Niños, niñas, niñes y jóvenes en casa, propuestas para acompañar. En esta cuarta entrega, una niña para iluminarnos la noche.

Virginia Pescarmona @virpes
Sábado 11 de abril de 2020 18:19
¿Quién en estos días de cuarentena no escuchó la palabra DIS TÓ PI CO?
Bueno. Si alguien se ganó esta palabra para sus historias es Ray Bradbury. El escritor norteamericano desde sus “Crónicas marcianas” ó “Fahrenheit 451” colmó tardes y noches de ávidos lectores durante más de medio siglo.
Animales que toman ciudades y ciudades vacías no tienen nada que envidiarle a las conquistas de Marte de empresas colonizadoras, teléfonos que suenan en ciudades abandonadas, o ciudades subterráneas. En estos tiempos de cuarentena, al menos yo, pensé en Ray Bradbury y recordé su visita por Buenos Aires promediando los ´90, cuando a la salida de la Escuela Normal fue a mi silla reservada en el Teatro San Martín, con mi compañera Mariana. Una de las escenas más mágicas de mi vida. Y en la vida de este escritor que nos llenó de planetas y otros mundos posibles y distópicos hubo lugar para la niñez.
Uno de esos genios que no llegó a la universidad por su condición económica, pero que se ganó el derecho a que un asteroide de nuestra galaxia lleve su nombre y un cráter de una luna con el nombre de una de sus obras. Merece un lugar en nuestras páginas. Ray Bradbury nació en Waukegan, Illinois, el 22 de agosto de 1920 y falleció en Los Ángeles, el 5 de junio de 2012. Tuvo una tía, a la que apodaban “la loca de las calabazas”. Ella le leía, siempre, y le leía Edgar Allan Poe desde muy pequeño. Porque la literatura no es para grandes o chicos. Es literatura. No tengan miedo de leerles, todo lo que de curiosidad, no importa la edad de les niñez.
En 1975, en una nota Ray Bradbury escribía: “¿Sabe usted cómo escribo yo mis cuentos? –le dijo Chéjov a Korolenko, el periodista y narrador radical, cuando acababan de conocerse–. Así. –Echó una ojeada a la mesa –cuenta Korolenko–. tomó el primer objeto que encontró, que resultó ser un cenicero, y poniéndomelo delante dijo: “Si usted quiere mañana tendrá un cuento. Se llamará “El cenicero”. Y en aquel mismo instante le pareció a Korolenko que aquel cenicero estaba experimentando una transformación mágica: Ciertas situaciones indefinidas, aventuras que aún no habían hallado una forma concreta, ¿estaban empezando a cristalizar en torno al cenicero?”
“Un día, algo extraño ocurre. Tras un extraño sosiego…” Así una carretera, un auto, una posible Tercera Guerra Mundial y la idea del fin del mundo bastan para una historia.
Y entre tanta noche y miedos, les invito a disfrutar de una creación maravillosa: un cuento-poesía. La niña que iluminó la noche. Vencer el miedo, cambiar el punto de vista, enciende, sacude la imaginación e invita a mirar, de pronto, las cosas de otra manera. La voz, otra vez invitada de Ivana, narradora, docente, librera y rosarina.
Ray Bradbury transformó sus propios miedos de infancia en una maravillosa obra literaria, que invita a pensar cuántas maravillas se esconden en la noche y descubrir la propia luz que esconde la oscuridad. Queda una pregunta….para que compartan y si quieren comenten: ¿Qué hacen ustedes cuando sienten miedo?
Escuchá acá: La niña que iluminó la noche
Te puede interesar: Cuentos que cuentan vol i, vol ii y vol iii

Virginia Pescarmona
Docente, Corriente 9 de abril/Lista Bordó, Mendoza