Los dos candidatos a suceder a Michelle Bachelet debatieron por primera vez este jueves 7 de cara al balotaje, que tendrá lugar el 17 de diciembre.
Sábado 9 de diciembre de 2017

El debate organizado por la Asociación de Radiodifusoras de Chile enfrentó a los candidatos Sebastián Piñera, por la coalición de derecha Chile Vamos, y a Alejandro Guillier, por la coalición oficialista Nueva Mayoría.
Si bien Piñera resultó ganador en la primera vuelta con el 36,64% de los votos frente al 22,7% de Guillier, los resultados dejaron al candidato oficiailsta en carrera, esperando cosechar los votos de Beatriz Sánchez, la candidata por el Frente Amplio que obtuvo el 20,7% de los votos y fue la gran sorpresa de la elección.
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El candidato de la derecha ratificó su perspectiva de endurecimiento de la política represiva contra el pueblo mapuche con mayor actividad de Inteligencia. Con una visión estigmatizadora y discriminatoria hacia los inmigrantes, abogó por modificaciones en las leyes migratorias contra “quienes quieran venir para cometer delitos y traer droga”.
Por su parte, Guillier no se despegó de la política de fortalecimiento de las instituciones de Inteligencia internacionales, lo que es particularmente nefasto en este momento frente a la escalada represiva contra la comunidad mapuche en los dos lados de la frontera de Chile y Argentina que ya tiene varios muertos.
Siguiendo su línea discriminatoria, Piñera se pronunció sobre la diversidad sexual. A propósito de las niñas y los niños trans, afirmó que "el género no puede ser como una camisa que uno se cambia todos los días". Para rematarla, lo consideró una enfermedad, diciendo que “se corrigen con la edad".
Por su parte, Guillier confirmó su decisión de mantener las AFP, el sistema privado de capitalización pensiones y jubilaciones, al afirmar que terminaría con este sistema “gradualmente”. El “gradualismo” fue la fórmula usada por Bachelet para evadir la promesa de gratuidad de la educación superior, que, tal como está siendo aprobada, se alcanzaría, si es que alguna vez llega ese día, dentro de 60 años. A esta política sin ambigüedades ya dieron su apoyo la mayoría de los referentes del Frente Amplio.
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Ratificando esta línea contraria a la gratuidad de los estudios superiores, el jefe programático de Guillier, Osvaldo Rosales, se refirió tras el debate a las deudas de los estudiantes universitarios con el sistema bancario y aclaró que no habrá condonación sino suspensión del pago hasta diez años después de recibirse y de acuerdo a su condición económica se cancelaría o no.
A esta decisión de mantener el negocio privado privisional y educativo, se suma su propuesta de “libertad de elegir” en la Salud, es decir, mantener el negocio de las Isapres, el sistema privado de salud.
Hubo también frases para la galera, como la insistente mención a “los ricos” por parte de Guillier. Sin embargo, frente a las críticas recibidas por parte de Piñera por haber dicho en una entrevista de “meterles la mano en los bolsillos”, el candidato oficialista se desdijo, afirmando que “fue una frase desafortunada”. Esa frase le había valido la crítica de exponentes de la derecha por “promover la lucha de clases”.
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El debate no tuvo ganadores. Piñera todavía no pudo salir del nicho de derecha al que está apuntando, diluyéndose su estrategia de primera vuelta de hablarle a “la clase media” o “el centro”. Guillier por su parte tampoco pudo lograr cuadrar el apoyo que busca entre los votantes de la Democracia Cristiana y el Frente Amplio. En términos electorales, sigue la incertidumbre.
Tanto la defensa de la moral conservadora y el rechazo a toda demanda popular por parte de Piñera, como la defensa de las AFP, los bancos y las Isapres por parte de Guillier, deben recubrirse, ambas, de un lenguaje más a izquierda. Las menciones a “los ricos” de Guillier y el disimulo de las intenciones de Piñera o incluso su promesa de “gratuidad” en la educación superior técnico-profesional son ejemplos de ello. Esto muestra que las demandas populares todavía conservan su vitalidad.