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Cultura. Crónicas marcianas - Crónicas terrestres

Su imagen final, casi inválido, recibiendo una medalla de George Bush, su cercanía con los Republicanos, sus creencias religiosas, su condición de norteamericano medio, no lograron nunca ocultar su profesión de escritor. Es que Bradbury fue eso, un escritor, un hombre comprometido con su imaginación, con la forma escrita que necesitaban los seres y escenarios brotados de su universo mental.

Rafael Fernández Pimienta Escritor y docente.

Viernes 19 de junio de 2015

Su imagen final, casi inválido, recibiendo una medalla de George Bush, su cercanía con los Republicanos, sus creencias religiosas, su condición de norteamericano medio, no lograron nunca ocultar su profesión de escritor. Es que Bradbury fue eso, un escritor, un hombre comprometido con su imaginación, con la forma escrita que necesitaban los seres y escenarios brotados de su universo mental. Tengo la firme convicción de que un artista comprometido con el arte es un ser humano que irrenunciablemente lucha contra la falta de Belleza del mundo, y, en ese combate, pone todo su esfuerzo para construir una sociedad más justa.
Cuando leí Crónicas Marcianas en mi adolescencia me hice la misma pregunta que Borges en el famoso prólogo a la edición en español:
¿Qué ha hecho este hombre de Illinois me pregunto, al cerrar las páginas de su libro, para que episodios de la conquista de otro planeta me pueblen de terror y de soledad? ¿Cómo pueden tocarme estas fantasías, y de una manera tan íntima?
Acerca de sus Crónicas Marcianas Ray Bradbury afirmó, palabras más, palabras menos, que es un libro que habla sobre el pasado de la humanidad. En la destrucción de una raza de marcianos está la destrucción que antes ha realizado el hombre durante la conquista de América por ejemplo. Con esta afirmación, el autor norteamericano ha desnudado el método y el objetivo de la ciencia ficción: escenificar en un futuro probable aquellas atrocidades que los seres humanos hemos cometido a lo largo de nuestra historia, para que, quizás con la objetivación artística de esos hechos, seamos conscientes de no repetirlos. De este modo, la ciencia ficción suele ser pedagógica y optimista en su concepción, a pesar de su envase pesimista.
La novela, o colección de cuentos, va tejiendo una historia sin un hilo único y claro. Presenta diversas historias, con temas tales como el machismo, las relaciones de pareja, la dificultad de afrontar la pérdida de un hijo, la censura, el racismo, la guerra, la ambición, el poder desmedido, la injusticia, etc. Marte, los marcianos, las naves espaciales son una escenografía. Lo que importa es lo humano y la poesía con que puede ser narrado. Importa revelar para rebelar, para que comprendamos que el futuro no puede, no debe ser la irremediable repetición del pasado.

Uno de mis episodios favorito es Usher II. En él un personaje construye una réplica de la casa del cuento de Poe en Marte. Ahí realiza una venganza macabra, digna del homenajeado. Su fin es exterminar a los responsables de la censura terrestre, aquellos que condenaron y quemaron los libros pues reconocieron en ellos a un enemigo. El protagonista, llamado Stendhal, efectúa la siguiente declaración, que no es más que un alegato en contra del macartismo:
Siempre había una minoría que tenía miedo de algo, y una gran mayoría que tenía miedo de la oscuridad, miedo del futuro, miedo del presente, miedo de ellos mismos y de la sombra de ellos mismos. (…) Tenían miedo de la palabra “política”, que entre los elementos más reaccionarios acabó por ser sinónimo de comunismo, de modo que pronunciar esa palabra podía costarle a uno la vida.
Defender a los libros es proteger la capacidad de crear otros mundos posibles, de imaginar que la felicidad es algo construible:
…y quemaron los castillos de papel y los sapos encantados y a los viejos reyes, y a todos los que “fueron eternamente felices”, pues estaba demostrado que nadie fue eternamente feliz, y el “había una vez” se convirtió en “no hay más”.
Intentaron aniquilar la esperanza. Otro libro posterior de Bradbury seguirá con esta temática. Farenheit 451 será la perdición y la salvación del libro. El fin y el comienzo de la humanidad. Usher II es apenas una batalla en este sentido. La casa presenta trampas sacadas de los libros y en ellas sólo caen aquellos que no han leído.

Stendhal vuelve a sentenciar algo que es inapelable, y que es muy claro para aquellos que queriendo perpetuarse en el poder limitan o niegan directamente el acceso al disfrute crítico de los bienes culturales:
¿Sabe usted por qué le hago esto? Porque quemó los libros del señor Poe sin haberlos leído. Le bastó la opinión de los demás. Si hubiera leído los libros, habría adivinado lo que yo le iba a hacer, cuando bajamos hace un momento. La ignorancia es fatal, señor Garret.

La ignorancia es fatal. A modo de plana deberíamos repetir la frase diez, veinte, cien, un millón de veces. Quizás hasta que el futuro, deje de ser una crónica del pasado.