Una de las fundadoras de Abuelas de Plaza de Mayo brindó testimonio en el juicio por los crímenes cometidos en las Brigadas de Quilmes, Banfield y Lanús. La desaparición de su único hijo y su nuera. Los inicios de Madres y Abuelas. La búsqueda de Martín y la pérdida de Virginia. Una incansable luchadora.

Valeria Jasper @ValeriaMachluk
Martes 25 de mayo de 2021 14:04
Delia junto a su nieto Martín
“Virginia está conmigo y está a mi lado. Fue una víctima más de este genocidio”, fueron las palabras con las que dio inicio su testimonio. La foto de su nieta, quien se quitó la vida en 2011, la acompañó durante las más de cinco horas que duró la audiencia virtual.
Jorge Ogando tenía 29 años y trabajaba en el Banco Provincia. Su compañera, Stella Maris Montesano, tenía 27 y hacía pocos años se había recibido de abogada. Junto a su pequeña hija Virginia, de tres años, vivían en la ciudad de La Plata, cuando el 16 de octubre de 1976 irrumpió en su casa una patota del Ejército y se llevó a la pareja. Virginia quedó durmiendo en la cuna.
Delia, directora de una escuela en San Martín, que llevaba “una vida común y tranquila” (como se definió), se enteró al día siguiente luego de recibir una llamada de la hermana melliza de su nuera. Al viajar a La Plata intentaron buscar información sobre lo que había sucedido con los chicos. Sin lograr alguna respuesta, volvieron con Virginia a San Martín.
“Pensé que por el estado avanzado de embarazo de Stella (ocho meses de gestación) la iban a devolver, no pensé que era para siempre y que nunca más”, reflexionó con sus 95 años de vida y de lucha.
Madre y abuela, el inicio de una lucha
Para el mes de noviembre de 1976, ya finalizadas las clases, se acercó a Delia una señora de Villa Ballester, Adela Atencio, a quien también le habían secuestrado su hijo. La invitó a concurrir a Plaza de Mayo; había escuchado que allí se juntaban otras madres que también buscaban a sus hijos e hijas.
La primera vez que fue, se encontró con otras tres madres; una de ellas era Azucena Villaflor. “Ese fue el primero de todos los jueves que se sucedieron”.
Con el pasar de los días y los meses, el grupo de mujeres fue creciendo. “No nos conocíamos, pero teníamos algo muy fuerte en común: los hijos y las hijas que nos habían llevado”, agregó Delia mientras relató el comienzo de lo que luego fue un símbolo de la lucha por la verdad y la justica.
En uno de los tantos encuentros, se acercaron los guardias de la Casa de Gobierno, indicándoles que no podían juntarse ni quedarse paradas. “Instintivamente nos tomaos del brazo y, en silencio, empezamos a girar alrededor del mástil de la plaza”. Fue el inicio de las históricas rondas.
En esos encuentros fueron compartiendo sus experiencias de vida y todas las acciones que habían realizado buscando a sus hijos. “No había un libro sobre cómo buscar a un hijo, inventamos formas de buscar un hijo”.
A medida que se iban realizando las rondas el número iba creciendo. A las preguntas sobre dónde están los desaparecidos se sumaron las preguntas sobre esos bebés que estaban por nacer. “En una de las rondas, a medida que íbamos caminando, alguien iba repitiendo que si había alguna madre o suegra de embazada salga de la ronda”. En 1977, con doce integrantes se funda la institución bajo el nombre de “Abuelas argentinas con nietos nacidos en cautiverio”, el puntapié de una larga historia de búsqueda, lucha y perseverancia.
Delia relató que la búsqueda de nietos seguía el mismo camino que hicieron con los hijos. “Íbamos a Casa Cuna, a guarderías de bebés, a hospitales que tuvieran maternidades para averiguar quiénes habían parido en esos meses. Nunca tuvimos noticias de nada”.
Y no las iban a tener. Tuvieron la oportunidad de entrevistarse con Robert Cox, director del diario Buenos Aires Herald, único diario que hablaba sobre lo que ocurría en el país y sobre las madres. Él les dijo que “le constaba que la suerte de las embarazadas estaba sellada desde el momento en que se las llevaron”. Por él supieron que, en el Ejército, la Marina y Aeronáutica, había listas de matrimonios sin hijos, que esperaban esos nacimientos. “Fue cuando tuvimos conciencia de que no los iban a entregar, que los iban a apropiar”.
La búsqueda de Martín
Delia declaró que supo del nacimiento de Martín en 1978. Había llegado al país la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En la cola que se hacían en Plaza de Mayo para denunciar ante la Comisión la desaparición de familiares, Delia se encontró con Herminia López Osornio, quien le contó que una sobreviviente del Pozo de Banfield estuvo en cautiverio junto a Stella al momento del nacimiento de su hijo. Era Alicia Carminatti, secuestrada junto a su padre en 1976 en La Plata, con quien pudo encontrarse años después.
Así supo que Martín nació el 5 de diciembre de 1976. Stella parió sobre una puerta de metal en la cocina, atada y encapuchada. Solo pudo conservar del bebé el cordón umbilical, que se lo hizo llegar a Jorge a través de las celdas, con el mensaje de que “hiciera cuenta que había nacido Virginia, porque el bebé era igual”. Cuando la separan de su hijo, Stella gritó y clamó por él hasta que se acercó una guardia y le dijo que ese lugar no era apropiado para un recién nacido, que tenía que estar con su familia. "Ese bebé volvió con su familia cuando tuvo 39 años”
Remarcó que la búsqueda de su nieto siempre fue junto a Virginia. A sus 18 años comenzó la búsqueda de su hermano. Fue incesante, hizo todo lo que estuvo a su alcance, llegando a participar en el programa “Gente que busca gente”. Clamó por él hasta el último día de su vida.
Desde el Banco Provincia, lugar donde trabajaba Jorge Ogando al momento de su secuestro, tomó a su cargo la búsqueda de Martín. Se cambió la carátula del legajo de Jorge, el cual figura como “cesante por abandono de cargo” al de “desaparición forzosa”. Hicieron una gran campaña de visibilización en todas las sucursales de la provincia de Buenos Aires. Es el primer organismo oficial que se pliega a Abuelas en la búsqueda de los nietos.
“Yo creo que Martín también hizo su búsqueda”, reflexionó Delia mientras fue contando el tan esperado encuentro. Supo desde pequeño que era adoptado y fue el propio padre de crianza quien le sugiere que se acerque a Abuelas.
El 5 de noviembre de 2015, yendo a un acto, recibe una llamada de la oficina de Abuelas: habían encontrado a Martín. La llamada telefónica se invadió de preguntas. Fueron 39 años de una larga espera.
“¿Me vas a llamar de nuevo?, Y sí, si sos mi abuela”, así fue cómo nos conocimos”, expresó Delia en medio de una profunda emoción. Martín fue el nieto número 118 restituido a su familia.
"Jorge y Stella siguen desaparecidos, sin un lugar donde la familia pueda llevarles una flor, por eso continuamos pidiendo Memoria, Verdad y Justicia, juicio y castigo a los culpables porque no se han arrepentido en ningún momento. Con la cárcel que se merecen por todos los crímenes de lesa humanidad que cometieron. La búsqueda de mi nieto costó la vida de mi nieta", agregó Delia al final de su testimonio.