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Red Internacional
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OPINIÓN. Cuatro ideas que dejó la marea verde

Algunas ideas que quedaron dando vueltas en la cabeza después de una semana de tomas, vigilias, marchas, lágrimas y mucha alegría, donde fuimos parte de la enorme marea verde que se transformó en tsunami.

Carolina López

Carolina López Estudiante de antropología, Facultad de Filosofía y Letras UBA

Sábado 16 de junio de 2018

1-Se comprobó lo que veníamos diciendo: la pelea es en las calles, sin duda. Si se consiguió media sanción en la Cámara de Diputados fue gracias a las pibas y pibes, a la movilización en las calles, a los pañuelazos, charlas, tomas y vigilias que armamos en colegios y facultades (muchas veces a pesar de las conducciones de los centros de estudiantes y no gracias a ellas).

Solo podemos confiar en nuestra fuerza. Nada hay para agradecerles a los políticos de siempre, que hasta último minuto siguieran rosqueando. Escuchamos derechadas (dignas del Medioevo) de integrantes de todos los bloques tradicionales (PRO, UCR, PS, PJ). ¡Nadie se salvó!. Tampoco los que gobernaron doce años y se encargaron de cajonear esta ley, sabiendo que dejaban morir mujeres de los sectores populares y trabajadoras, en clandestinidad.

Hay que decirlo, los únicos que lo dijeron en campaña electoral, sin hacer especulaciones, y tienen el derecho al aborto legal como parte de su plataforma política, es el Frente de Izquierda. Nicolás Del Caño y Myriam Bregman exigieron que este debate llegara al recinto en cada debate público.

2- Muchos de los y las que votaron a favor, y fueron aplaudidos a rabiar, son los mismos que meses atrás votaron el saqueo y ajuste a los jubilados y a las madres que reciben la Asignación Universal por Hijo. Sin embargo, esta vez, tuvieron que oír el reclamo de esta marea verde.

Ante la votación en senadores, se nos presenta otra batalla. No podemos confiar en ellos y descansar en que "ya salió". No podemos ahora volver a nuestras casas desorganizadas. Tenemos que redoblar la fuerza desde los lugares de estudio y trabajo, de manera permanente, porque va a estar igual de peleada o más.

Nuestra pelea no empezó ni termino ayer. Porque imaginemos por un segundo, que llega también aprobarse en el Senado: ¿cómo se aplicaría efectivamente la ley en un país como el nuestro donde están saqueando la salud pública? ¡Nos vacían hospitales, nos dicen que van a recortar el presupuesto, despiden enfermeros y médicos! ¿Alguien vio algún senador movilizando u organizando gente para frenar este ajuste? Más bien son los que lo votan y avalan.

3- La marea verde parece que no era solo de las mujeres. Mientras festejábamos, ¡el dólar se volvió a disparar y tuvieron que bajar de su cargo al presidente del Banco Central!. Este Gobierno tiene un caos económico, pero un plan bien concreto: avanzar sobre el pueblo trabajador (lo que a menos que se le oponga resistencia) termina con miles en la pobreza. Las primeras en sentir la crisis somos nosotras, las mujeres y trabajadoras, al ser las peores pagas, las más precarizadas, las primeras en ser despedidas. Somos las que sentimos los recortes en salud pública (que es donde se tiene que aplicar el aborto legal y la distribución de anticonceptivos gratuitos) y en la educación (donde seguimos peleando por la implementación de la ley de Educación Sexual Integral).

Los principales periodistas del país, en este marco, salieron hoy a festejar que el debate del aborto llegó al Congreso, como muestra de que estamos entrando a "una democracia más justa", con "menos fallas". Dicen que estamos construyendo "una sociedad más igualitaria". ¿De verdad? ¿En serio? ¿No se les cae la cara de vergüenza?.

Primero que nada, el derecho al aborto es una medida tan elemental, tan básico, que solo quien tiene una ideología propia del Medioevo no lo reconoce. Más allá de eso, la idea de que con más leyes podemos torcer la balanza y hacer un capitalismo "con rostro humano", como nos dijeron durante 12 años, es totalmente falsa, porque no existe medida democrática que sea igual para todas y todos en el marco de la desigualdad entre las clases sociales. ¿O alguien se atrevería a decir, por ejemplo, que la salud como derecho es igual para los ricos que para los pobres?.

En última instancia, quien dice esto, quieren un feminismo que no cuestione el capitalismo. No hay manera de terminar con el patriarcado y el sufrimiento de millones de mujeres en todo el mundo sin derribar este sistema de opresión y explotación. Hay que plantearnos terminar de raíz con esta estructura que está hecha para que unos sobrevivan a costa del sudor de tantos otros. Esto se vuelve muy concreto ahora en medio del saqueo económico que pretende Cambiemos. El propio FMI puede tener a una mujer, Christine Lagarde, como su directora, mostrarla como empoderada y decir que Argentina necesita avanzar en su agenda para obtener más derechos para las mujeres, sin contradicción alguna.

4- Cuando todas y todos dudábamos si salía la sanción en Diputados, (porque hay que confesar que nos pasó), algunas referentes feministas se adelantaron y salieron a decir que igual, más allá del resultado de la votación, "ya habíamos ganado, porque concientizamos".

Vamos por partes: los cambios en la manera de pensar y en la consciencia son muy importantes. Con un movimiento así en las calles, esos cambios se dan de a saltos en las masas. Quedó demostrado. No existe el proceso individual, es colectivo. Peleamos por otros valores, sin duda lo hacemos. Lo hacemos convencidas y con el fin de que esas ideas se transformen en fuerza material, que esas convicciones se vuelvan bandera de lucha de tantos miles que ahora abrazan otra perspectiva.

Lo que preocupa de esa frase "igual ya ganamos", es que la efervescencia del momento nos puede llevar a pensar que "el movimiento es todo y el objetivo nada". No nos da lo mismo que se apruebe o no este derecho.

Mi fin, que es el del feminismo socialista, es que seamos libres. Es vivir plenamente. Es que no haya millones de niñas y niños que llegan al mundo condenadas a la explotación y la opresión. El fin es que en algún momento podamos dejar de ser feministas, porque ya no hace falta serlo. Porque vencimos.

Porque les ganamos. Para llegar ahí, vamos a tener que terminar si o si con el capitalismo, solo sobre esta base podremos avanzar en ir acabando con todo tipo de opresión. Tenemos que ser conscientes de la potencialidad que tenemos organizadas, pero sin ingenuidades. No estamos todas en la misma vereda. No podemos dejar que esa fuerza enorme que vimos en las calles, esa verdadera marea que se transformó en tsunami, sea desviada o cooptada. Si reconocemos los enemigos, tenemos que saber quiénes son nuestros aliados: tenemos que organizarnos uniendo nuestros reclamos a la de las trabajadoras y trabajadores.

Estoy segura de que vamos a escribir la historia con nuestros puños en altos. Queremos dejar una huella en la humanidad. Queremos poder decirles un día, repetirles a gritos, que el patriarcado no se cayó, que nos encargamos de tirarlo con nuestras propias manos. Con nuestra lucha. Y que si lo hicimos, y si dejamos la vida en ese camino, fue porque teníamos la claridad de derrumbar al capitalismo.