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Red Internacional
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Elecciones 2017. Delfina dice no a las calles: esperará el conteo final

La pregunta central es la que tanto las bases de Morena como los mandos políticos del país se hacen: ¿se va a defender en forma consecuente la voluntad de los votantes del Estado de México o no?

Raúl Dosta

Raúl Dosta @raul_dosta

Lunes 5 de junio de 2017

La candidata Delfina Gómez se presentó en el programa de Loret de Mora para dejar en claro su postura respecto a los resultados que el Instituto Electoral del Estado de México está presentando, que dan como ganador al candidato del PRI.

La pregunta central es la que tanto las bases de Morena como los mandos políticos del país se hacen: ¿se va a defender la voluntad de los votantes del Estado de Méxicoen forma consecuente o no? Obviamente Loret la planteó haciendo una evocación de la lucha contra el fraude del 2006, en el que el Instituto Federal Electoral le escatimó la victoria a Andrés Manuel López Obrador en favor del panista Felipe Calderón.

Y la respuesta automática de Delfina fue “soy institucional”. Asegurando así a quienes temen ver la protesta popular en las calles que, como en otras ocasiones López Obrador ha prometido y cumplido, las movilizaciones ya no son parte de su forma de lucha política.

“Soy institucional. No va a haber toma de calles, no va a haber acciones que afecten a la ciudadanía, no estamos en esa intención”. Era la respuesta que se quería oír y remarcar ante millones de televidentes. Previamente AMLO había cuestionado la declaración del IEEM que anticipaba al candidato priista como ganador y garantizaba también: “no va a haber confrontaciones”.

Una batalla incierta

La estrategia institucional de Morena será mantenerse en los cauces que la maquinaria priista ha establecido. Por ahora habrá que esperar hasta el miércoles para enterarse de lo que todos ya sabemos: la ratificación oficial de la victoria priista. Y a partir de ahí comenzar con la petición del recuento de los votos. Pero no de todas las actas y todas las casillas, sino de un pequeño sector de ellas: las boletas anuladas.

Así se partiría de una causal de revisión de la ley electoral, que considera que no es aceptable que el margen de votos entre los dos contendientes sea inferior al número de votos nulos. Pero en todos aquellos distritos donde la diferencia sea mayor a los votos nulos, no se tocarán las boletas y la posibilidad del fraude seguirá latente. La institucionalidad en manos del IEEM ya tiene calculada esta contingencia y Morena peleará sólo hasta donde la institucionalidad se lo permita.

Ante esta lucha infructuosa la gente que acudió a las urnas con la esperanza de un cambio bajo un gobierno de Morena debe reflexionar si no es un marco de lucha muy reducido el que propone este partido para defender y hacer efectiva la voluntad de la mayoría de los ciudadanos que acudieron a las urnas a votar. Quienes dieron su voto a Morena enfrentaron la campaña de miedo, los robos de urnas, las agresiones físicas a militantes amloistas, con tal de echar al PRI del Estado de México.

Un PRI decadente que pierde votos al por mayor. La mejor prueba de ello es el Edomex, donde se terminó peleando por un reducido margen del 3% aproximadamente. Mientras tanto, en la elección pasada Eruviel Ávila consiguió el 60% de los votos. La elite política no confía en otro partido y prefiere hundirlo en el descrédito y realizar todo tipo de artimañas para que por lo menos en esta ocasión continúe en el poder.

El Estado de México como laboratorio de cara a las presidenciales del 2018 nos está mostrando las turbias tendencias que se pueden desarrollar en la próxima elección a nivel nacional.

Nada bueno para las mayorías con un PRI que intentará mantenerse con lo peor de sí mismo. El partido que se ha mantenido a toda costa por más de 80 años no entregará el poder respetando la voluntad popular en las urnas.

Esta película ya la vimos en las tres décadas de existencia del PRD, y hemos visto el final de éste como partido comparsa del régimen. ¿Pretenderá Morena hacer el mismo recorrido?

Con una “alternativa política” que no esté dispuesta a pelear por la voluntad popular en las calles y rompa con los marcos de la institucionalidad de esta democracia para ricos no será posible echar al PRI.

Para una tarea de esta magnitud, los trabajadores y el pueblo pobre del campo y la ciudad necesitan construir una herramienta política propia con plena independencia de los empresarios y de la “casta política”.