Entrevistamos a Christian Castillo, dirigente nacional del PTS y el FIT.
Martes 13 de diciembre de 2016 12:51
La muerte de Fidel Castro, dirigente de la revolución cubana de 1959 y una de las grandes figuras políticas de la segunda mitad del siglo XX, reabrió el debate sobre la vigencia o no de la revolución socialista. Haber liderado el proceso de la lucha de clases más radical en la historia de América, que terminó con la expropiación de los monopolios imperialistas, la burguesía y los terratenientes, le valió tanto el odio más visceral de la mayor parte de esa clase dominante, como el respeto y admiración de decenas de miles de militantes de la izquierda, de activistas sindicales y luchadores antiimperialistas de todo el continente. Para ahondar sobre estos temas claves.
¿Qué conclusión sacás de las primeras reacciones tras la muerte de Fidel?
Los gusanos de Miami festejaron y el presidente electo norteamericano Donal Tramp twiteó con euforia “¡Murió Fidel Castro!”. Los grandes medios y los intelectuales al servicio del capital, algo más finos, señalan que “el muro” finalmente cayó también en Cuba, o repiten frases del propio Castro como que “el modelo cubano ya no sirve ni para nosotros mismos”. Quieren aprovechar su muerte para infundir desánimo y resignación en que una revolución socialista sea posible y que pueda perdurar y extenderse internacionalmente.
Pero tras más de 50 años de un bloqueo económico brutal, que produjo pérdidas al país por más de 90 mil millones de dólares, Cuba sigue mostrando los más bajos índices de mortalidad infantil y desnutrición y los más altos en educación de Latinoamérica, la más baja desocupación y de indigentes viviendo en la calle, que la población cuente con servicios básicos prácticamente gratuitos como transporte, agua, gas, luz, como no pasa en ningún otro país. Estas conquistas sociales fueron posible gracias a la expropiación de la burguesía y el imperialismo, lo que demuestra que la revolución socialista es la única alternativa real que las masas pueden oponer contra la crisis y decadencia que muestra el capitalismo que solo tiene para ofrecer más ajustes, desocupación, pobreza e indigencia y crisis habitacional.
Sin la victoria de la revolución Cuba hubiera terminado como Haití o, a lo sumo, siendo una estrella más de la bandera yanqui como Puerto Rico o una “guarida fiscal” como Panamá. Mostró que para lograr verdaderamente la independencia económica y política nacional y realizar una reforma agraria radical donde se termine con el poder de los terratenientes hay que expropiar a estos y al conjunto de la burguesía imperialista y nativa. Gracias a esto millones de cubanos pudieron salir de la mayor miseria y el analfabetismo y Cuba pudo resistir los persistentes ataques del imperialismo norteamericano desde entonces. En este sentido la experiencia cubana contrasta contra las distintas variantes que subordinan a los trabajadores a alguna variante de la burguesía nacional o que creen que los logros de Cuba pueden obtenerse sin quebrar el poder del estado capitalista. En esto estamos con el Che Guevara cuando decía “no hay más cambios que hacer, o revolución socialista o caricatura de revolución”.
Esto no significa que el pueblo cubano atraviese hoy una buena situación. El bloqueo sigue pesando y el país sufre atraso económico en numerosas áreas, mientras el salario promedio en el sector público alcanza apenas 24 U$S. La isla tiene que importar un 70% del alimento que consumen los cubanos, con un costo anual de unos 2 mil millones de dólares. Quienes no tienen acceso a remesas del exterior, al contacto con el turismo o son funcionarios del partido tienen una vida difícil, aunque atenuada por las conquistas revolucionarias que mencionamos anteriormente.
¿cómo fue la mecánica de esta revolución social en Cuba?
Bueno, la cubana empezó como una revolución democrática y antimperialista. Cuando el Ejército Rebelde con el apoyo activo de las masas tomó el poder, ni Fidel Castro ni el Movimiento 26 de julio ni el resto de la coalición anti-Batista que reunía hasta sectores de la propia burguesía cubana, se proclamaban socialistas ni de izquierda.
Fidel Castro y el M26 tenían un programa democrático con algunos aspectos sociales como una reforma agraria, pero estaba muy lejos de plantear una ruptura con el capitalismo, la clase dominante y el imperialismo, aunque planteaban claramente la independencia cubana respecto de los Estados Unidos. Así lo expresan sus mayores documentos políticos como “La historia me absolverá”, el Pacto de Caracas, firmado con otras organizaciones reformistas, o los comunicados desde la Sierra Maestra. El objetivo expreso era sacar a Batista y reinstaurar la constitución de 1940.
Pero la resolución de los problemas democráticos y sociales elementales, bajo la enorme presión de las masas movilizadas en las calles y el imperialismo del otro lado, llevaron a tomar medidas cada vez más radicales ya en los primeros meses, como los juicios a los esbirros de Batista, la prohibición de desalojos de inquilinos, la reducción de los alquileres de entre el 30 y 50%, entre otras.
La primera reforma agraria en el mes de mayo, que abrió un proceso de tomas de tierras por parte de los campesinos pobres, fue el punto de quiebre que hace estallar la crisis y nuevamente con las masas en las calles terminará con la renuncia del presidente Urrutia, antiguo juez de la Corte Suprema de Batista, y su reemplazo por Osvaldo Dorticós respaldado por Fidel Castro que tomará el puesto de Primer Ministro.
Al mismo tiempo, EEUU empezó a conspirar, a financiar grupos armados contrarrevolucionarios, a hacer atentados, y boicot a la producción. Redujo y luego se cortó la compra de azúcar, base de la economía insular y el envío de petróleo. El gobierno respondió vendiendo la producción a la URSS. Luego las refinerías norteamericanas (que tenían el monopolio) se negaron a procesar el petróleo enviado por la URSS, lo que llevó a la expropiación de esas empresas (con oferta de indemnización que EEUU rechazó).
A este proceso que se fue extendiendo a otras áreas clave de la economía, donde el gobierno era presionado en extremo por el imperialismo, mientras que las masas empujaban más y más por medidas radicales, el Che Guevara la describió como “una revolución de contragolpe”, que tuvo su punto más alto en la invasión de Bahía Cochinos.
En Cuba se dio entonces la particularidad que una dirección pequeñoburguesa radicalizada que no tenía un programa ni obrero ni socialista, tomara “de contragolpe” medidas socialistas, desmintiendo así la tesis de la “revolución por etapas” que sostenían por entonces los Partidos Comunistas fieles a Moscú.
Sin embargo esta revolución terminó en un régimen político de Partido Único
Sí, el hecho de que las masas hayan intervenido en todo este proceso bajo la conducción de la dirección guerrillera y no hayan desarrollado sus propias organizaciones de autodeterminación y que la clase obrera no haya intervenido como clase independiente, hegemonizando la dirección del proceso revolucionario facilitó un proceso de burocratización y que el nuevo régimen vaya copiando paulatinamente el modelo del “partido estado” que regía en la Unión Soviética, algo particularmente impulsado por los cuadros que provenían del estalinista PSP. Pero es también algo que venía de los dirigentes del M26 que moldearon el nuevo estado según la estructura verticalista del Ejército Rebelde.
Un ejemplo claro lo tenemos ya en los primero meses del nuevo gobierno. Se realizó un congreso para refundar la central obrera nacional (CTC-R) que estaba copada desde hacía años por la burocracia socia de la dictadura conocida como “mujalismo” por su dirigente Eusebio Mujal. De 160 delegados elegidos solo 3 pertenecían al estalinista PSP, que había apoyado al anterior gobierno de Batista, y la abrumadora mayoría al M26. Pero poco después la dirección del M26 reeligió a dedo a los delegados, contra la voluntad de las masas, dándole la conducción de la central al PSP como parte del acercamiento a la burocracia estalinista de Moscú.
La revolución cubana fue genuina, las masas tomaban en sus manos la revolución, tendían a organizarse y actuar. Pero Fidel y el M26 no desarrollaron esta tendencia sino que por el contrario la fueron controlando y encuadrando en los marcos de las decisiones que tomaba el gobierno. Se fue imponiendo una relación burocrática donde Fidel y el gobierno planteaban medidas y el pueblo se limitaba a aprobar masivamente en actos públicos, o sea a refrendar y apoyar las medidas del gobierno.
En 1965 se fundó el Partido Comunista. La organización trotskista, el Partido Obrero Revolucionario, fue acusado de contrarrevolucionario y obligado a disolverse.
Nosotros estamos totalmente en contra de un régimen así. El verdadero socialismo se construye con democracia obrera, donde las masas puedan autoorganizarse y autodeterminarse, con libertad de las tendencias y partidos que defiendan la revolución con plena libertad de organización sindical para los trabajadores e independencia del estado de los sindicatos. Porque la revolución no se puede imponer desde arriba, la hacen las masas o no la hace nadie.
En 1976 se sancionó una nueva Constitución. Ahí se dice expresamente que hay un régimen de partido único. Nadie se puede organizar por fuera de él o por fuera de las organizaciones que este partido considere. Y este régimen reaccionario, copiado del estalinismo, maniató las energías de las masas, incluso hubo muchos presos políticos, y no contrarrevolucionarios, sino trotskistas, anarquistas y otros solidarios con la revolución. Incluso copiaron del estalinismo la homofobia y represión a los artistas que no seguían los lineamientos del gobierno. Las huelgas están prohibidas por ejemplo. Y además se formó una burocracia llena de privilegios, que denunció el Che incluso.
¿Cómo se reflejó esto en el plano internacional?
En el plano internacional también se refleja este carácter conservador, burocrático de la dirección. Mientras que en los primeros años planteaban copiar el ejemplo cubano y Fidel llegó a decir “el deber de todo revolucionario es hacer la revolución”, hacia fines de los 60, Fidel se termina de subordinar por completo a la política de la burocracia estalinista que era la “coexistencia pacífica con el imperialismo”, o sea no extender la revolución socialista sino construir el “socialismo en un solo país”.
Así, en el 68 Fidel apoyó la invasión del ejército rojo estalinista a Checoslovaquia para aplastar la Primavera de Praga. Apoyó la vía pacífica al socialismo de Allende en Chile, que terminó con la dictadura de Pinochet. Llamó a Nicaragua a no hacer “una nueva Cuba”, o sea no expropiar a los capitalistas. Impulsó los acuerdos de Contadora y Esquípulas en los ‘80 que planteaban el fin de la lucha armada en Centroamérica.
Y esa subordinación fue muy fuerte particularmente en la relación económica que hizo a Cuba totalmente dependiente de la URSS. Incluso hubo un debate entre el Che (con el apoyo de los trotskistas) y la mayoría del gobierno de Fidel (siguiendo la línea de Moscú) en los años ‘63 y ‘64. Básicamente, el Che decía que había que industrializar y diversificar la producción de la isla y los estalinistas querían mantener el monocultivo de azúcar. Te podés imaginar quién ganó la discusión… y esto tuvo serias consecuencias después del ‘91 cuando desapareció la URSS y el llamado bloque socialista.
La propaganda de Cuba fue que ya no era necesaria una revolución. A Evo cuando asumió en 2006, Fidel le dijo “no hagan lo que nosotros hicimos”, algo similar a lo que planteó en su discurso cuando vino a Argentina en vísperas de la asunción de Néstor Kirchner en 2003. El modelo posible pasó a ser el “Socialismo del siglo XXI” de Chávez, o los gobiernos latinoamericanos llamados “progresistas” que en más de una década no tocaron los intereses de los grandes capitales ni el imperialismo. Incluso en Venezuela las nacionalizaciones se hicieron pagando jugosas indemnizaciones a las patronales y no se terminó con la dependencia de la renta petrolera, sin avanzar en la diversificación productiva del país.
Si tomamos el proceso de conjunto podemos decir que si en Cuba condiciones excepcionales permitieron que a pesar de la ausencia de una dirección obrera revolucionaria la burguesía y el imperialismo fueron expropiados, como planteamos los trotskistas, la dinámica permanente de la revolución fue bloqueada en lo que hace a las transformaciones internas por el régimen burocrático y en lo que hace al desarrollo internacional de la revolución.
Resuminos lo fundamental de ese nuevo periodo que se abrió
Bueno, la economía se hundió totalmente. Y los costos de la crisis lo pagaron las masas. El poder adquisitivo del salario bajó un 30%, había cortes de luz todo el tiempo, se degradaron la salud y educación, empezaron a escasear los alimentos. El imperialismo aprovechó y fortaleció aún más el bloqueo.
La salida que encontró la burocracia gobernante fue abrir sectores de la economía al capitalismo, se crearon las empresas mixtas, se introdujo el dólar en la economía, y otras reformas de mercado. Estos sectores de la economía salieron de la planificación económica y pasaron a regirse por mecanismos mercantiles y se debilitó el monopolio del comercio exterior.
El estado de conjunto siguió siendo lo que llamamos un estado obrero burocráticamente deformado, donde en la economía aún con las reformas siguen predominando las relaciones de propiedad surgidas de la revolución mientras el régimen político sigue siendo el burocrático dominado por un “partido estado” y una casta privilegiada.
Además se fomentó el cuentapropismo. Esto produjo una base social tipo clase media, frecuentemente ligada a las remesas que vienen del exterior, ya sea por pertenecer a la burocracia estatal o tener por familiares en EEUU, un sector que empezó a vivir mejor que el grueso de la población. Y es una base social que presiona por más reformas capitalistas.
¿Y durante el gobierno de Raúl Castro?
Sobre todo desde 2010, estas reformas pro capitalistas se incrementaron. Se entregaron tierras estatales ociosas en concesión por diez años a campesinos privados, el estado se desprendió de muchas empresas deficitarias que se tuvieron que reciclar como cooperativas y probablemente terminen cerrando, se buscó potenciar la inversión extranjera dando grandes privilegios a los capitales y también se modificó la ley laboral, en un sentido flexibilizadora, para estas empresas extranjeras. Sin embargo, todavía estos nuevos emprendimientos son aún limitados, circunscribiéndose principalmente al turismo, la minería y obras públicas.
A la vez, se impulsó muchísimo el cuentapropismo que saltó de menos de 100.000 en 2008 a casi medio millón que hay hoy (sobre 11 millones de habitantes y una población económicamente activa de 5 millones), cifra muy similar a la cantidad de despidos estatales que hubo. Igualmente el límite que existe es que las poco más de 200 actividades en que se autoriza el cuentapropismo son de baja calificación técnica y educativa. Se permitió que se pueda contratar mano de obra que antes era muy limitada. Entonces dentro del cuentapropismo, que de conjunto es una gran base social que pide más y más reformas capitalistas, ahora también hay una estratificación social donde algunos ganan muy bien y explotan mano de obra y otros trabajan en relación de dependencia y viven con lo justo aunque con un salario superior al del sector público. De hecho una de las discusiones importantes de la Asamblea de Poder Popular (especie de parlamento) cubana a comienzos de 2016 fue el problema de los jóvenes que dejaban la universidad o los estudios terciarios para ir a trabajar al sector privado.
Como señalamos, creemos que Cuba sigue siendo un estado obrero burocráticamente derformado ya que la mayor parte de la propiedad de las empresas sigue siendo estatal y la mano de obra también, alrededor de un 70%, y se mantiene en lo esencial el monopolio estatal del comercio exterior. Pero cada vez más las bases de la economía nacionalizada se van degradando a favor de mecanismos capitalistas, donde gran parte de la dirigencia del PC cubano ven como modelo el “modelo chino o vietnamita” que introdujo el capitalismo manteniendo el régimen de partido único.
¿Y qué perspectivas ves tras la salida de Obama y la llegada de Trump a la Casa Blanca?
La administración Obama hizo un giro importante en la política hacia Cuba. Abandonó la política guerrerista tradicional por otra negociadora, reconociendo en los hechos al gobierno de Castro. Esto en un sentido fue un triunfo de la resistencia del pueblo cubano a las agresiones durante más de 50 años. Pero no hay que confundirse. El objetivo siempre fue el mismo, que Cuba vuelva al capitalismo.
Con Trump no está claro si va a cumplir con sus amenazas y retroceder en los acercamientos que hizo Obama, o si las va a moderar, pero lo cierto es que la relación será mucho más tensa, basada en la lógica del chantaje que caracterizó históricamente la política de Washington de exigir cambios en el régimen político para relajar el bloqueo. Por eso nuestra política permanente de solidaridad con Cuba, que comienza por la lucha por derrotar el bloqueo imperialista, sigue totalmente vigente.
¿Se puede evitar la restauración del capitalismo y que EEUU vuelva a dominar a Cuba?
Por supuesto, no está dicha la última palabra. Y es por eso que nuestra lucha no puede terminar ahí en enfrentar al imperialismo. Si el régimen burocrático no es reemplazado por una verdadera democracia de los trabajadores la restauración capitalista vendrá antes o después, ya sea por el desmoronamiento del Estado como vimos en la Unión Soviética y Europa del Este o por la vía china o vietnamita.
Por eso en Cuba luchamos por la plena libertad de organización sindical para los trabajadores y por acabar con los privilegios de la burocracia gobernante, y terminar con el régimen reaccionario de partido único para reemplazarlo por un régimen basado en consejos obreros con libertad de tendencias, libertad de prensa y organización para todos los partidos que defiendan la revolución. Todo el plan económico y las concesiones al capital extranjero y la apertura a la actividad privada deben ser discutidos democráticamente por el conjunto del pueblo y debe mantenerse a rajatabla el monopolio estatal del comercio exterior y la propiedad estatal de los recursos estratégicos de la economía. De esta forma Cuba volverá a transformarse en una trinchera en la lucha por la revolución socialista internacional. El destino de Cuba dependerá no solo de lo que pase dentro de la isla sino del avance de la lucha antimperialista y socialista en el resto del mundo, empezando por nuestro continente americano.