional de Mujeres, entre otras. Además, expresan una postura crítica y en contra de la violencia de género hacia la mujer (en sincronía con la agrupación Pan y Rosas) marcando una referencia importante frente a las nuevas generaciones de niñas y adolescentes.
El después, consistió en la respuesta frente a la organización obrera por parte de la empresa. Y, así fue, cómo la patronal de la empresa gráfica más importante de Argentina (RR. Donnelley), con una muy importante competencia en lo que hace al mercado internacional, prefirió echarse a la fuga, abandonando ganancias multimillonarias, a tener que soportar una organización obrera de base clasista, con conciencia obrera, y decididamente combativa junto con el activismo (que caracteriza y se hace escuchar) de los partidos políticos con ideología de izquierda. Aún más, todavía, la patronal prefirió huir a enfrentar una de las herramientas más importante e insospechadas que la clase dominante no podría imaginarse jamás ni muchos menos poner en marcha. Se trata de una fuerza que nos une inherentemente frente a las injusticias: la solidaridad de clase. Nada más ni nada menos, más allá de las ideas y posturas en las que se pueda diferir o coincidir, los dolores y la humillación que la clase dominante (el poder político dirigente de la mano del capitalismo cruel e insaciable) ocasionan históricamente a la clase oprimida, sólo pueden conmover a los corazones de la clase obrera. Esto mismo es lo que se manifiesta cuando se plantea: “Familias en la calle nunca más”.
La Comisión de Mujeres impulsó un proyecto, aprobado por la asamblea, de fabricar cuadernos de uso escolar para que fueran distribuirlos gratuitamente, en coordinación con los sindicatos del sector de trabajadores docentes (SUTEBA recuperados), a los sectores más vulnerados en lo que refiere a recursos didácticos.
Por estos días, Madygraf fue reconocida por la AFIP como Cooperativa. Los trabajadores sostienen se está atravesando por un periodo de transición hacia una expropiación y estatización bajo control obrero puesta al servicio y en favor de toda la comunidad.