Entre devotos a ciegas y críticos acérrimos (y en algunos casos gorilas), Maradona y la devoción que se le tributa suscitan discusiones de todo tipo. ¿Es posible ser maradoniano crítico? Debate desarrollado en El Círculo Rojo, programa de La Izquierda Diario en Radio Con Vos (domingos de 22 a 24 hs por FM 89.9)

Augusto Dorado @AugustoDorado
Martes 17 de septiembre de 2019 00:00
Este último domingo fue el debut oficial de Maradona en Gimnasia, su vuelta a las canchas argentinas después de 24 años. El equipo está último y casi descendido, perdió con Racing 1-2, pero en La Plata y en todo el país se vive como otro capítulo de una novela histórica.
La vuelta de Maradona también reflotó debates entre devotos incondicionales y críticos acérrimos, aunque también hay casos de devoción más crítica. Yendo a lo más extremo, por un lado quienes consideran cualquier crítica al “D10s” como una blasfemia al sentir del pueblo, por otro lado, quienes exacerban unilateralmente sus defectos o actitudes repudiables, los absolutizan, y entonces impugnan la posibilidad de tributarle algún afecto a Diego.
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¿De qué hablamos en concreto? Sin tomar algunas expresiones gorilas –que también las hay- por su origen social, un clasismo reaccionario que asocia sus defectos y hasta sus adicciones a ese origen, hay críticas a Maradona por su machismo, por momentos misoginia (maltratos diversos a su universo de mujeres, parejas y ex parejas, hijas, etc., excepto su vieja, la Tota), por ser abandónico en relación a algunos de sus hijos e hijas, por cierta contradicción e incorrección política (recordemos su amistad con el nefasto Domingo Cavallo), etc. Ahí ya estamos hablando de posicionamientos y actitudes criticables, que uno no comparte, que en estos tiempos de cambios sociales tan profundos como el desatado por la "marea verde", resaltan más. Pero aún en estas cuestiones, Maradona es humano: en una muy buena nota de Bárbara Pistoia en la revista Polvo que debate con sectores del movimiento feminista que denostan el culto a Maradona, ella rescata palabras de una de esas mujeres del universo Maradona, de su hija Jana, que expresa que su padre tuvo muchos errores pero que trató de remendarlos, “Todos nos equivocamos y aprendemos en esta vida”, dice. Recomendamos esa nota.
Yo se que hay muchas actitudes reprochables hacia mi padre y que tuvo errores, incluso conmigo, pero estos últimos años estuvo remendandolos. Todos nos equivocamos y aprendemos en esta vida. Solo eso 💖
— JANITA ♡💚 (@JanitaMaradona) September 8, 2019
Ahora: ¿Cómo llegó a ser Maradona un personaje tan importante en nuestras vidas, en nuestra época? Es algo que viene de antes del Mundial del ´86 porque recordemos las fotos de Queen con un Diego ya ídolo, o una figura musical de principios de los ´80 como Eddy Grant que se enloqueció por subir a Maradona al escenario del Luna Park (hay una nota en La Izquierda Diario con video de ese momento inédito). Yo creo que la vida de Maradona tiene algo de novela, algo de poesía, y él como personaje de esa novela algo de héroe, pero con cruda humanidad. En esa historia se erigió como una especie de vengador simbólico: un día Gatti, el arquero ídolo del poderoso Boca, le hace bullying y declara antes de un partido con Argentinos Jrs “ese Maradona es un gordito”. Y Diego va y le clava 4 goles. Es David contra Goliat, aunque a veces sea un David también medio fanfarrón.
Se consagra en el partido más cargado de simbolismos de la historia: ante la Inglaterra villana que derrotó a los pibes en Malvinas. Diego les da algo de trampa, algo de pirateada a los “piratas”, miente como en el truco y lo bautiza “la mano de Dios”. Pero después lo repara y sella todo con el mejor gol de todos los tiempos, el del “barrilete cósmico”. Es metáfora pura, sin cargar de contenidos chauvinistas, era el débil contra el fuerte, como pasó antes en Nápoles contra los poderosos del fútbol del norte italiano.
Muchas veces amigo del poder (jeques árabes, Menem) también desafió a algunos poderosos, como la FIFA. Arbitrario, contradictorio, pero héroe a veces en desgracia y vengador simbólico por momentos. Por eso luego cuando lo vimos caer, muchos caímos junto a él, y cuando se levanta, muchos nos levantamos con él. Porque capaz no siempre podemos hacerlo nosotros en nuestras vidas. Pero Diego, el pibe de Fiorito que soñaba con ganar un Mundial, lo hace en nuestro nombre.