Poco después de que Ban Ki Moon –el anfitrión del festín climático de la ONU- declarara que la cumbre había sido todo un éxito, la viuda de Mandela, GraçaMachel, la consideró un fracaso rotundo. Detrás de los discursos grandilocuentes, no hubo grandes compromisos de las potencias mundiales.
Jueves 25 de septiembre de 2014
Fotografía: EFE
Como anticipamos en La Izquierda Diario, la cumbre de la ONU ya se había vendido a los mayores contaminantes del planeta. A pesar de que muchos de los líderes mundiales hicieron referencia a los más de 300 mil manifestantes de la marcha del domingo,los países centrales no se comprometieron a poner un límite a la emisión de gases responsables por el efecto invernadero, ni a cooperar significativamente con el Fondo Verde Climático. No lo hicieron ni China, el país que más gases emite a nivel global, ni EEUU, que ocupa el segundo puesto. La instancia de las firmas y los compromisos se pateó de nuevo, esta vez para fines de 2015, fecha en que se realizará una nueva cumbre climática en París.
Aspiraciones grandes, logros modestos
Quizás el logro más importante de la cumbre fue el compromiso de 30 países, incluido Estados Unidos y un conjunto de compañías multinacionales, de reducir a la mitad las deforestaciones para 2020 y de detener la pérdida de bosques para 2030. El problema es que Brasil quedó afuera del acuerdo.
Los árboles transforman el CO2 mientras viven, y lo liberan al morir. La quema de bosques desde la Amazonía hasta el Congo, principalmente para liberar terreno para los cultivos, compone una quinta parte de las emisiones de gases del efecto invernadero.
Todos los expertos coinciden en que los países pobres, aunque han contribuido muy poco al calentamiento global, son los más perjudicados. El Fondo Verde Climático (Green ClimateFund) fue propuesto en 2010 para ayudar a los países pobres a lidiar con el cambio climático: acelerar la transición hacia tecnologías menos contaminantes, disminuir la dependencia de combustibles fósiles y al mismo tiempo proteger a su población de las consecuencias del cambio climático.
El Fondo Verde viene a ser una especie de limosna con la que los países centrales lavarían sus culpas ante la opinión pública. Ellos seguirán contaminando, y los países pobres seguirán sufriendo las mayores consecuencias, pero ahora les conceden el cambio chico de sus ganancias millonarias.
Las bases económicas de la crisis ambiental
Hay que ser claros en una cosa: todos los países y las industrias responsables del calentamiento global son conscientes de ello. Nadie ignora las causas de la contaminación ambiental y tampoco sus consecuencias. Entonces ¿por qué no se actúa? Ya hemos alcanzado el avance tecnológico suficiente para abandonar los combustibles fósiles y movernos hacia energías renovables. Sin embargo, la transición no sucede. Las razones de esta negligencia, por supuesto, son materiales (económicas). Las industrias contaminantes siguen siendo más redituables que la economía sustentable. Por eso China aumentó un 4,2 % las emisiones de gas solamente en el último año.
Un informe reciente propone que la implementación de fuertes impuestos a las emisiones de carbono puede ser un buen negocio para empresarios y un estímulo para el crecimiento de las economías nacionales. Esto es así siempre y cuando se apliquen fuertes deducciones sobre el impuesto a las ganancias. Es decir que se combinaría una política de impuestoscorrectivos y subsidios, en forma de deducciones impositivas, para beneficiar la transición hacia tecnologías más limpias.
Capitalismo y Medioambiente
La lógica intervencionista que subyace a estas propuestas es que los Estados den un paso al frente para resolver lo que la economía tradicional considera fallos del mercado, que son en realidad parte constitutiva de la economía capitalista. Si estos mecanismos funcionaran no tendríamos que hablar de medioambiente en las páginas de este diario.
Desde Michel Lövy a Naomi Klein, pasando por David Harvey, son numerosos los intelectuales que afirman que no es posible una solución a la crisis ambiental dentro de los marcos del capitalismo. Aunque sus propuestas políticas difieren, todos coinciden en que un sistema cuyo principal motor es la obtención de ganancias y no el bienestar común no puede ser sino destructivo para el planeta. El capitalismo sólo sabe hacer una cosa con los recursos naturales y el medioambiente: transformarlos en mercancía y ponerlos a la venta.