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Red Internacional
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Jornada laboral. Demagogia o realidad en el debate de la reducción de la jornada laboral

El otrora ministro de economía del gobierno de Sebastián Piñera, José Ramón Valente, en entrevista con Radio Duna, declaró a propósito de la discusión de la reducción de la jornada laboral que hoy se ha instalado en el debate publico que “No es la forma pretender aumentar la productividad por la vía de entregarles las medallas a la gente, porque lo que tu tienes que hacer es entrenarlas para hacerlas correr más rápido”. En esta nota trataremos de discutir con estas declaraciones.

Gregorio Flores

Gregorio Flores Trabajador de fábrica, Antofagasta - dirigente nacional del PTR

Viernes 23 de agosto de 2019

Demagogia o realidad

Si bien es cierto que el reparto de las horas de trabajo afecta las ganancias de los empresarios, este argumento en sí mismo no es una demostración de la imposibilidad de esta medida, es más, esta solo evidencia el conflicto de aspiraciones de bienestar de los empresarios y el de los trabajadores.

Vayamos a la realidad. Si el debate de la reducción de la jornada laboral ha puesto en el centro la relación capital-trabajo, y el antagonismo entre las aspiraciones de bienestar de los empresarios y de los trabajadores (lucha de clases), las aspiraciones de bienestar de los primeros están en total contradicción de las aspiraciones sociales de la mayoría de la población. Si para maximizar los beneficios debe haber una tasa de desempleo de un 7,1%, 860 mil trabajadores bajo el sub-empleo, 1 millón de trabajadores sin contrato de trabajo escrito y un 74,3% de los trabajadores con un salario menor a $500 mil líquidos al mes, habría que preguntarse si algo esta mal en la organización social que exige un cambio de raíz.

En este sentido cabe destacar que en Chile el 1% más rico concentra el 26,5% de la riqueza, mientras que el 50% más pobre solo concentra el 2,1% de la riqueza neta del país. No sorprende entonces que los empresarios y el actual gobierno rajen vestiduras con el debate de la reducción de la jornada laboral. ¿El motivo? Mantener sus ganancias y fortunas, como las de los Luksic, Paulmann, Ponce Lerou, Saieh, Matte, Angelini o Piñera, es decir, las fortunas de las 10 familias más acaudaladas de chile, ¡Esta es la verdadera locura José Ramón Valente!.

Volvamos a la demagogia: Tanto Valente como el Gobierno y los empresarios han puesto al centro del debate la flexibilidad y de gradualidad como chantaje para reducir la jornada laboral. El motivo (según su relato), las relaciones laborales en Chile son demasiado rígidas, en consecuencia, hay que aumentar la flexibilización; la realidad, el mundo del trabajo en Chile es profundamente flexible.

La flexibilización en Chile: algo que los empresarios no quieren discutir

Ya dijimos que en Chile existen 860 mil trabajadores bajo el sub-empleo, 1 millón de trabajadores sin contrato de trabajo escrito (¡esto es flexibilización!), existen jornadas excepcionales, jornadas especiales en el caso de choferes y tripulantes de vuelo, el articulo 22, el sub-contrato (que impone trabajadores de primera y segunda categoría), part time, contratos a plazo fijo o de faena, contratos eventuales en los puertos, multi-funcionalidad en los contratos de trabajo (el caso más bullado en el ultimo tiempo es el caso de los trabajadores y trabajadoras de Walmart), hasta el mismo multi-rut es una forma de flexibilización. En conclusión, pura demagogia empresarial.

Sobran motivos para exigir el reparto de las horas de trabajo

Este desbalance en las condiciones de trabajo, nos permite decir que sobran los motivos para exigir el reparto de las horas de trabajo y una jornada de 6 horas para todos, sin rebaja salarial, con un salario acorde a la canasta familiar. Si hay 860 mil trabajadores que están dentro del sub-empleo, es decir, que trabajan menos de lo que quisieran, y 1 millón no tiene contrato de trabajo escrito (trabajo en negro) y el desempleo es una enfermedad crónica en la economía, si repartimos las horas de trabajo entre todas las manos disponibles para bajar la jornada a 30 horas a la semana alcanzaría para los sub-empleados (que quieren trabajar más) y para los desempleados (que buscan trabajo). Esto claramente reduciría las ganancias de los empresarios, y de eso se trata, de afectar las ganancias de un puñado de parásitos que concentran en sus manos las grandes riquezas producto del trabajo de muchos.

Pero además sobran los motivos para rechazar cualquier tipo de chantaje del gobierno, ante todo, el debate es: o aceptamos que se deterioren aún más las condiciones de millones trabajadores en Chile o no aceptamos ningún chantaje que implique mayor precarización y flexibilización.