Hoy leí la editorial del periodista Richard Sandoval en el sitio nosnalaferia, titulada “2016: el año en que la violencia mató a Chile” y no pude dejar de sentir que expresaba de forma certera esa mezcla de sensaciones de profunda rabia, tristeza, impotencia e indignación frente a las cotidianas injusticias y desigualdades del Chile actual.
Sábado 24 de diciembre de 2016
Rabia, al leer los titulares de los medios de comunicación donde sin desparpajo la presidenta de la UDI Jaqueline Van Rysselberghe dice que su partido no cree en la igualdad.
O escuchar a la representante del Ministerio Público diciendo que el disparo de carabinero de fuerzas especiales Cristian Rivera contra el joven mapuche Brandon Hernández Huentecol fue producto de que Brandon forcejeó con el policía, mientras el general jefe de la Novena Zona Policial de Carabineros, Christian Franzani pedía “respeto hacia la institución y hacia este funcionario que se encuentra afectado, junto a sus superiores", asegurando que todo había sido un accidente.
Indignación, al saber que hoy en la ciudad de Temuco grupos de apoyo a la machi Francisca Linconao se tomaban las oficinas del Servicio Nacional de La Mujer y Equidad de Género (Sernameg) de Temuco denunciando la vergonzosa persecución contra la machi a quien nuevamente y en una resolución insólita, le fue revocada a la presión domiciliaria debiendo regresar a la cárcel de Temuco. La machi de 60 años anunció que iniciará una huelga de hambre a pesar de su precario estado de salud.
Profunda tristeza, al conocer la noticia de que hace pocos días atrás un niño de 13 años fue ajusticiado por vecinos en una población de Temuco acusado injustamente por la violación de una niña de cinco. Fue asesinado a golpes por vecinos que hacían “justicia por mano propia”. Un niño que había tenido la desgracia del maldito azar de nacer en un hogar pobre y desestructurado, y de estar a cargo del siniestro Servicio Nacional de Menores. El Sename, reducto de la Democracia Cristiana, opositora acérrima del aborto y supuesta “defensora de la vida” que ha sido cómplice de cientos de muertes de niños y niñas, indiferente, deshumanizada, sin mostrar hasta el día de hoy el más mínimo y genuino interés por cambiar la situación. Rabia contra estos y estas hipócritas “defensores de la vida” que impunemente son cómplices con su indolencia de estas muertes.
Son tantas injusticias cotidianas, es tanta la indignación por el caradurismo y desparpajo de los empresarios, coludidos hasta en los pañales para guaguas, a quienes no les importa realmente nada, estrujando a las familias chilenas con sueldos miserables y además cobrando lo que se les antoja por productos esenciales. Rabia contra los pacos Chile que muestran su prepotencia contra el pueblo mapuche, a quien persiguen, reprimen, torturan y encarcelan, pero que jamás ponen una mano encima contra quienes roban millones al bolsillo del pueblo trabajador y pobre. El odio contra la clase política que se ha hecho un festín con el modelo neoliberal y sigue tratando de defenderlo aunque se caiga a pedazos por el hartazgo de la población.
Impotencia, porque me pregunto ¿hasta cuándo? No quiero esperar un “cambio paulatino del modelo”, “desde adentro” porque “no se puede todo altiro”, porque debe ser gradual porque la sociedad no “está preparada para un cambio”. Debemos, tenemos que cambiarlo todo¡ No puedo dejar de recordar que por estas fechas el 2001 el pueblo argentino salía a las calles cabreado de la pobreza, injusticia y robo al grito de ¡Que se vayan todos! ¡Que no quede ni uno solo!
Ingrid Letelier, trabajadora de supermercado Unimarc.