Trece años después de la Masacre de Avellaneda, donde fueron asesinados Darío Santillán y Maximiliano Kosteki, el diario Clarín lo hizo de nuevo.
Carina López Monja Cronista Radio Ciudad / Pueblo en Marcha
Martes 13 de octubre de 2015 00:00
Así como al día siguiente del 26 de junio titularon “La crisis causó dos nuevas muertes”, desdibujando el rol del gobierno de Eduardo Duhalde y de las fuerzas policiales en los asesinatos y la represión que dejo 33 heridos con balas de plomo, el pasado 7 de octubre insistieron en seguir titulando en contra de los sectores populares que reclaman por sus derechos. “Patoteros escrachan a Felipe Solá”, pusieron en tapa, para informar sobre lo acontecido en la Facultad de Ciencias Económicas, cuando Leonardo Santillán, hermano de Darío, acompañado por integrantes del Frente Popular Darío Santillán y de otras organizaciones, se hicieron presentes para decirle al candidato a gobernador del massismo que debe responder ante la Justicia por los dos asesinatos, que fueron parte de un plan criminal orquestado por el poder Ejecutivo por presión de las grandes corporaciones y organismos internacionales.
Un plan que incluyo a la Bonaerense, la Federal, Prefectura, Gendarmería y la Side, donde además hubo 33 heridos y más de cien detenidos. Solá estaba en ese entonces en el lugar que ahora busca volver a ocupar. Ese día elogió el proceder del comisario Fanchiotti, hoy preso por los asesinatos. El “gran diario argentino” volvió a incurrir en la tergiversación. En vez de reflejar la noticia dando voz a los dos partes, sólo escucho a los allegados a Solá. Y acusó de violentos y patoteros a los militantes que reclaman justicia.
Lo mismo hicieron otros canales de televisión, como TN, que mostró las imágenes e inmediatamente después hizo un reportaje a Solá. Lo curioso, es que si se ven las imágenes, no cabe ni una duda de dónde provino la violencia, se puede observar claramente cómo los que golpean y luego arrojan sillas y mesas son los allegados a Solá, los verdaderos patoteros. El mismo tratamiento hicieron otros medios.
También hubo quienes buscaron ligar a los manifestantes con el kirchnerismo, desconociendo que la misma organización viene denunciando a Aníbal Fernández, por su rol como Secretario General de la Presidencia de Duhalde, desde el cual justificó los asesinatos ante los medios basándose en la información de la SIDE que indicaba que los piqueteros tenían planteado un “cronograma de hostilidades” que incluía la “lucha armada”. No se preocuparon por saber que todos los 26 de todos los meses del año, y todos los aniversarios, son cientos y miles los que se movilizan para reclamar justicia. Y que en los últimos años todos los responsables políticos fueron escrachados, con canciones, gritos y bombos, nunca con golpes o violencia física.
Al día siguiente, sin embargo, fueron muchos los medios que se acercaron a la calle Santiago del Estero 866 a escuchar las palabras de los familiares y compañeros de Darío Santillán. Hay que destacar la fundamental y valiente labor de cronistas, movileros, productores, redactores, redactoras y editores que se rebelan contra la línea impuesta por los dueños de los medios y sus alcahuetes, buscando reflejar y darle voz a los que luchan por trabajo, dignidad y cambio social.
Así como se pudo romper con el intento duhaldista de liquidar a los movimientos de trabajadores desocupados que no se sometían al hambre y a la represión, una vez más la alianza entre organizaciones populares, medios comunitarios y trabajadores de prensa honestos logró visibilizar las razones de una lucha que no se va a detener y que tiene como objetivo que los responsables políticos de los asesinatos sean juzgados. Y que nunca más se reprima a la protesta social. Para eso, en los medios de comunicación se juega una partida importante.
Las empresas periodísticas en las que trabajamos tienen su línea editorial. Y nosotros y nosotras, periodistas que trabajamos en estos medios tenemos una responsabilidad.
Además de organizarnos por mejores condiciones laborales, peleamos por el derecho real a la pluralidad de voces, a la democratización de la información. Y para eso, decimos que no será con nuestra palabra, ni con nuestra pluma que se tergiverse la historia.
En el mundo del revés, las empresas tildan de violentas a las víctimas. Y piden solidaridad con los victimarios, en este caso con Felipe Sola por ser señalado como quien manejaba la policía bonaerense que participó de la represión y asesinó a Darío y Maxi.
En 2001 se podía ver, en algunas paredes del centro porteño una pintada que decía “Nos mean y los medios dicen que llueve”.
Por suerte, o mejor decir por compromiso y honestidad de muchos trabajadores y trabajadoras de prensa, en el 2002 y en este 2015, hubo periodistas que desentrañaron lo que realmente sucedió.
Como laburantes, como trabajadores y trabajadoras, tenemos el derecho a discutir la tarea que llevamos adelante. A cuestionar la palabra incidentes y hablar de represión cuando de represión se trata, de desechar el “asesinato pasional” para hablar con claridad de la violencia machista y del femicidio. A decir, con todas las letras que a veces no llueve. A veces, nos mean.
Artículo publicado originalmente en blog de La Interradial.