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Red Internacional
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OPINIÓN. Cuando la incertidumbre toca nuestras puertas por a la desidia empresarial

Starbucks, Burger King y otras grandes cadenas del Fast Food mundial han tomado la determinación de que serán las y los trabajadores quienes pagaremos la crisis. En Chile, Alsea y otras empresas optaron por dejar en la total incertidumbre a sus trabajadores.

Antonio Paez

Antonio Paez Dirigente Sindicato Starbucks Coffe Chile

Miércoles 8 de abril de 2020

En poco más de una semana enormes multinacionales están jugando con el hambre de miles de jóvenes y familias trabajadoras que laburamos en la comida rápida.
Desde que se decretó la pandemia y comenzaron los cierres por la cuarentena, cientos de trabajadores fueron obligados a firmar permisos sin goce de sueldo bajo la amenaza del despido (KFC por ejemplo).

Ahora último y gracias la famosa “ley de protección del empleo” que promulgó el gobierno y que fue aprobada gracias votos de la oposición, un cada vez mayor número de transnacionales como Alsea (controladora de Starbucks, Burger King, Pf Chang y Chilli’s) optaron por suspender a la mayoría de quienes trabajamos en dichas empresas.

La excusa para estas suspensiones fue la difícil situación económica que estarían viviendo producto de la pandemia, que la cosa venia mala desde octubre o incluso antes, etc.

Pero sabemos de primera fuente que todo esto es mentira, que llevan años ganando millones y millones a costa de la sobreexplotación de jóvenes que deben pasar horas en precarias condiciones laborales para costear estudios, financiar su educación o sostener económicamente sus familias.

Mientras la gerencia sigue ganando millones, y tienen el descaro de informar que se “redujeron el sueldo” mientras al resto nos dejan sin él, pretenden ahora que seamos nosotros quienes financiemos nuestros salarios con los pocos ahorros que tenemos en el seguro de cesantía y en caso de que estos sean insuficientes, sea el Estado el que se haga cargo de estos.

Estas empresas, íconos del modelo neoliberal, esas que lloran contra las regulaciones del Estado, ahora claman por su apoyo para resguardar sus ganancias y ahí están las autoridades dispuestas a entregar los pocos recursos que liberan para salvar a estas empresas.

El Estado esta al servicio de los empresarios.

Lo que estamos viendo en todo el mundo es cómo los Estados, que en el 2009 salvaron a los bancos financieros, hoy salen a rescatar a las empresas a costa de la clase trabajadora. Mientras hipócritamente piden aplausos para las y los trabajadores que están en la primera línea del combate a la pandemia, han desfinanciado los presupuestos para la salud pública y traspasar esos recursos a privados. A pesar de la enorme escasez de respiradores e implementos para la protección de los trabajadores, el gobierno sigue invirtiendo millones en las fuerzas armadas para fortalecer la represión y el control sobre la población.

Por otro lado las empresas siguen pidiendo bajas de impuestos, inyección de recursos para evitar las quiebras mientras rebajan salarios, suspenden o despiden por miles.

Necesitamos una salida de las y los trabajadores

Toda esta situación no cambiará si solo somos expectantes de las decisiones de la política. Las y los trabajadores podemos ser protagonistas y resolver las miserias que hoy vive la población. Necesitamos unificar el sistema de salud, estatizar los laboratorios e industrias que fabrican los insumos necesarios para combatir la pandemia.

Hay que reconvertir la producción industrial para facilitar la elaboración de materiales como camillas y respiradores artificiales, toda esta producción debe ser controlada por sus propios trabajadores en coordinación con universidades y especialistas.

Hay que exigir un paro nacional de todas las actividades no esenciales para el combate a la pandemia con el pago de los salarios íntegramente, mayores impuestos a las grandes fortunas y licencias pagadas para todo quien lo necesite.