La remanida frase que acompaña a muchos films de ficción “basada en hechos reales”, da cuenta de un valor argumental. El mismo atraviesa al campo documental y reafirma que la autenticidad tiene una fuerza dramática más poderosa que la verosimilitud.
Claudio Remedi Documentalista
Jueves 11 de junio de 2015
Bolishopping, de Pablo Stigliani, es un film que habla de los talleres textiles clandestinos, con mano de obra esclava proveniente de los países limítrofes, como ser Bolivia. Talleres que nutren a afamadas marcas de ropa y que posibilitan precios competitivos a nivel de mercado. Un mundo donde la tragedia permite romper con su invisibilidad sostenida por el Estado: los incendios, la muertes de los niños que allí viven hacinados son noticia y reavivan el tema periódicamente sin que -a ojos vista- el sistema de explotación se corte de raíz. Bolishopping reconstruye ese mundo, basándose en una investigación que rescata los tópicos fundamentales para hacerla auténtica. Y es allí donde el drama cinematográfico opera como suspense en términos reales. El espectador del film seguramente vivirá de otra forma la experiencia de circular por las calles donde las casas tapiadas de los suburbios o de los barrios de la ciudad de Buenos Aires ahogan el sonido de las máquinas de coser. Porque la propuesta de la película recae justamente en develar el microcosmos del taller, dejar fuera de campo el exterior o recortarlo a través de un seguimiento sesgado de los personajes.
Un destacado elenco participa del film. Se trata de una de las últimas películas del actor Arturo Goetz (La niña santa, El asaltante, Derecho de familia) que interpreta a Marcos, una suerte de gerente del taller. Lo notable es que Goetz compone a un personaje ambiguo, capaz de celebrar la llegada de un nuevo trabajador a la fábrica y acto seguido amenazarlo con el infierno que supone salir del taller sin documentos, en un oscuro territorio donde la policía se ensaña con los bolivianos. El Marcos de Goetz conforma así una riqueza que lo aleja de un personaje lineal; la cámara lo descubre tiñéndose el pelo, visitando a su madre o bebiendo solo en un lupanar. De esa manera, sin golpes bajos ni estridencias, el espectador irá descubriendo que Marcos es sólo una pieza más de un macabro engranaje de explotación.
Completan el elenco principal Juan Carlos Anduviri (Premio Goya mejor actor revelación por También la lluvia) y Olivia Torres; ambos constituyen una pareja que junto a su hija buscan cumplir el sueño argentino y caen en una pesadilla kafkiana -que a la manera de las fuerzas ocultas de El ángel exterminador- les impide salir del taller, romper los candados, atravesar la puerta para vivenciar el fuera de campo de la calle. Un elemento más para constituir la nombrada autenticidad radica entonces en la excelente composición de la metáfora de la seguridad de la jaula. Para ello es de destacar la fotografía de Sebastián Aramayo que con encuadres precisos, texturas raídas y recortes lumínicos acertados establecen un equilibrio de sordidez y humanidad.
Bolishopping tiene además la marca de la producción de Mariano Mouriño que da cuenta de cómo los presupuestos limitados -en este caso se trata de un premio del INCAA dedicado a las películas digitales- pueden dar lugar a historias potentes.
Bolishopping se proyecta a partir del jueves 11 de junio en el cine BAMA, Diagonal Norte 1150, CABA.